Acción Aventuras Ciencia Ficción

Escenas: “Parque Jurásico” (1993)

jpark_1El multimillonario John Hammond consigue hacer realidad su sueño de clonar dinosaurios del Jurásico y crear con ellos un parque temático en una isla remota. Antes de abrirlo al público, invita a una pareja de eminentes científicos y a un matemático para que comprueben la viabilidad del proyecto. Pero las medidas de seguridad del parque no prevén el instinto de supervivencia de la madre naturaleza ni la codicia humana. Sesenta y cinco millones de años después, Steven Spielberg conseguía algo inaudito, resucitar en la gran pantalla a aquellos gigantescos dinosaurios que habían poblado nuestro planeta. Dejando de lado su mejorable guión (lo que no quiere decir que sea una mala adaptación de la novela de Crichton) y algunos personajes un tanto planos, es innegable que “Parque jurásico” es un digno film de aventuras con algunas escenas de suspense memorables perfectamente ejecutadas. En otras palabras, cine comercial potable.

Con el paso de los años, intentando evitar la nostalgia que producen sus imágenes, podemos considerar a “Parque Jurásico” como un film a reivindicar, un producto mejor de lo aparente, que en su día fue injustamente vapuleado por ciertos sectores. Una decente combinación de acción-aventuras con toques de ciencia-ficción, que da una explicación científica probable a los hechos (cosa que en la mayoría de estos productos no ocurre), que introduce el suspense y el terror en la historia de manera notable -notándose la mano maestra de Spielberg-, con unos FX impresionantes que aguantan el paso del tiempo estupendamente y con un uso del sonido impecable. Mención especial a la estupenda presentación del parque (lugar con referencias a “El mundo perdido” (1925), “King kong” (1933) o “La isla del doctor Moreau” (1977)) con esas gigantescas puertas que parecen esconder múltiples y enormes peligros, unido a una portentosa partitura de John Williams.

La escena que os adjunto es posiblemente una de las más míticas dentro de la cinta: el ataque del T-Rex en plena noche. Una escena que juega muy bien con el suspense (la vibración del sonido contemplada en el vaso de agua), que resulta por momentos escalofriante (el ataque del gran dinosaurio al coche de los niños) y que no está exenta de humor macabro (el genial momento en que el T-Rex se merienda al abogado representante de los inversores de Hammond (Richard Attenborough)).

Una escena que demuestra la impotencia del ser humano ante la poderosa y devastadora fuerza de la naturaleza. Desafiar a la misma, genera monstruos incontrolables. “La vida siempre se abre camino“.


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