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Crónica Festival de Sitges 2017 – Parte II

Continuamos con la crónica del festival con más propuestas interesantes:

A GHOST STORY (David Lowery, 2017)

Un músico recientemente fallecido regresa a su hogar como fantasma para consolar a su esposa, pero descubre que ahora que está muerto el tiempo transcurre de manera diferente y no es capaz de interactuar con la realidad de los vivos como quisiera.

Lowery junto a la excelente productora A24 se introducen en el fantástico de profundo calado emocional a través de una historia que gira en torno a la nostalgia, el amor a través del tiempo y el espacio, el legado y la soledad. Una exquisita reflexión existencial y metafísica acerca de cómo nuestro paso por la vida queda prácticamente en nada dentro de la inmensidad cósmica.

A ghost story” es una obra única ya desde su concepción. El formato elegido es un atípico 1.37:1 (en formato Blu-ray ha quedado en 1.33:1), un aspect ratio muy peculiar que cumple dos funciones primordiales: encuadrar a la perfección esa enorme figura del fantasma errante y a la vez dotar al film de ese aspecto clásico, casi de cine mudo con ese formato tan cerrado y esos bordes ligeramente redondeados. Y es que estamos ante un auténtico poema visual en donde el poder de la imagen gana sobre la palabra y que se entendería a la perfección sin necesidad de subtítulos algunos. Un discurso únicamente traicionado por un magnífico monólogo que resulta imprescindible para moldear el mensaje que pretende dar el film.

La grandeza del final de A ghost story es que SPOILER jamás sabremos lo que dice la nota que lee el fantasma (no hay contraplano). Algo parecido al susurro final entre Bill Murray y Scarlett Johansson en “Lost in translation” (en la versión original). Desde un “Gracias por todo, te querré siempre” a un “Lo siento pero tengo que empezar de nuevo”. El fantasma errante cierra su particular círculo metafísico.

El tema musical elegido para la escena es magnífico. Daniel Hart abandona el folk para ofrecer una melodía electrónica que desprende liberación y también partida. Un tributo a esos hogares cuyos recuerdos y vivencias perduran a través de la eternidad. Secretos, heridas y nostalgia ocultos tras unas paredes que siempre significarán algo.

A ghost story” es una obra maestra absoluta que rezuma poesía y sensibilidad e invita a una necesaria reflexión. Lo mejor visto en el festival.




BRAWL IN CELL BLOCK 99 (S. Craig Zahler, 2017)

Bradley es un ex-boxeador con un matrimonio a punto de romperse que pierde su empleo como mecánico de coches. Debido a esta sensación pesimista, acaba decidiendo que su mejor opción es trabajar para un viejo amigo como traficante de drogas. Esta decisión mejorará su vida hasta que se ve envuelto en un tiroteo entre la policía y sus aliados; situación que le acaba llevando a la cárcel.

Si hay dos films que debieron arrasar en Sitges 2017 y salieron poco premiados (para mi gusto) fueron “A ghost story” y “Brawl in cell block 99“. Tras la notable “Bone Tomahawk“, S. Craig Zahler abandona el western propiamente dicho, con toques de terror, para adentrarse de lleno en el grindhouse de los setenta con un film polvoriento, radical, sórdido, suicida y tremendamente violento.. que curiosamente (en el fondo) también posee elementos del western más clásico. El trabajo de Vince Vaughn como Bradley es absolutamente espectacular, un auténtico tour de force que mereció alzarse con el premio al mejor actor en Sitges’17, conteniendo emociones a lo largo de todo el metraje hasta la catarsis final, cargando por completo con el peso del film y en el que rebienta cabolos y parte fémures en modalidad 24×7. Un auténtico descenso a los infiernos carcelarios por amor verdadero. Auténtica entrega incondicional.

A parte de Vaughn, tenemos un elenco de secundarios a cual más siniestro y perturbado (Udo Kier, Don Johnson) que dan forma a una historia tan fascinantemente bizarra como imposible. Un noir de serie B excelente, de culto instantáneo, destinado a aquellos que sepan divertirse con esos films que van a contracorriente.




THE KILLING OF A SACRED DEER (Yorgos Lanthimos, 2017)

Steven es un eminente cirujano casado con Anna, una respetada oftalmóloga. Viven felices junto a sus dos hijos, Kim y Bob. Cuando Steven entabla amistad con Martin, un chico de dieciséis años huérfano de padre, a quien decide proteger, los acontecimientos dan un giro siniestro. Steven tendrá que escoger entre cometer un impactante sacrificio o arriesgarse a perderlo todo.

Tras su exitosa proyección en Cannes, llega la nueva y esperada obra de Lanthimos que, después de las excelentes y personalísimas “Canino“, “Alps” y “Langosta“, supone todo un acontecimiento para el cinéfilo más curtido. Estamos ante un film verdaderamente perverso, de un frialdad casi clínica, que a través del hieratismo y la contención consigue generar un mal cuerpo en el espectador tremendo. Una tragedia griega de proporciones descomunales en donde Lanthimos potencia un malrollismo subterráneo que ya se vislumbra desde los primeros minutos del film, hurgando en la herida más dolorosa y siniestra que unos padres puedan sufrir.

Una venganza a fuego lento que aúna surrealismo, auténtico terror sin concesiones y pinceladas de humor macabro, que desangra a una familia sistemáticamente mientras el espectador se retuerce en su butaca. La cinta posee numerosos planos cenitales (mostrando lo diminutos que pueden llegar a ser los humanos al no tener el control de una situación), encuadres imposibles, influencias claras de Luis Buñuel y Stanley Kubrick, momentos impactantes como toda la parte final, escenas surrealistas que funcionan a modo de contraste (la aceptación y normalización de la muerte y la desgracia doméstica, el uso nada gratuito de los temas musicales,..) y una puesta en escena milimétrica. Tan incómoda como retorcida. Una de las joyas del festival que mereció mejor suerte en el palmarés.




TERMINATOR 2: JUGDEMENT DAY 3D (James Cameron, 1991)

Sarah Connor, la madre soltera del rebelde John Connor, está ingresada en un psiquiátrico. Algunos años antes, un viajero del tiempo le había revelado que su hijo sería el salvador de la humanidad en un futuro dominado por las máquinas. Se convirtió entonces en una especie de guerrera y educó a su hijo John en tácticas de supervivencia. Esta es la razón por la que está recluida en un manicomio. Cuando un nuevo androide mejorado, un T-1000, llega del futuro para asesinar a John, un viejo modelo T-800 será enviado para protegerle.

Justamente después de ver la excelente última obra de Lanthimos, nos dispusimos a disfrutar de un evento único: el pase en 3D de la remasterización de “Terminator 2“. Una película que no veía en cine desde aquella inolvidable velada en 1991 cuando fui con mi padre al cine Comedia (Barcelona). La copia en calidad 4K era un escándalo, nunca antes se había visto tan bien este film de James Cameron y el efecto estereoscópico en postproducción es excelente (lo mismo ocurrió con “Titanic“, otra conversión ejemplar). A pesar de que la primera “Terminator” no recaudó demasiado dinero, amasó lo suficiente como para que la Carolco le diera carta blanca a Cameron para llevar a cabo su secuela, un film que mejoraba en todos los apartados a su antecesora aunque también es cierto que carecía de ese reivindicable espíritu B. La película obtuvo un rotundo éxito cuando se estrenó en el 91 y también arrasó en los videoclubs y en la posterior venta directa una vez acabada la -por aquel entonces- extensa ventana de seguridad.

Estamos hablando de una de las obras capitales de la ciencia-ficción de los años 90, con una historia estupendamente construida (volver a mandar un T800 pero esta vez para proteger en vez de eliminar, no deja de ser muy perverso), algunas de las mejores escenas de acción jamás rodadas (la persecución de camión, la liberación de Sarah Connor del centro psiquiátrico, la presentación de los dos terminators o el emotivo final), un casting perfecto (Arnold Schwarzenegger, Linda Hamilton y un jovencísimo Edward Furlong bordan sus papeles) y con unas frases de guión tremendamente icónicas y lapidarias que ya forman parte del imaginario colectivo. La reflexión / crítica final que hace Sarah Connor (“El futuro desconocido rueda hacia nosotros. Por primera vez lo afronto con un sentimiento de esperanza. Porque si una máquina, un Terminator, puede aprender el valor de la vida humana, tal vez nosotros también podamos.“), de chapeau.




78/52 (Alexandre O. Philippe, 2017)

Fue a principios de los sesenta, cuando el maestro del suspense dejó que la protagonista de su nueva película muriese pasados apenas cuarenta minutos de película, en una escena que iba a poner patas arriba el cine. Alexandre O. Philippe, un cinéfilo irredento, disecciona aquellos 52 planos de Psicosis, que supusieron un golpe de efecto narrativo y un elogio a la brutalidad hecha sugerencia.

Este estupendo documental supone toda una disección milimétrica de esos 78 planos y 52 cortes de edición que marcaron un antes y un después en la historia del cine y que cambiaron para siempre la manera en la que el espectador afrontaba el horror. El cineasta Alexandre O. Pillippe reclutó a una serie de cineastas expertos en la materia y otras personalidades (Jamie Lee Curtis, Elijah Wood, Guillermo del Toro, Danny Elfman, Peter Bogdanovich, Leigh Whannell, Oz Perkins, Neil Marshall, Karyn Kusama, Bret Easton Ellis, Richard Stanley, Walter Murch, Mick Garris, Daniel Noah, Mali Elfman, Scott Spiegel, etc..) para entablar un diálogo entorno a la famosa escena de la ducha en “Psicosis” y de todo lo que significó: la conmoción y el impacto creado en el espectador al ser testigos / vouyers de un asesinato en modo POV. Dicha pérdida, dicho crimen suponía toda una revolución y un shock para la época (hoy con Internet hubiera sido prácticamente imposible ocultarlo): la estrella del film (Janet Leight) era cruelmente acuchillada a los 47 minutos de metraje.

Como perfecto complemento al documental, tuvimos la oportunidad de asistir a un apasionante debate posterior entre Alexandre O. Philippe y Guillermo Del Toro (una autoridad en lo que a Hitchcock se refiere) en el que durante una larga hora (y en un inglés que se entendía a la perfección por ambas partes) estuvieron charlando acerca de la influencia de “Psicosis“, de toda la filmografía de Hitchcock y analizando la famosa escena del cuchillo en la ducha. Un debate didáctico, ameno y sumamente enriquecedor. Y es que todas las charlas, conferencias y masterclasses que imparte el señor Guillermo Del Toro (sean o no acerca de Hitchcock) siempre son un auténtico placer.




BEYOND SKYLINE (Liam O’Donnell, 2017)

Si eres policía, ir a comisaría para pagar la condicional de tu hijo adolescente es una dura manera de empezar el día. Pero las cosas se pondrán peor para el detective Mark Korley cuando el cielo quede oscurecido por una gran nave alienígena. Junto al líder de una especie de resistencia clandestina que se ha formado de forma espontánea después de que los extraterrestres aterrizasen en la Tierra, Mark librará una batalla contra los invasores con el fin de lograr rescatar a su hijo desaparecido y reestablecer el orden en la ciudad.

En 2010 sin apenas promoción previa se presentó en la cartelera “Skyline“, una cinta de ciencia-ficción de bajo presupuesto francamente floja, que decepcionó a la gran mayoria de los pobres espectadores que pagaron por verla. No sólo era un problema de precariedad de la producción (se notaba en los FX una barbaridad e incluso en la cutre textura de la imagen) sino que también cometía un fallo garrafal en este tipo de películas: tomarse demasiado en serio a sí misma. Siete años después nos llega una secuela que absolutamente nadie pidió pero que sorprende por su desmelenado cocktail de acción, gore, aliens, cerebros arrancados de cuajo y artes marciales. Y es en la diversión y en la falta aplastante de pretensiones donde justamente radican las mejores armas de esta scifi espacial maja, resultona y sumamente dinámica, con unos Frank Grillo (el sucesor natural de Charles Bronson en la serie B actual) e Iko Uwais (saga “The Raid“) en absoluto estado de gracia. Cinta 100% festivalera.




MUSE (Jaume Balagueró, 2017)

Samuel Salomon, profesor de literatura, no pisa la universidad desde la trágica e inesperada muerte de su novia. Samuel sufre una recurrente pesadilla donde una mujer es brutalmente asesinada a través de un extraño ritual. De repente, la misma mujer que aparece todas las noches en su mente es hallada muerta en idénticas circunstancias a las de su sueño. Samuel se cuela decidido en la escena del crimen para averiguar la verdad, y conoce a Rachel, una joven que asegura haber soñado con el asesinato. Juntos, harán todo lo posible para descubrir la identidad de la misteriosa mujer, sumergiéndose en un oscuro mundo gobernado por las musas que han inspirado a los poetas de todos los tiempos.

Tras dejar atrás ya de forma definitiva la exitosa saga “[REC]“, el cineasta catalán Jaume Balagueró recupera la fórmula de thriller de investigación que tan buenos resultados le dio en productos como “Los sin nombre” (“Darkness” o “Frágiles” están un escalón por debajo) aunque en esta ocasión con un enfoque mucho más fantástico y clásico. Resulta complicado valorar la película ya que por un lado tiene apuntes francamente interesantes (cómo -a través de unas inquietantes musas- utilitza el lenguaje poético para infectar y sembrar el caos en una sociedad) y por otro elementos que chirrían (cierto tufillo telefilmesco a la hora de resolver algunas subtramas o un cambio respecto al libro sobre un personaje clave que hará que el espectador mínimamente hábil descubra el pastel antes de tiempo). La película posee una factura bastante decente, con buenos encuadres y una fotografía de Pablo Rosso estupenda, y consigue inquietar sobre todo en su tramo final. Es en el resto del metraje es donde se muestra más irregular surgiendo serios problemas de ritmo. Del casting a destacar un convincente Elliot Cowan y la breve aparición de Christopher Lloyd, que últimamente parece abonado al cine fantástico o de terror (“Piraña 3D“, “I Am Not a Serial Killer“). Manuela Vellés hace un breve pero importante papel y la aparición de Leonor Watling es meramente testimonial.




SWEET VIRGINIA (Jamie M. Dagg, 2017)

Sam es un antiguo campeón de rodeo, que ahora vive apartado en un pequeño pueblo de Alaska, donde regenta un motel. Un sangriento atraco acabado en homicidio lo introducirá en una espiral de secretos y violencia, en este thriller con aires de neowestern, protagonizado por Joe Bernthal, Imogen Poots, Rosemarie DeWitt y un temible Christopher Abbott.

Sweet virginia” es un thriller rural contenido, cuyos acontecimientos se van produciendo a fuego lento y que nos narra una historia bien sencilla: un asesinato por encargo que acaba en un triple crimen. Se acepta su propuesta de drama minimalista mezclada con suspense, pero eso no quita que la película presente algunos problemas: las motivaciones que mueven a los personajes y cómo se producen los hechos están bastante cogidas con pinzas y el desarrollo de ciertos personajes resulta insuficiente a todas luces.

En definitiva, estamos ante un pausado western disfrazado de thriller, lleno de losers y sueños rotos, con una buena realización y unas actuaciones convincentes, sobre todo la del emergente Joe Bernthal y la de un inquietante Christopher Abbott (y eso que su personaje podría haber estado mucho más explotado). La película sabe mantener la tensión a través de la dilatación del suspense y de esas grietas sugerentes que el espectador debe resolver. Lástima que el climax final sepa a poco.




THE VILLAINESS (Byung-gil Jung, 2017)

Desde la infancia, Sook-Hee ha sido entrenada para convertirse en una asesina sin piedad. Cuando Madame Kwon, la jefa del servicio de información de Corea del Sur, la recluta como agente durmiente, le ofrece una segunda oportunidad. “Danos diez años de tu vida y tendrás tu libertad”. Su nueva identidad es Chae Yeon-Soo, una actriz de teatro de 27 años. Con la promesa de una libertad completa a cambio de servir a su país durante diez años, Sook-Hee emprende una nueva vida. Para esta mujer que ha vivido como asesina, llevar una existencia normal no resulta una tarea sencilla. Pero cuando dos hombres entran en su vida, los secretos de su pasado serán desvelados.

Durante los últimas décadas Corea del Sur se ha convertido en un exportador de thrillers de gran calidad. Cintas como “I saw the devil“, “Oldboy“, “Sympathy for Mr. Vengeance“, “The chaser“, “Memories of murder“, “The yellow sea“, “Sympathy for Lady Vengeance” o “Nameless gangster” así lo demuestran. Byung-gil Jung llegó a Sitges 2017 con dos películas bajo el brazo: “Confession of murder” (2012), que se pudo ver en Brigadoon, y la que comentamos en estas líneas: “The villainess“.

Estamos ante un buen thriller de venganza, con escenas de acción magníficas y sumamante frenéticas pero con una trama algo confusa y unos personajes que requerían un mayor desarrollo y un tratamiento más concreto. En el apartado de set pieces tenemos algunas verdaderamente memorables como el sublime plano secuencia inicial en vista subjetiva deudor de los videojuegos FPS o las suicidas escenas de carretera (tanto la del ataque con katanas entre motos como la que va la protagonista va en coche y acaba subiéndose al furgón/autobús). Escenas muy vibrantes (en parte gracias al uso de microcámaras del estilo GoPro), viscerales y violentas, que cambian de punto de vista constantemente (subjetivo y desde fuera) y que se erigen como una de las más potentes, delirantes y salvajes vistas en todo 2017. Sin embargo la mejorable calidad y el notorio movimiento en la imagen hacen que prefiera las action set pieces del díptico “The raid“, no sólo no son tan mareantes sino que a la vez poseen un montaje más pulido.

El problema viene a nivel argumental. Tenemos una historia bastante confusa y caótica, con algunos agujeros de guión, giros inverosímiles, elementos metidos con calzador y que en cierto tramo cae en el melodrama romántico más chusquero y edulcorado (no será ni el primero ni el último thriller asiático que peca de lo mismo), que supone un pegote importante. Aparte de todo eso, lo que nos cuenta el film tampoco es nada especialmente original y lo hemos podido ver en cintas como “Kill Bill Vol. 1“, “Lady snowblood” o “Nikita“. Al menos se ha de reconocer su acierto en cómo enfoca a la élite de asesinas y cómo construye a los personajes femeninos, ni recurriendo al feminismo radical ni masculinizándolas.

La tradición coreana con el thriller tiene cuerda para rato y en “La villana” volvemos a tener otra cinta con escenas de acción memorables que harán el deleite de los fans más acérrimos de las hostias y el ketchup. Sin embargo el desarrollo de la historia, algunos personajes desdibujados y mal definidos (sobre todo los masculinos) y ese lamentable y gratuito giro hacia el melodrama (todo para justificar de forma muy torpe lo que vendrá después) le hacen restar puntos.




MOM AND DAD (Brian Taylor, 2017)

Si hubo una película demencial, delirante y totalmente desfasada en Sitges 2017 esa fue “Mom and dad“, una especie de thriller distópico alocado que narra cómo una misteriosa epidemia en forma de locura masiva provoca que los padres ataquen violentamente a sus hijos. En ningún momento se pretende dar una explicación a lo que está ocurriendo y ni falta que hace. “Mom and dad” se ha de disfutar sin prejuicios ni malas interpretaciones (que nadie venga con una lectura del film tan superficial e incorrecta alrededor del maltrato infantil porque no viene a cuento). Estamos ante un auténtica marcianada que funciona muy bien a modo de home invasion movie o zombie movie … pero con los propios progenitores como amenaza. Selma Blair intenta dar el pego como mamá asesina, pero sobre todo hay que destacar a un Nicolas Cage en su salsa más hardcoreta, ofreciendo un papel tan pasado de vueltas, tan bestia y tan delirante, que arranca más de una carcajada al espectador más curtido en el género. Otro punto a su favor es el uso de un humor extremadamente negro y políticamente incorrecto que hará las delicias de aquellos que no soportamos la creciente mojigatería que parece gobernar nuestros tiempos.

SPOILER La aciaga jornada culmina con la aparición estelar de los abuelos, y un Lance Henriksen totalmente desatado que levantó los aplausos del público asistente. FIN SPOILER Altamente gamberra, con una dirección brusca, enérgica y directa, con flashbacks que funcionan bien a modo de contraste cómico y con un guión que supone un hostiazo tremendo a la vida artificialmente perfecta de los suburbios americanos y a esas familias aparentemente normales pero en el fondo profundamente desestructuradas. Para la polémica de cierto sector puritano queda la escena del recién nacido a ritmo de “It must have been love” (Roxette) mientras la madre intenta acabar con él. Jamás hay que tomarse en serio este tipo de propuestas tan a contracorriente. Sólo por la carta blanca que tiene Cage para desatar su locura, ya merece la pena degustarla.




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