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Escenas: “Gladiator” (2000)

Tres años después de aquella broma cinematográfica llamada “La teniente O’Neill” (1997), Ridley Scott firmó una de las cintas más premiadas y taquilleras de su carrera. Pero no nos engañemos, aunque en su día se hiciese con nada más y nada menos que cinco estatuillas doradas, el tiempo la está poniendo en el lugar que le corresponde.

El film, aún ser un generoso espectáculo visual y un cinta comercial muy bien parida, adolece en algunas cosas capitales como el ritmo (sobre todo en su versión extendida), un guión irregular y un tanto grandilocuente o ciertos personajes a la postre desaprovechados. “Gladiator” (2000) es un producto con gran factura técnica y artística pero tremendamente vacío en su contenido. Su historia de venganza que resulta simplista y nada novedosa, sus personajes -los cuales carecen de una deseada profundidad-, por no hablar de sus innumerables licencias históricas, lastran la calidad final de un film mejorable en muchos aspectos.

Sin embargo, resulta innegable que el tito Ridley con este film resucitó el peplum, un género por aquel entonces totalmente enterrado, ofreciendo una cinta visualmente poderosa dotada de una gran factura, vibrante por momentos, con unas actuaciones más que decentes del trío protagonista (sin olvidar al gran Oliver Reed, con mayor protagonismo en la versión extendida) y con una banda sonora antológica a cargo de Hans Zimmer y Lisa Gerrard que alcanza cotas verdaderamente épicas.

La escena que os adjunto es posiblemente una de mis favoritas dentro de la cinta. No es ni mucho menos una de las que suelen destacar de este film, pero resulta tan poderosa como cualquier otra. Una escena en donde podemos comprobar la ambición extrema del emperador Cómodo (sensacional Joaquin Phoenix) y su fracaso amoroso destinado a la fatalidad.

Xavi Darko

Hastiado de los klingons y trolls que proliferaban en mi escuela secundaria, acabé mudándome a Tatooine, un lugar libre de trekkies en donde a pesar de los cansinos Tusken, abundaba el buen tiempo, el mercadeo y las carreras de vainas. La paz y la tranquilidad reinaban hasta que un buen día quedaron quebrantadas por la irrupción de un tipo peculiar cuyo perfil se ajustaba al de los tifosi radicales del AC Milan. Se hacía llamar Darth Maul y entre hostia y hostia me rebeló que era mi padre. Como buen desertor sith, decidí migrar a un planeta verde y fértil llamado Endor del cual fui posteriormente desterrado debido al incendio masivo de cabañas de unos cada día más insoportables ewoks. Sin ganas de más mamoneo intergaláctico, decidí volver al mundo real y escribir sobre cine, tanto del que adoro como del que aborrezco. Cuando me jubile espero vivir en Hill Valley y escribir críticas positivas de las cintas de Uwe Boll.

2 Comentarios

  1. Antoni R. dice:

    Estoy de acuerdo con usted. La película está muy sobrevalorada lo que no quiere decir que sea una mala película sin nada a destacar.
    Saludos

  2. Hola Antoni,

    “Gladiator” es una peli muy sobrevalorada como dices, tampoco la considero un bodrio ni nada por el estilo, pero reconozcámoslo, es una peli comercial decente con un gran apartado técnico, musicalmente fabulosa y con actuaciones potables, poco más. Como entretenimiento funciona en primeros visionados (el ritmo se resiente mucho en posteriores, ya no digamos en extended versions…) y contiene algunas escenas muy bien resultas.

    Pero vamos, no se merecía ni tanto premio ni tanta devoción. A la postre el tiempo la ha puesto en su sitio: el de las cintas comerciales decentes, no el de las obras maestras.

    Saludos

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