Criticas Fantástico Festivales

Sitges 2016: Días 10, 11 y 12 de Octubre

Tras los tres primeros días del festival empezamos nueva semana con desigual fortuna. Por un lado dos de cal (los films de Wingard y Shainberg) y por otro dos de arena (la opera prima de Carles Torrens y el magnífico film iraní).

BLAIR WITCH (Adam Wingard, 2016)

Unos estudiantes se adentran en los bosques Black Hills de Maryland para intentar descubrir qué pasó en la desaparición de la hermana de James, relacionada con la leyenda de la bruja de Blair. Pronto una pareja de lugareños se ofrece a ser sus guías en los bosques.

Tras “Tú eres el siguiente“, las antologías “V/H/S” y sobre todo la estupenda “The guest“, había cierta esperanza de que Adam Wingard devolviera algo de prestigio a una saga a la deriva. La secuela oficial “Book of shadows” había sido un total despropósito y la precuela que narraba los hechos acontecidos en la Nueva Inglaterra del siglo XVIII parecía haberse quedado en el dique seco. El dúo Wingard-Barrett se encontraban buscando un nuevo proyecto de terror alejado de todo tipo de humor o casquería gore y surgió “The woods“, film que acabó conviertiéndose en “Blair witch“. El primer libreto de Barrett era (según dicen) una auténtica montaña rusa llena de sangre y vísceras, pero se replantearon el proyecto y optaron por -según sus palabras- una película de sustos. Y así ha sido. “Blair witch” es ante todo el declive definitivo de un subgénero a la baja: el found footage. La trama gira en torno a unos tipos -a cuál más insportable- perdidos por el bosque, que se acongojan por cuatro palos y tres piedras y que se pasan 80 de los 90 minutos que dura el film llamándose unos a otros a grito pelado. Unas subidas de volumen desproporcionadas, unos efectos de sonido que ni Godzilla y una tormenta que convierte al bosque de Black Hills en la selva de Jurassic Park (sólo falta Nedry) y a la película en una Disaster Movie, son los recursos con los que Wingard pretende inquietarnos.

Sólo hay una escena que se salva de la quema y merece ser rescatada: aquella en donde la protagonista una vez alcanza el desván de la misteriosa casa, es enterrada en una especie de agujero y debe atravesar los angustiosos y ajustados pasillos de tierra subterráneos con el fin de regresar a la superfície.

De lo más flojo, decepcionante e insulso visto en Sitges 2016. Wingard debe ponerse las pilas ya, aunque con “Death Note” difícil lo va a tener viendo su polémico casting y el nivel de excelencia absoluta que posee el manga / anime.




PET (Carles Torrens, 2016)

Seth y Holly, son dos personas aisladas que tienen mucho más en común de lo que creen. Una oscura historia de amor que examina cuánto estamos dispuestos a hacer en nombre del amor.

Con una conocida carrera como cortometrajista y la disfrutable “Emergo” a sus espaldas, Carles Torrens se presentó en Sitges con su nueva y misteriosa película. Un thriller low cost, con pocos escenarios, contados personajes y un guión como pilar básico. Una historia altamente retorcida y perturbadora acerca del amor (a niveles ya enfermizos), de la posesión, del abuso de poder, de una devastadora soledad, del juego psicológico que las mujeres pueden llegar a ejercer sobre hombres inseguros y carentes de autoestima, de entrega incondicional, de cómo controlar psicopatías a través del sacrificio, de obsesión y acoso, de renuncia y dolor. Tener a un animal de compañía a quien visitar, controlar y contar las penas o alegrías. Poseer siempre a alguien que te ame, eso es lo único que importa.

Torrens ofrece un film honesto con el espectador, repleto de buenos giros narrativos, pinceladas de gore y que se apoya en un guión francamente curioso y en unas interpretaciones convincentes. La demostración que sin un gran presupuesto ni grandes medios se puede hacer un film digno, muy entretenido y que da pie a lecturas interesantes. Cineasta a seguir.




RUPTURE (Steven Shainberg, 2016)

Hay quién dice que la mejor manera de superar tus miedos es enfrentarse a ellos. Es posible que la protagonista de Rupture no esté de acuerdo con ello: Renée (Noomi Rapace, en un auténtico tour de force) tiene pánico a las arañas, algo que no hará más que empeorar cuando la secuestren en un laboratorio, donde la atormentarán con experimentos basados en su terror arácnido.

Uno de los films que dio más vergüenza ajena de esta edición de Sitges fue sin lugar a dudas la desaprovechada, mal rodada y, digámoslo claro, mediocre “Rupture“. Steven Shainberg (“Secretary“) que llevaba una década sin dirigir absolutamente nada en cine, regresa con un film que pedía a gritos un tratamiento mucho más oscuro, siniestro y radical. Partiendo de una premisa inicial algo interesante (por su misterio), vemos como a medida que pasan los minutos la película se va diluyendo hasta alcanzar cotas de auténtico telefilm barato (tanto en contenido como en forma). Agujeros de guión del tamaño de un cráter, abuso de la fotografía carmesí, resolución deplorable y lo que es peor: aburre. Sólo salvo de la quema a una entregada Noomi Rapace. Todo un despropósito.




DESIERTO (Jonás Cuarón, 2015)

Moisés (Gael García Bernal) y otros indocumentados cruzan a pie un estrecho camino fronterizo entre México y Estados Unidos. Buscan nuevas oportunidades y reencontrarse con sus seres queridos. Desgraciadamente, el grupo es descubierto por Sam (Jeffrey Dean Morgan), un “vigilante” demente que disfruta eliminando a los inmigrantes. En medio de las enormes dificultades del desierto, Sam persigue implacablemnente a Moisés. Se trata de una batalla en la que solo sobrevivirá el más fuerte.

Tras participar en el guión de “Gravity” y rodar el corto spin-off de ésta titulado “Aningaaq“, Jonás Cuarón da el salto a la dirección con “Desierto“, un thriller de supervivencia tan correcto como desaprovechado. Es loable su intento de usar una problemática social (inmigración ilegal que proviene de México) como vehículo para construir una cinta de acoso y derribo, pero a la historia le falta garra, un mayor desarrollo y a la postre resulta poco estimulante. Aparte de eso, otro de los grandes problemas que arrastra la cinta es la figura del villano matarife. Se echa en falta un personaje mucho más retorcido y complejo. Lo que a priori puede parecer un sanguinario cazador de extranjeros que acompañado por su inseparable pastor alemán se mueve por las desérticas montañas a su antojo, acaba desenmascarando a un patético loser sin moral alguna que se aburre mucho.

Aunque “Desierto” no sea un film tan apasionante como apuntaba su notable trailer, sería injusto no valorar la estupenda dirección, fotografía y el montaje. Sin embargo un guión muy justito (lleno de obviedades y lugares comunes) y unos personajes tremendamente planos y faltos de carisma condenan irremediablemente al film.




UNDER THE SHADOW (Babak Anvari, 2016)

Teherán, 1988. La guerra entre Irán e Irak está alcanzando violentamente su fin, con constantes bombardeos a la ciudad. Mientras una madre y su hija luchan por mantenerse juntas, una presencia malévola acecha su apartamento. Imaginen The Babadook en clave persa y encontrarán una de las sorpresas de la temporada, que, bajo la sombra del terror, esconde una inteligente alegoría política.

Salvando las distancias, “Under the shadow” me recuerda al mejor cine de Shyamalan. Aquel que es capaz de generar terror (con pinceladas de fantástico) a través de la sugerencia y en entornos meramente cotidianos. De crear tensión a través de monstruos intangibles y leyendas urbanas que todos hemos oído pero nadie creído. Anvari utiliza hábilmente la caótica situación sociopolítica del Irán de finales de los 80 para construir un relato fantasmagórico a fuego lento, en donde el miedo generalizado por unos bombardeos que no parecen cesar, alimentan a ese terror subterráneo que ha estado esperando agazapado el momento ideal, ese fantasma que se nutre de la incertidumbre y de la represión. A destacar la entregada interpretación de Narges Rashidi como madre coraje otorgando verosimilitud y ganas a un personaje complejo y arriesgado. No podemos decir lo mismo de una insulsa Avin Manshadi, la cual encarna a su hija. Muy recomendable.




Llegamos al ecuador. Quinto día de festival de lo más productivo. Tras un generoso y abundante desayuno en el hotel (como decía el agente Cooper, no hay nada más importante que un buen café por la mañana), recuperación de un gran clásico del fantástico en versión restaurada, dos cintas low cost muy majas (la claustrofóbica opera primera de Zubillaga y el estimable spaguetti western de Ti West) y la última locura de Anurag (uno de los padres del nuevo cine hindú).

EL ATAÚD DE CRISTAL (Haritz Zubillaga, 2016)

Vestida para la ocasión con un elegante traje de noche, Amanda entra en la enorme y lujosa limusina que espera aparcada frente a su casa para llevarla a la gala en la que recogerá un premio a su trayectoria como actriz. De pronto los cristales de las ventanillas se tintan de negro, el móvil de Amanda queda deshabilitado y no puede abrir ninguna de las puertas. Y una voz, distorsionada por un filtro metalizado, le pide por favor que deje de intentar romper cualquiera de las ventanillas, va a ser imposible, eso también lo había previsto. Será mejor que asuma cuanto antes que está atrapada ahí dentro. A partir de ahora, si Amanda no quiere que pasen cosas más desagradables de lo estrictamente necesario, será mejor que durante el resto de la noche cumpla con todo lo que la voz le vaya ordenando.

Estupenda, reivindicable e injustamente vapuleada por algunos ópera prima del director vasco Haritz Zubillaga, autor de varios cortos del genero de terror, que utiliza su conocimiento del medio para ejecutar un difícil ejercicio de estilo en un espacio extremadamente reducido y claustrofóbico (el interior de una limusina). Una especie de mezcla entre “Buried” y “Saw” -salvando las distancias-, que funciona a la perfección (si se aceptan sus licencias) gracias a una cuidada iluminación (combinando tonalidades de colores dependiendo del clímax) y a un uso del sonido (tanto de la música como de la voz en off) atronador y contundente.

Un auténtico tour de force a cargo de Paola Bontempi (recordemos, única atriz del reparto que carga de forma notable con todo el peso del film) como víctima y esclava de un retorcido vouyer que pondrá al límite su intimidad e integridad. En el fondo ambos personajes funcionan como metáfora de la relación entre director y actriz, en donde el primero es amo de la acción y conduce y ordena a su subordinada.

El ataúd de cristal” posee intensidad, es entretenida, las actuaciones son buenas y aunque al guión se le vean un poco las costuras en el tramo final, es perfectamente perdonable. Una grata sorpresa.




PHANTASM (Don Coscarelli, 1979)

Mike, un joven que acaba de perder a sus padres, observa a su hermano Jody mientras éste asiste al entierro de su mejor amigo. Mike ha seguido a su hermano sin que él lo sepa, obsesionado con la idea de que, tras el funeral, abandone la ciudad para siempre. A la salida del cementerio, Mike es testigo de una escena muy extraña: un hombre alto alza el féretro, lo introduce en un coche fúnebre y desaparece. Mike describe la escena a su hermano, quién lo toma por loco. Molesto por la incredulidad de Jody, Mike vuelve al cementerio de Morningside al anochecer, infiltrándose en la morgue donde además de descubrir una serie de extrañas criaturas espectrales, se hace con una poderosa esfera de plata que pertenece al misterioso hombre alto.

Phantasm” es, sin lugar a dudas, una de las películas de terror más peculiares, desconcertantes y extrañas que he visto nunca. Una trama de lo más siniestra unido a una atmósfera verdaderamente malsana y a una banda sonora inolvidable (muy carpenteriana) convierten al film en una obra de culto instantánea. Podríamos definir al film como una mezcla entre slasher, giallo surrealista, terror rural, fantástico, ciencia ficción, buddy movie e incluso road movie. Resulta difícil catalogarla de forma muy concreta. Lo verdaderamente increíble del film de Coscarelli -teniendo en cuenta su limitadísimo presupuesto- es su capacidad a la hora de fascinar y atrapar al espectador a través de una ambientación macabra, bizarra y perturbadora. El mítico hombre alto siempre será uno de los mejores y más inquietantes seres (dimensionales) del cine de terror. Personaje con una presencia brutal, que casi nunca habla, del que no sabemos absolutamente nada de su origen (algo que aterroriza indirectamente) y cuyos objetivos consisten en conquistar mundos asesinando a la gente y robar los cadáveres para aumentar el número de criaturas extrañas que componen su ejército.

Una joya de serie B imprescindible que pudimos ver en Sitges en su versión remasterizada y acompañados por el realizador del film. Sesión imperdible.




PSYCHO RAMAN (Anurag Kashyap, 2016)

Inspirada en Raman Raghav, un famoso asesino en serie de los años sesenta, Psycho Raman traslada la historia al Bombay actual, donde el psicópata Rammana persigue y espía a un joven policía. Mientras su obsesión con el agente de la ley crece, Rammana inicia un perverso juego en el que no queda claro quién es el gato y quién es el ratón. Un thriller absorbente que lleva la firma del máximo renovador del cine indio.

En el Mumbai de hoy en día, un asesino en serie parece repetir las hazañas de Raman Raghav, un famoso homicida indio de los años 60. Un policía adicto a las drogas investiga el caso.

Cuatro años después de la monumental “Gangs of Wasseypur“, Anurag presentaba en Sitges “Psycho Raman“, basada en la historia de un asesino en serie real que mataba a gente con una tubería (no es coña) y se vanagloriaba de ello por las calles. Última película del día en la acogedora sala Tramuntana. Una potentísima música techno inundaba el recinto y abría el film con unos cuidadísimos títulos de crédito. Una adrenalítica radiografía de la Bombay de los 60, sus entrañas, su corrupción, su impunidad y su caos más absoluto. A la vez también reflexiona acerca de la fina línea que divide el abuso de poder (por parte de la autoridad policial) del delito. De cómo el policía obsesionado con atrapar al criminal termina traicionando sus principios. El film arranca de forma brutal pero es cierto que poco a poco va perdiendo algo de fuelle y no termina de ser un producto redondo. Sin embargo su propuesta estética y sonora es tan poderosa que rápidamente seduce al espectador y nos hace olvidar cualquier vacío argumental o subtrama poco definida.

Anurag vuelve a ofrecer un film notable dotado de una dirección y un montaje fascinantes. Bollywood tiene a su particular Tarantino en plena forma.




IN THE VALLEY OF VIOLENCE (Ti West, 2016)

Paul, un cowboy solitario siempre en compañía de su perro, llega a un pequeño pueblo en un intento por acortar su camino hacia México. Un acto de violencia desencadena una ola de violencia que arrastra a toda la ciudad en una batalla sangrienta.

Ti West (director de la reivindicable “The sacrament” y del notable extracto “Second Honeymoon” dentro de la antología de terror “V/H/S“) apuesta en esta ocasión por un spaguetti western rodado en 35mm, con un presupuesto ajustadísimo, cuatro gatos como casting y un pueblo (y alrededores) como única localización. Un western de marcada serie B con un Ethan Hawke espléndido encarnando al antihéroe rudo y solitario que se tomará la justicia por su mano contra unos forajidos que han cometido el error de sus vidas: matar a su querido perro. Una venganza que recuerda a la no menos estupenda “Red” (Trygve Allister Diesen & Lucky McKee, 2008) en la que Brian Cox repartía estopa de la buena contra unos desalmados adolescentes. En el elenco de “In the valley of violence“, a parte de Hawke encontramos otros rostros conocidos como Taissa Farmiga (el elemento romántico de la trama, bastante forzado por cierto) y sobre todo un John Travolta magnífico como el sheriff más patético, ridículo y pandereta que haya visto jamás el Oeste.

A pesar de las críticas recibidas por cierto sector, el film es un divertimento a reivindicar, con pinceladas delirantes y que rezuma amor por esos westerns low cost italianos. Un revival del género muy disfrutable, con interpretaciones convincentes y con una aplastante falta de pretensiones. Mención especial a unos potentes títulos de crédito junto a su tema musical dignos del equipo Leone-Morricone.




Sexto día de festival algo más light y de relax tras jornadas de muchas proyecciones. Madrugón para ver la estupenda “Raw” y a continuación (y por primera vez en pantalla grande, al menos para un servidor) “Star Trek: The motion picture“. El resto de la mañana aprovechamos para visitar los stands ubicados enfrente de la playa, las exposiciones del festival (universo Star Trek, etc…), las tiendas de camisetas y de libros de cine y por la tarde sacamos tiempo para escribir algunas reseñas y disfrutar un poco del pueblo y del sol, tras días de nubes y lluvia.

RAW (CRUDO) (Julia Ducournau, 2016)

Justine, una joven de 16 años, vive en una familia donde todos son veterinarios y vegetarianos. Es una estudiante brillante y prometedora, pero al ingresar en la facultad de veterinaria descubre un mundo decadente, despiadado y peligrosamente seductor. Durante la primera semana, obsesionada por encajar con sus compañeros de clase, se aleja de los principios que le han inculcado su familia, y come carne cruda por primera vez. Las consecuencias no tardan en llegar, y la joven empezará a desvelar su verdadera naturaleza.

Tras desayunar en un suspiro y pegarme la carrera padre para llegar a tiempo al Auditori (sesión de las 8 de la mañana, ahí es nada), empezábamos el día con la polémica “Raw“, que venía precedida por noticias de desmayos y abandonos en el pasado festival de Toronto. Con todavía los croissants por digerir y el café bailando en el esófago, me esperaba a priori algo bastante truculento y con generosas dosis de ketchup. Sin embargo y como suele ocurrir, al final no era para tanto. El debut en la dirección de Julia Ducournau es una de las joyas del año, sin exagerar. En una facultad de veterinaria en donde las personas parecen tratar como a animales a los novatos, Justine deberá madurar e integrarse a pasos agigantados. El primer año es sin duda el más duro, pues tendrá que superar (y aceptar) pruebas vejatorias para evitar ser una marginada el resto de carrera. El momento clave del film es cuando obligan a Justine -una vegana declarada- a comer un riñón de conejo crudo. Eso le produce una preocupante reacción alérgica por todo el cuerpo. Tras eso y el bautizo de sangre a lo “Carrie“, la protagonista comenzará a desarrollar un instinto animal -hasta ahora reprimido- por la carne cruda y la sangre. Dicho apetito incontrolable le hace carne de la nevera de su habitación compartida, robar filetes crudos del comedor de la facultad e incluso escupir pelo ¿de algún animal que se ha merendado? que algunas compañeras suyas confunden con bulimia. Hay seis escenas que me gustaría destacar del film (atención SPOILERS): Justine comiéndose el dedo de su hermana tras un accidente con las tijeras al intentar depilarla, la angustiante novatada bajo las sábanas (rodada con una maestría brutal), el climax en la discoteca, la pelea sanguinolenta entre hermanas a la salida de la universidad, el final (simplemente impecable) y el accidente de coche provocado en el que su hermana le enseña lo que es el canibalismo.

A través de una historia de terror introspectiva “Raw” ahonda en el despertar sexual, en cómo el bullying y la vejación saca nuestro lado más oscuro, en el cambio hormonal de la adolescencia, en los primeros pasos lejos de casa, en la maldición como seña de identidad familiar, en las primeras experiencias con las drogas, en las crisis alimentícias y en el canibalismo como modo de vida cotidiano. Quien espere ketchup y vísceras embuelto con un lacito de lo más superficial saldrá muy decepcionado con esta joya.




STAR TREK: THE MOTION PICTURE (Robert Wise, 1979)

Siglo XXIII. Al almirante James T. Kirk, de la nave Enterprise, se le encomienda una difícil misión: neutralizar un extraño cuerpo para evitar su colisión con la Tierra y la consiguiente catástrofe. El oficial Spock, el capitán Willard Decker, la asesora Ilia y el doctor McCoy ayudan a Kirk a descubrir la naturaleza de este cuerpo sideral, provisto de un mecanismo de inteligencia de origen terrestre. La expedición del Enterprise localiza al ente y, entonces, se apresta a introducirse en su centro de operaciones. Primera entrega cinematográfica de la popular serie fantástica creada por Gene Roddenberry.

Se cumple el 50 aniversario de una saga tan mítica como “Star Trek” y Sitges en su 49º edición ha querido rendirle un sentido homenaje con eventos, masterclasses, pases de capítulos de las series y proyección en pantalla grande del documental “For the Love of Spock” y -dentro de su sección Classics- la película original con la presencia de Walter Koenig (Chekov). Como pasó con otras space operas, todo arrancó con una serie de televisión en los años 60. Un ajustado presupuesto, unos FX que pronto quedaron anticuados (y que para la edición en Blu-Ray tuvieron que renovar completamente, aparte de remasterizar la imagen) y un tratamiento sesudo totalmente alejado de la acción y las batallitas espaciales de turno hicieron que pasase casi desapercibida, aguantando en antena tan sólo durante tres temporadas.

Pero el tiempo siempre pone las cosas en su sitio. “Star Trek” es auténtica hard scifi de calidad cuyo tratamiento de la space opera resulta mucho más filosófico y metafísico de lo habitual (el guión es siempre el pilar básico), con el objetivo y la ambición de descubrir nuevos mundos y culturas, ampliar el horizonte y en donde siempre ha predominado la diplomacia y la camaradería a la fuerza brutal y la destrucción.

Con el paso del tiempo y tras numerosas reposiciones en televisión, poco a poco se fue creando una legión de fans conocidos popularmente como trekkies. Debido al éxito, Paramount decidió darle una segunda oportunidad a la serie (“Star Trek: Phase II“), con el mismo casting y equipo técnico. Finalmente se rechazó la idea y se apostó por llevarla a la gran pantalla. El resultado fue una superproducción notable, con buenas actuaciones, unos FX más cuidados (aunque han envejecido mal, sobre todo los de que se pueden ver durante los primeros minutos) y un guión magnífico (basado en un episodio de la serie original, que mantiene ese espíritu tan característico y cuyo final recuerda bastante a “2001: Una odisea del espacio”).

Una de las sesiones Sitges Classics más entrañables y especiales de los últimos años. ¡Larga vida y prosperidad!.




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