Reflexiones / Críticas

La fauna de los cines

Dentro de esos mágicos recintos en donde a través de una luz y una pantalla accedemos gustosamente a nuevos mundos y experiencias, habita una fauna de lo más peculiar rica en multitud de especies y manías. Daría para otro tomo de Fauna Ibérica si mi adorado Rodríguez De La Fuente todavía viviera.

Sin más dilación, vayamos a definir los diferentes ejemplares que cohabitan en la oscuridad de una sala.

1.- Fanáticos de la comida: Este espécimen es sin duda el mejor amigo de las multisalas. No sólo es capaz de comprar un entrada por “sólo” 8 euros sino que luego remata la faena adquiriendo un magnífico super menú extra que incluye caja gigante de palomitas y una bebida XXL que aunque comparta color y abundante gas (sin olvidarnos del extra de agua) nada tiene que ver con las marcas oficiales. Una vez se han posicionado en la sala, empiezan con su particular festín gastronómico e incluso los más espabilados llegan a la mitad de la caja de pop-corn mientras duran los cuatro o cinco trailers previos a la película. Simplemente maravilloso.

Dichos ejemplares son sin duda uno de los más auténticos y desenfadados de todo el cosmos que deambula por las salas, porque a diferencia de lo que opinan los sibaritas y tiquismiquis, a un servidor no sólo no le molesta en exceso el ruido que hacen esos copos de nieve comestibles (siempre y cuando no sean en bolsa de plástico claro xD) sino que además considero que el cine si es acompañado de unas buenas palomitas tamaño S y una bebida, seguro que se disfruta más.

2.- Oradores: Junto a los citados gourmets de la gastronomía trash, los oradores sin complejos rivalizan por el primer puesto en cuanto a fauna más común dentro de los cines. Su característica principal radica en criticar, protestar o simplemente opinar en voz alta y prominente. Hay quien lo hace en lugares lógicos (festivales de cine tipo Sitges) con comentarios o palabras esporádicas, y hay quien opta por hacerlo en una sala medio vacía (sic). Ofrecen una sesión de audiocomentario completa, normalmente poco constructiva pero gratuita eso si.

Dentro de este grupo, encontramos tres tipos bien diferenciados. Los adolescentes aquejados de acné que debido a su alto voltaje hormonal son incapaces de ver una cinta sin comentar sus impresiones en Dolby Digital 5.1. Luego tenemos a los niños, a los que un servidor les perdona ya que son los padres los responsables de meterlos en películas que quizás no les convenga. Y por último, las grandes estrellas: cierta gente mayor. Que conste que siento un profundo respeto por nuestros mayores, los hay de muy sabios y educados, pero como en todas las edades, también los hay que se creen que están jugando al dominó mientras se proyecta la película. El espectáculo del que fui testigo durante un pase de “El árbol de la vida”, con charlas en voz alta y ronquidos incluidos fue bastante detestable.

Frikis con el gorrito de Steve Zissou viendo "Life Aquatic" en Austin.

3.- Enfermos de las redes sociales: Dentro de la sociedad en la que vivimos las redes sociales han ganado un peso fundamental tanto a nivel lúdico como profesional. Pero ¿son un servicio útil o más bien una lacra?. Si en su día la ludopatía hacía furor (todavía lo sigue haciendo), hoy en día existe gente literalmente enganchada a internet incapaz de vivir sin saber lo que dice éste o aquél en tiempo real. Personas que como en otras adicciones niegan su problema, porque creen que es algo normal, pero no lo es. Básicamente esto ocurre porque la mayoría de gente no sabe darle el uso adecuado. Mientras que las webs y los blogs requieren un esfuerzo de comprensión o de redacción por parte de los lectores y creadores, las redes sociales nacieron para enganchar a cierto público como si se tratara de una tela de araña. En dichas redes jamás encontrarás artículos interesantes ni siquiera algo para recordar, es más una herramienta para ensalzar el narcisismo de ciertos tipos erigiéndose como un instrumento vital para los más cotillas de la clase. Quizás el uso más inteligente de estos servicios sea el de la promoción aunque siempre sin caer en el spam.

Dicho esto, hoy en día hay personas que DEBEN mirar su perfil de Facebook, Twitter o Tuenti estén donde estén. Y si puede ser, cada cinco minutos como máximo. En los cines también encontramos a estos ejemplares tan curiosos. Gracias a sus magníficos móviles con conexión 3G o incluso tabletas tipo Ipad, consiguen saciar su sed de información vacía a costa de cegar a los espectadores de las butacas inferiores. Estos especimenes no atienden al argumento de la película ni siquiera a los detalles, les basta con escuchar el sonido y hacerse una ligera idea de como van las cosas. Sus ojos reclaman a gritos una visita al oftalmólogo.


4.- Cinéfilos ultramaniáticos: Los integrantes de esta familia son quizás los más hipócritas de todos los animalejos que deambulan por estos recintos. Se caracterizan por ser adoradores del cinema verité, fanáticos de Godard, Béla Tarr, Oliveira, Sokurov, documentales indigestos etc… pero luego se cuelan a escondidas en multisalas a ver divertimentos comerciales emprendiendo una cursa en el momento en que se asoman los títulos de crédito (no vaya a ser que los vean viendo la última de Marvel Studios xD).

Habitualmente injustos con el cine comercial (si, aunque les pese también hay joyas dentro de ese cine) e intransigentes con las palomitas, el doblaje, las bebidas, la gente que no ha podido llegar a la hora y cualquier tipo de sonido ajeno a la proyección por mínimo que sea, son reconocidos por su ejemplar mensual de Cahiers du cinema España bajo el brazo. Lo peor que se les puedes decir es: El cine es arte, pero también entretenimiento.

Darth Vader disfrutando de sus palomitas.

5.- Simpáticos frikis: Estos curiosos personajes, como ocurre con los cinéfilos ultramaniáticos, suelen ir con la lección aprendida antes de entrar en una sala. A diferencia de los oradores saben que película van a ver, conocen su sinopsis y su cast & crew, además de haber visto el trailer. Son capaces de disfrazarse para maratones o eventos especiales y suelen adorar los zombies, la ciencia-ficción, el terror, los litros de ketchup y los monstruitos chungos. Se los puede ver en sesiones matinales y golfas. Son generosos con el cine palomitero sin pretensiones, son defensores de la serie B digna y a la vez son capaces de ver y opinar con soltura acerca de las grandes obras maestras. Más tolerantes que los del grupo 4 y sobre todo, mucho menos ególatras.


6.- Deportistas: También conocida como fauna salvaje. Los hay de todas las edades pero normalmente suelen ser niños coñones o adolescentes sin neuronas. Su objetivo radica en fortalecer y tonificar las piernas a costa de la butaca de enfrente. Para la persona que se sienta delante lo que iba a ser una plácida proyección acaba conviertiéndose en una pesadilla vibratoria sin fin para nada análoga a un masaje asistido.

No existe cura ni tratamiento contra esta lacra de fauna carroñera, ni siquiera posibilidad de domesticación. Por mucho que se les avise o se les advierta, su sistema nervioso parece actuar por su cuenta golpeando una y otra vez la butaca. Nuestro asiento será lo más parecido a un dual shock viviente hasta que optemos por la solución más rápida y efectiva: cambiarnos de sitio.


7.- Amantes: Parejas en su mayoría adolescentes que usan el cine como excusa para darse el lote. Habitualmente suelen ser silenciosos, aunque hay de todo. Suelen optar por blockbusters carentes de guión y sentido para dar rienda suelta a sus pasiones hormonales sin necesidad de estar mirando constantemente la pantalla. Su posición suele ser atrás del todo o los laterales, coincidiendo algunas veces (desgracia la suya) con los cinéfilos ultramaniáticos.


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