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Escenas: “Amélie” (2001)

Lo quieran o no, Amélie ya forma parte del imaginario colectivo. Resulta imposible pasear por Montmartre en París o ver el Café des Deux Moulins y no recordar este film. Y es que Jean-Pierre Jeunet consiguió una obra prácticamente redonda mezclando costumbrismo con fantasía de forma impecable.

Tras su periplo estadounidense con la muy correcta y a reivindicar “Alien: Resurrección” (de la cual reniega de su versión en blu-ray y con razón), Jeunet regresó a su país de origen para firmar una fábula contemporánea que se aleja un poco de los mundos oscuros de “Delicatessen” o “La ciudad de los niños perdidos” (aunque manteniendo puntos en común) y apuesta más por una historia sobre personas que sobreviven en un mundo en el que no se sienten cómodas y al que parecen no pertenecer.

El director francés que para un servidor es uno de los mejores exponentes a nivel europeo en lo que a fantástico se refiere, posee tantos defensores como detractores. Con un estilo indiscutiblemente peculiar, Jeunet siempre se ha caracterizado en ofrecer productos con un rico imaginario propio pero salpicadas de elevadas dosis de exceso (tanto formal como narrativo) que no suelen ser del agrado de los críticos más puristas. “Amélie” es uno de sus films que sin renunciar a su estilo consigue mejores resultados. No podemos decir lo mismo de cintas posteriores como “Largo domingo de noviazgo” la cual posee un ritmo terrible y su duración es a todas luces excesiva o “Micmacs” que resulta demasiado reiterativa y deja claro que Jeunet está algo estancado en cuanto a ideas.

Os dejo con el brillante prólogo del film -en VOSE y HD- narrado por el gran André Dussollier en donde se nos narra la dura infancia de Amélie Poulain aunque siempre desde un tono ligeramente humorístico y exagerado. Primero tenemos las típicas escenas sobre coincidencias (a cual más surreal) habituales dentro de la filmografía del cineasta nacido en Roanne. Tras ello se nos describe a los padres de Amélie con las cosas que adoran y las que odian (algo muy de Jeunet) para dar paso a unos maravillosos títulos de crédito aderezados con la inolvidable partitura de Yann Tiersen. En ese momento hace aparición Amélie, una niña de seis años diagnosticada erróneamente por su progenitor y que por ello no va a la escuela y vive encerrada en su mundo mágico e intocable. A Amélie sus padres nunca le han expresado cariño, nunca se ha relacionado con otros niños de su edad y únicamente Cachalote (un pez suicida xD) rompe mínimanente ese aislamiento social y emocional.

Desde la repentina muerte de su madre en Notre-Dame, la pequeña Amélie crece junto a la única compañía de su padre, quien se encierra aún más si cabe a partir de este hecho y dedica toda su atención y cariño a la creación de un mausoleo en donde descansarán las cenizas de su mujer. La pequeña espera hasta que llega la fecha idónea para poder volar lejos de allí y ponerse a trabajar. Esa infancia tan sui generis hace que Amélie desarrolle una gran sensibilidad y una inagotable imaginación en la que se refugia de su soledad (y su frustración) y que hace que su existencia se convierta en una fábula. Ya en su juventud será capaz de apreciar como nadie los pequeños placeres cotidianos y sentir una recompensa impagable cuando ayude a los demás.

Un prólogo que destaca por el dinamismo que imprime Jeunet a las imágenes y por una fotografía exquisita de Bruno Delbonnel. Un film que a pesar de algunos excesos resulta delicioso. Y es que pocas películas te hacen sentir tan bien como esta.


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