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Sitges 2016: Días 7, 8 y 9 de Octubre

El pasado viernes 7 arrancó la 49ª edición del festival de cine fantástico y de terror de Sitges. El pueblo (un lugar tranquilo y entrañable al que siempre da gusto regresar) se preparaba para una horda de trekkies, zombies, frikis y demás fauna salvaje. Era el primer año que cubríamos el festival como prensa y por ello nos hacía especial ilusión. Tras dejar los bultos en el hotel y recoger la acreditación, era hora de ponerse manos a la obra. Como buen aperitivo tuvimos tres films coreanos y uno francés.

THE TIGER (Park Hoon-jung, 2016)

1925, Corea está ocupada por los japoneses. Chon Man-deok, considerado en otro tiempo el mejor cazador de tigres de Corea, vive en la montaña de Jirisan con su hija. Mientras, un militar japonés moviliza a un grupo de soldados para cazar al último gran tigre de la zona, devolviendo a su vez a Chon Man-deok a la acción. The Tiger se adentra en la épica y enfrenta a la rutilante estrella coreana Choi Min-sik con un impresionante felino.

El cine de Corea Del Sur lleva ya décadas tocando toda clase de géneros (terror, drama, kaiju, thriller, aventuras, acción, comedia, etc…) y habitualmente, aprovando con nota. Es el caso de “The tiger”, un film que narra la peculiar relación respeto/odio entre un cazador de la vieja escuela y un enorme tigre que gobierna el bosque desde la cumbre. Un film que no sólo aborda el survival más puro sino que también supone una crítica a la dominación y a las prácticas antiecológicas que el insaciable imperio nipón perpetró en tierras coreanas. Esta cuidada producción posee unas localizaciones y una fotografía excelentes, unos FX de altura (que nada tienen que envidiar a los de Hollywood) y una interpretación de Choi Min-Sik (“Oldboy”, “I saw the devil”), tan sentida como brillante.

A pesar de una excesiva duración (algo habitual en el cine coreano reciente y que pocas veces queda justificado), estamos ante un buen film de aventuras con una bonita historia que nos recuerda un poco (salvando las distancias) a la maravillosa cinta de Jean-Jacques Annaud “El oso”.




TRAIN TO BUSAN (Sang-ho Yeon, 2016)

Un desastroso virus se expande por Corea del Sur, provocando importantes altercados y violencia desatada. Los pasajeros de uno de los trenes KTX que viaja de Seúl a Busan tendrán que luchar por su supervivencia contra esos alocados y frenéticos infectados. Está claro que el género zombie no pasa por su mejor momento. Overbooking de productos insulsos y poca renovación. No sólo en lo que a películas se refiere sino también a las series (“The Walking Dead” a la cabeza de la mediocridad). Por suerte nuestros amigos coreanos han conseguido firmar un producto digno, fresco y altamente entretenido cuya primera mitad resulta fantástica sobre todo gracias a un ritmo endiablado. A medida que avanza el metraje nos encontramos con lugares comunes, subtramas no del todo bien desarrolladas y un guión que amolda las reglas por las que se rige la epidemia a conveniencia de los protagonistas, los cuales no destacan precisamente por su carisma o empatía, a excepción de Dong-seok Ma (visto en “Nameless Gangster” o “El bueno, el feo y el raro”), cuyo delirante personaje se erige como el auténtico azote de los zombies coreanos. Lástima que dure tan poco en pantalla.

Como anécdota comentar que existe una precuela en formato animado titulada “Seoul Station” (también proyectada en Sitges) que narra los hechos acontecidos justo antes del film de imagen real y aborda el origen del virus (a su manera). Una película irregular como ella sola y que posee una animación pobre, por no decir mediocre, que nada tiene que ver con el nivel de otras producciones asiáticas como por ejemplo la nipona “Your name”.

Train to Busan” se sitúa por encima de la media de las zombie-movies, pero queda lejos de la excelencia que algunos pretenden atribuir al film. La factura técnica, el montaje frenético, el maquillaje y los FX son notables, sin embargo el guión sabe a poco. Decente pero algo sobrevalorada.




THE AGE OF SHADOWS (Kim Jee-Woon, 2016)

La ocupación nipona de Corea parece ser uno de los temas estrella de la temporada. En este periodo se adentra también Kim Jee-woon, de la mano de un coreano que trabaja para los japoneses y que se infiltra en una banda de rebeldes. Sin embargo, las dudas no tardarán en nublar la determinación del protagonista y en poner en riesgo su cometido, desatando definitivamente esta cinta de espionaje y de acción a raudales.

Una de las muchas virtudes que poseen los cineastas coreanos es su habilidad a la hora de conjugar diferentes géneros y de paso renovarlos, insuflandoles siempre aire fresco. “The Age Of Shadows” (que aquí se titulará “El imperio de las sombras” y será distribuída por La Aventura Audiovisual) es una nueva demostración del talento y virtuosismo formal de Kim Jee-Woon. Durante sus 140 minutos asistimos a una historia impecable de espionaje clásico (sin renunciar al particular estilo del cineasta), traición y misterio, repleta de complejidad moral, giros inesperados y cuyo clímax final acompañado por El bolero de Ravel resulta antológico. Dentro de su elenco destacamos sobre todo a Song Kang-ho, un auténtico monstruo de la actuación y figura fetiche dentro de la obra del realizador nacido en Seúl.

De lo mejorcito visto a lo largo del festival. Mereció alzarse con más premios en el palmarés.




DANS LA FORÊT (INTO THE FOREST) (Gilles Marchand, 2016)

Tom y Benjamin viajan a Suecia para pasar las vacaciones con su padre, a quien hace tiempo que no ven. A Tom le inquieta reencontrarse con este hombre extraño y solitario. Este, por su parte, está convencido de que el niño tiene el don de ver cosas que resultan completamente imperceptibles para los demás. La convivencia de los tres personajes en un bosque inhóspito resultará tan inquietante como reveladora.

Para finiquitar el primer día de festival, nos dirigimos a El Retiro para ver el nuevo film de Gilles Marchand (guionista de “Harry, un amigo que os quiere” y “Recursos humanos”). Ya advertimos que “Dans la forêt” no es una cinta para espectadores impacientes o fanáticos del ketchup más explícito. El film prefiere apostar por la sutileza, la sugerencia, otorgar cierta libertad al espectador (con multitud de incógnitas a resolver). Nunca explícito, siempre reflexivo y misterioso. La opresiva atmósfera (ya no sólo del bosque, sino de una modificación deliberada del mismo y del uso metafórico que se hace del paisaje), cierto toque fantástico, el control exhaustivo del tempo (es todo tan extremadamente pausado que incluso puede llegar a irritar a aquel que la está viendo, generando una angustia subterránea que es precisamente lo que busca Marchand) y unas interpretaciones impecables basadas todas en la contención más absoluta, consiguen que “Dans la fôret” no pase desapercibida.

Recomendable para amantes del cine cocinado a fuego lento y abierto a mútiples interpretaciones.




Segundo día de festival. Tras un generoso desayuno en el hotel nos esperaba el nuevo y a priori estimulante film de Vigalondo (Retiro), un slasher finlandés (Retiro) y a la 1 de la madrugada y bajo una lluvia torrencial: la maratón Japan Madness (Prado) con tres propuestas de lo más delirante.

COLOSSAL (Nacho Vigalondo, 2017)

A Gloria le gusta salir… y beber. Un día, decide parar y regresa a su pueblo, donde recupera la amistad con Oscar, que regenta un bar. El cambio se queda en mera intención: Gloria pasa las noches en el local de Oscar y se pone ciega hasta que echan la persiana. Pero esto es una película de Vigalondo. Por eso, no nos debería extrañar que un día Gloria despierte con la noticia de que un monstruo aterroriza Seúl.

Tras las estupendas “Los cronocrímenes”, “Extraterrestre” y la poliédrica “Open windows” (cinta a reivindicar), Vigalondo ofrece una vez más un film suicida que, en esta ocasión, apuesta por un enfoque sumamente delirante del cine de monstruos. Podríamos definir a “Colossal” como una especie de crossover entre kaiju eiga y romcom, totalmente marciana y bizarra, que juega muy bien sus cartas y que es capaz de extrapolar un género espectáculo a la cotidianidad local de una pareja / grupo de amigos. A la vez se erige como una metáfora de la crisis de los 40, ese punto de no retorno en el que uno reflexiona acerca de todos los errores y decepciones pasadas. Y es que a veces para continuar tu camino es necesario dar un giro de 180 grados a tu vida. Empezar de cero … aunque ¿sin caer en los mismos vicios?.

Una película ante todo de personajes en donde los monstruos son el vehículo para contar una historia, no el fin. Habrá quien diga que es una basura insoportable y la enésima chorrada del cineasta cántabro, pero yo opino que el cine necesita más frikadas como “Colossal”.




LAKE BODOM (Taneli Mustonen, 2016)

Dos chicos y dos chicas van a pasar la noche en el lago Bodom, donde muchos años atrás se produjeron unos asesinatos que quedaron sin resolver. Pero, como sabe todo espectador del Festival, visitar el lugar de un crimen nunca es buena idea. Aunque la premisa de Bodom suene familiar, Taneli Mustonen da un refrescante giro a este slasher, inspirado en un suceso real que estremeció a Finlandia.

Una masacre en los años 60 motiva a cuatro adolescentes a ir a pasar unos días por la zona de los hechos. Mientras descubren que no hay cabaña, hace frío y el friki del grupo quiere hacer una reconstrucción de los hechos con ropa similar a la que llevaban las víctimas (sic), poco a poco empiezan a caer como moscas bajo el machete del matarife de turno. Recordemos que el asesino que perpetró la matanza hace 56 años sigue en libertad. “Lake Bodom” podría haber sido un producto muy mediocre, cercano al telefilm, pero sin embargo Mustonen ofrece un interesante slasher con buen suspense, giros, buen uso de la voz en off y notable factura. Composición de planos decente, actuaciones aceptables y sumamente entretenida, aunque el epílogo final sobra una barbaridad. En cuanto a la música elegida (de marcado tono ochentero), está bien pero no acaba de encajar en esta propuesta ya que los hechos narrados se producen en la actualidad y la masacre ocurrió en los 60…

Estamos ante un thriller finlandés irregular, con un desarrollo mejorable, que no inventa nada e incluso podría calificarse como un producto algo tramposo y poco radical para lo tremebundo del suceso real, pero a la postre resulta entretenido y por tanto se lo perdonamos. Eso sí, queda muy lejos de cintas clave dentro del género como “Viernes 13” o “Alta tensión”, dos de sus más claras referencias.




KARATE KILL (Kurando Mitsutake, 2016)

Kenji vive en Tokio, donde trabaja para mandar dinero a su hermana Mayumi, que se trasladó a Los Ángeles con la idea de convertirse en actriz. Tras varias semanas sin tener noticias de ella, Kenji viaja a Estados Unidos con la intención de encontrar a Mayumi, que ha sido capturada por una secta. Lo que los fanáticos no saben es que Kenji quiere mucho a su hermanita… y que es un maestro del kárate.

La maratón Japan Madness empezó por todo lo alto. Con el difícil objetivo de hacernos olvidar el tremendo chaparrón que cayó mientras estábamos en la cola, el jefe Kurando y una hiperactiva (y con con varios litros de sake encima) Asami, se dedicaron a animar al personal presentando “Karate kill”, film delirante, bruto como pocos, con planos imposibles y escenas totalmente surrealistas. Lo mejor sin duda es su espíritu festivo, su honestidad y su total falta de pretensiones. Kurando estuvo muy cercano con los fans y nos dio las gracias por, en una noche con ese tiempo, acercarse al Prado a disfrutar de su alocada propuesta.

Los cinéfagos sin prejuicios sabrán apreciarla y disfrutarla en su justa medida. Ideal para ver de madrugada entre amigos.




ASSASSINATION CLASSROOM – GRADUATION (Eiichirô Hasumi, 2016)

Comienza un nuevo curso, y el grupo 3E ya tiene deberes que acometer. Cada alumno debe enfrentarse a sus propios retos, la identidad del invencible profesor de color amarillento es desvelada, el destino de la humanidad corre peligro… En definitiva, la continuación, por todo lo alto, de uno de los blockbusters basados en un manga más aplastantes de la temporada pasada.

Una de las películas más mediocres, cansinas y aburridas vistas en el Festival fue sin duda “Assassination Classroom: The Graduation”. Secuela del live-action basada en el manga homónimo que narra las batallitas entre los alumnos de la escuela secundaria Kunugigaoka (a cual más cenutrio y ñoño) y un profesor extraterrestre que a esas horas de la madrugada cae especialmente mal. La primera mitad todavía tiene un pase, pero ya el segundo tramo la cosa se transforma en una sucesión infinita de FX (cuya integración no es mala pero que abruma al espectador del abuso tan grande que hay), diálogos de besugo y cero gracia. No he leído el manga ni visto el anime, pero desde luego se me han quitado las ganas.

Sólo para incondicionales del manga / anime, con pocas expectativas, nada de sueño (porque verla de madrugada tiene mucho mérito) y bolsillo amplio.




Tercer día de festival. Jornada muy oriental, con dos joyas absolutas y claras favoritas para alzarse con algún galardón (los nuevos films de Na Hong-jin y David Mackenzie), la notable cinta del siempre interesante Kiyoshi Kurosawa y la decepcionante (por no decir mediocre) obra de Keishi Ohtomo con ese ridículo asesino bajo la máscara de una rana. Día completo con cuatro thrillers.

MUSEUM (Keishi Ohtomo, 2016)

Un asesino en serie que luce una máscara en forma de rana tiene aterrorizada la ciudad de Tokio con sus crímenes, a la vez crueles y elaborados. El inspector Sawamura, encargado del caso, tratará de descifrar qué mueve al psicópata, sin sospechar que este le tiene preparada una desagradable sorpresa. En este macabro thriller, Keishi Otomo adapta el brillante manga de Ryousuke Tomoe.

Tras la maratón nocturna del sábado, dejamos la primera sesión del domingo para las tres de la tarde. La sinopsis apuntaba a que “Museum” podía ser una deliciosa frikada, ideal para tener una buena digestión, pero nada más lejos de la realidad. Nos encontramos un psycho-thriller supuestamente oscuro con una duración totalmente injustificada, que juega a ser una especie de exploit tardío de cintas como “Seven” y la primera “Saw” con un lamentable (y muy atormentado (sic)) asesino ataviado con una ridícula máscara de rana que ataca sólo en días de lluvia y con un policía intentando resolver el caso con el fin de proteger la vida de su familia. A pesar de su interesante arranque y una cuidada fotografía de tonos verdosos, la película naufraga a la media hora y los últimos 110 se convierten en un auténtico reto para los fans de Pikolin.

Después de la aceptable tilogía live action de “Kenshin, el guerrero samurái”, se esperaba más de Keishi Ohtomo. Muy floja.




THE WAILING (Na Hong-jin, 2016)

Un pueblo amanece bajo una lluvia torrencial y con un brutal crimen. Un inspector de policía debe investigar lo sucedido, mientras los rumores apuntan a un forastero de comportamiento extraño y del que se sospecha que tiene relación con la magia negra. El director Na Hong-jin abandona los espacios esencialmente urbanos de sus anteriores películas y se sumerge en un thriller agreste que se precipita hacia lo sobrenatural.

Tras dos joyas del calibre de “The chaser” y “The yellow sea”, había mucha expectación ante la nueva película de Na Hong-jin y, sin lugar a dudas, la espera mereció la pena. “The wailing” es una fascinante mezcla entre thriller coreano, ocultismo y atmósfera deudora del mejor kwaidan eiga japonés. Un film con un ritmo non-stop (y una tensión in crescendo), que conjuga a la perfección los diferentes géneros que toca (thriller, comedia y terror) y cuya historia resulta tan perturbadora como fascinante. Aunque inicialmente pueda parecer que tenga connexiones con otros thrillers asiáticos más al uso como “Memories of murder”, poco a poco el film va virando hacia el terreno del fantástico y del terror puro (con claros ecos a cintas como “El exorcista”), lo que lo convierte en un producto mucho más ambicioso, valiente y complejo.

Uno de los puntos fuertes del film es esa atmósfera malsana (apoyada por una fotografía y una composición de planos espléndidas), esas montañas, esa niebla perenne y fantasmagórica, ese terror subterráneo, ese ambiente rural perturbador, inquietante e imprevisible. Otro es sin duda el de las actuaciones. Tremendo el tour de force que se marca Do-won Kwak como un padre/policía que para salvar a su hija será arrastrado hasta el mismísimo infierno y del que ya nunca volverá a ser el mismo. Otra interpretación destacada es la de Jun Kunimura como el misterioso y temido hombre japonés que habita en las profundidades del bosque, cuya sola presencia ya acongoja.

Un film que atrapa al espectador y que durante 157 minutos lo clava en la butaca a base de suspense, tensión y terror de calidad. A pesar de lo que opinen algunos, “The wailing” es una de las pocas películas coreanas recientes que justifican su elevado metraje. Sólo por el tremendo poso que deja en el espectador y su reflexión acerca de la fe merece estar en el top 5 de esta 49ª edición.




HELL OR HIGH WATER (David Mackenzie, 2016)

David Mackenzie tensó el último festival de Cannes con este polvoriento drama, en el que dos hermanos deciden atracar las sucursales del banco que amenaza con expropiar el rancho de su familia. Semejante acto de rebeldía los pondrá en el punto de mira de un ranger que posee los rasgos de Jeff Bridges. La preciosa banda sonora corre a cargo de Nick Cave y Warren Ellis.

Con un Auditori lleno hasta la bandera nos disponíamos a ver una de las películas más esperadas del festival: “Hell or high water” (que aquí se titulará “Comanchería”). Tras la magnífica “Sicario”, el guionista Taylor Sheridan continúa con su particular trilogía de la muerte en el Oeste con un film que no deja títere con cabeza, reflejando de forma fidedigna y nada complaciente la sangrante realidad de la América Profunda. La cara oscura del sueño americano. Un western social que abarca temas tales como el brutal desempleo, los deshaucios, el desencanto generacional, la crisis / estafa orquestada por los bancos, la justicia poética, la pobreza como epidemia (como enfermedad que se contagia de abuelos a padres y de padres a hijos), el delito como única salida para los marginados y el recalcitrante fascismo rural todavía vigente con la violencia como única respuesta (atención a esos pistoleros pro Trump de pueblo que demuestran que el lejano oeste no ha cambiado mucho).

Hell or high water” es sin duda una de las joyas del festival y por extensión una de las mejores películas del año. Un guión repleto de puyitas, humor negro de calidad y mucho sarcasmo con un Jeff Bridges colosal cuyas líneas de guión son oro puro. Una historia de forajidos que esconde en su interior un puñetazo en todo el estómago al sistema injusto y antisocial que nos gobierna.




CREEPY (Kiyoshi Kurosawa, 2016)

Después de un incidente que le apartó del cuerpo de policía, el inspector Takakura disfruta de su nueva vida como profesor. Sin embargo, un antiguo compañero le pide ayuda con un caso, y Takakura se ve arrastrado hacia su antigua profesión. Mientras investiga una misteriosa desaparición, su mujer tiene que lidiar con un vecino de lo más… extraño. El título lo dice todo en esta cinta policíaca que lleva la firma del director más elegante del fantástico contemporáneo.

Kiyoshi Kurosawa deja del lado el fantástico y el J-Horror más puro (“Kairo”, “Loft”) para adentrarse en el terreno del thriller más cotidiano y contenido. La investigación de unos misteriososos asesinatos que llevan años sin resolver poco a poco irá confluyendo con la vida vecinal de la zona. Durante toda la primera mitad de la cinta, Kurosawa se apoya exclusivamente en la potencia narrativa de las historias sin mostrar imágenes ni dar pistas visuales. Ya en la segunda mitad las cartas se van poniendo encima de la mesa, y aunque el film resulte algo previsible para aquel que la está viendo (y el guión tenga algunas cosas cogidas con pinzas), eso no quita que el interés y el ritmo (más occidental que oriental) atrapen al espectador a lo largo de sus generosos 130 minutos.

Una notable cinta sobre psicopatías (algo que ya abordó en la excelente “Cure”) y vecinos perturbadores (siguiendo la estela de aquellos míticos thrillers noventeros como “De repente, un extraño” o “La mano que mece la cuna”, salvando las distancias), cuya primera hora es absolutamente sensacional pero con un desenlace que posee ciertos elementos incoherentes (como por ejemplo el papel tan pusilánime de las mujeres o que nadie haya podido detener a un asesino que tampoco parece tomar excesivas precauciones a la hora de cometer sus crímenes). Aún así, de lo mejorcito visto en el festival por ahora.




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