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Escenas: “Hasta que llegó su hora” (1968)

once1De las reuniones entre Sergio Leone, Dario Argento y Bernardo Bertolucci cuyo objetivo era escribir un nuevo guión para una película todavía sin nombre, surgió uno de los mejores films del oeste que ha dado el séptimo arte: “Hasta que llegó su hora” (1968). Se trata de un western posmoderno sobre el final de una época, de un género y de unos personajes discordantes con los nuevos tiempos.

Enmarcada en la trilogía de America de Sergio Leone, junto a “Agáchate maldito” (1971) y la monumental obra maestra “Érase una vez en America” (1984), la película contiene escenas imborrables dentro del género con una potencia dramática de gran calado en el espectador. Arropadas por la extraordinaria partitura de Morricone, las escenas destilan esa fuerza visual tan característica del cineasta romano junto a un uso del scope exquisito, enmarcando magistralmente los bellos parajes desérticos (un personaje más en la trama), los pueblos e incluso los interiores (filmados con una maestría e inteligencia envidiables). El control del tempo narrativo es otra de las señas del identidad de Leone. Aquí nos regala momentos verdaderamente ejemplares en lo referente a dilatar una situación de tensión únicamente desde el punto de vista formal.

Hasta que llegó su hora” trata sobre los vestigios de una época y el inicio de una nueva era, representado ante todo por el ferrocarril y el papel de la mujer (mucho más significativo que en tiempos anteriores), y el de unos héroes, antihéroes y villanos que ya no pertencen a ese mundo, y como ese universo, habrán de perecer, pues ya no hay lugar ni perdón para ellos. SPOILER Los personajes de Henry Fonda (la antitesis perfecta de su Wyatt Earp en “Pasión de los fuertes” de John Ford) y Jason Robards, mueren y Charles Bronson desaparece del lugar alejándose de cualquier tipo de revolución (ferrocarril). La única que ha sabido adaptarse y “renovarse” ha sido la mujer (personaje encarnado por Claudia Cardinale). Sólo ella podrá formar parte de esa nueva etapa.

Dentro de este peculiar spaguetti western encontramos numerosas escenas destacables como por ejemplo aquella en donde Claudia Cardinale se mira al espejo en silencio pensando: ¿Quién soy yo? ¿Qué va a ser de mi? ¿Cual será mi futuro? ¿Realmente, ésta soy yo?. No menos impresionante resulta el inicio del film prácticamente mudo, el uso tan estudiado del sonido (Leone ha sido uno de los mejores directores en usar este recurso para crear suspense y contar historias) y del tempo (prácticamente la espera es en tiempo real, un tiempo que se hace palpable, áspero, incómodo, angustiante).

Pero sin duda la escena que más me gusta es la que os adjunto a continuación: el duelo final entre Bronson y Fonda. Arranca con planos generales cada vez más alejados para presentarnos el entorno donde se producirá el enfrentamiento, para luego, ir aproximando más la cámara a los personajes rebajando a su vez la duración de los planos. A medida que se va acercando la hora final, Leone (en estado de gracia) da una lección de como debe utilizarse el montaje (con un flasback que narra la génesis de armónica), consiguiendo alcanzar un climax final mítico. Cine de verdad.


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