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Crónica del Festival de Sitges 2017 – Parte I

El pasado jueves 5 de octubre arrancó el 50 aniversario del festival de cine fantástico y de terror de Sitges con la figura de Drácula (mito por excelencia del fantástico y aprovechando los 25 años del estreno de una película tan definitiva y redonda como “Drácula de Bram Stoker” de Francis Ford Coppola) como gran leit motiv. Una edición histórica, con nuevo logo, un día extra de festival (retomando los 10 días de antaño) una programación de lo más variopinta y una selección de estrellas importante (Guillermo Del Toro, padrino de este 50 aniversario, Susan Sarandon, gran premio honorífico, William Friedkin, Johnnie To, Frank Langella, etc…). Una lástima que al final no pudiera venir Yorgos Lanthimos, alguien para el pase de “Terminator 2 3D“, ni se hiciera el evento de “Stranger Things” Temporada 2, con Millie Bobby Brown y Noah Schnapp.

Empezamos la crónica del festival de Sitges 2018 con 15 interesantes propuestas que abordan toda clase de géneros y estilos:


THE SHAPE OF WATER (Guillermo Del Toro, 2017)

En un inquietante laboratorio de alta seguridad, durante la Guerra Fría, se produce una conexión insólita entre dos mundos aparentemente alejados. La vida de la solitaria Elisa (Sally Hawkins), que trabaja como limpiadora en el laboratorio, cambia por completo cuando descubre un experimento clasificado como secreto: un hombre anfibio (Doug Jones) que se encuentra ahí recluido.

La forma del agua” son muchas películas en una misma: la reivindicación de lo diferente, la (in)comprensión en tiempos difíciles, el amor inesperado, libre y sin prejuicios, la indescriptible forma de un sentimiento independientemente del sexo o raza, héroes anónimos, inadaptados sociales que se crecen con la unión, pasteles rellenos de ilusión utópica, el poder comunicativo de la música, la monstruosidad de ciertos humanos y la humanidad de ciertas criaturas y ante todo, un poema acerca de la compasión y el amor a priori imposible entre un ser acuático y una princesa sin voz.

Tras la brillante “La cumbre escarlata” y la divertidísima “Pacific Rim“, el cineasta mexicano Guillermo Del Toro firma posiblemente su obra más personal, donde todos y cada uno de los géneros que toca (terror gótico, musical, drama, romántico, etc..) fluyen a la perfección gracias al virtuosismo formal al que nos tiene acostumbrados, a una fusionada partitura de Alexandre Desplat y a una fotografía asombrosa de tonos azulados y verdosos con abundantes planos a contraluz, que recuerda mucho a la vista en algunas obras de Jean-Pierre Jeunet como “La ciudad de los niños perdidos“. Un film acerca de toda sociedad que rechaza a una minoría única y extraordinaria, acostumbrada a vivir en las sombras y a sufrir el desprecio ajeno, de la rebelión del escalafón más bajo en la pirámide laboral contra el poder establecido de toda una corporación maléfica, y de la reivindicación de la mujer como figura independiente y totalmente avanzada a unos tiempos retrógrados.

Las escenas de sexo (ya sea masturbación y posteriormente SPOILER con la criatura FIN SPOILER) resultan un tanto forzadas y metidas con calzador. Es evidente la importancia del acto sexual, de la unión de dos cuerpos, en esta relación tan peculiar, pero creo que el problema radica en que el romance no está del todo bien desarrollado por parte de Del Toro, faltan minutos de metraje para que el espectador se acabe de sentir 100% identificado con el amor que sienten ambos personajes. De tan sutil que pretende llegar a ser, a la postre carece del alma necesaria.

Por lo demás estamos ante una película asombrosa tanto en lo formal como en lo narrativo (si le perdonamos lo anteriormente comentado), con multitud de referencias (el clásico de la Universal “El monstruo de la laguna negra“, los mitos de Sansón (un renacido cabello asociado al regreso de la fuerza y la valentía) y Tántalo (la tentación insatisfecha), entre otros…) y que como ya pasara en “La cumbre escarlata“, de nuevo con un final tan elegante como sumamente delicado. Romanticismo en estado puro.

Un fábula llena de códigos, mucho más adulta de lo que parece y una elección perfecta para inaugurar un festival como Sitges.




TRAGEDY GIRLS (Tyler MacIntyre, 2017)

Sadie y McKayla están tan obsesionadas con las redes sociales que han decidido urdir un macabro plan: secuestrar a Lowell, un asesino en serie, para que las adiestre en el arte del horror y poder, así, petarlo en internet. Al principio, todo va según previsto, pero cuando las cosas se tuerzan y Lowell quede libre, a las autodenominadas “chicas trágicas” no les quedará más remedio que reconsiderar su plan.

Aunque a priori y tras ver el trailer podía recordar a propuestas mucho más estimulantes (aunque también algo caóticas) como “Detention“, “Tragedy girls” se queda a medio camino entre un slasher al uso y una comedia teen en la era Instagram (si queréis ver las secuelas de una adicción heavy a esa red social, echar un vistazo a “Ingrid goes west“). Tiene momentos buenos, como los que aparece el personaje de Josh Hutcherson, que por cierto también formaba parte del casting de “Detention“, o ciertas escenas con humor negro y generoso ketchup, pero a medida que avanza el metraje se vuelve algo repetitiva y se empiezan a ver las costuras a una fórmula no tan novedosa como nos la pretenden vender.

Sin embargo es innegable que estamos ante un film bastante entretenido, dinámico, desvergonzado y con momentos de humor macabra deliciosamente delirantes. El problema radica en que la historia no de para 90 minutos.




THE ENDLESS (Justin Benson & Aaron Moorhead, 2017)

Años atrás, los hermanos Justin y Aaron lograron escapar de la secta donde se habían criado. Ahora, malviven en un apartamento de Los Ángeles, hasta que un día reciben una cinta de vídeo de aquella secta, y a Aaron le entran las dudas de si deberían volver al campamento del que huyeron.

Con la excelente “Spring” en su curriculum y con sólo un millón de dólares de presupuesto, Aaron Moorhead y Justin Benson sacan oro con otra propuesta extraña, inquietante y poliédrica que abarca conceptos tales como los bucles y las anomalías espacio-temporales (incluyendo subbucles y bucles sobre bucles) de diferente duración dependiendo del individuo, entidades malignas que lo controlan todo, sectas a las que acuden personas vulnerables, las supuestas bondades de la vida rural y las segundas oportunidades que da la vida (recordemos que los dos hermanos llevan 10 años viviendo una deprimente y repetitiva existencia en la ciudad sin ningún tipo de aliciente o motivación, y el menor de los dos, tras ver una cinta que ha recibido por correo, decide regresar allí dónde cree que fue feliz) todo bajo un filtro fantástico de evidentes reminiscencias lovecraftianas. La película también nos habla de romper barreras, de arriesgarse y de liberarse (tanto humana como sentimentalmente -recordemos que ambos protagonistas todavía son vírgenes y carecen de habilidades sociales para la edad que ya tienen-). En el fondo, todo radica en intentar salir del círculo vicioso (metáfora) en el que se ha convertido sus vidas. La secta funciona como una extrapolación/metáfora de su propios miedos interiores.

El complejo engranaje de horror cósmico e intangible que ofrecen el dueto de directores, está lleno de matices y detalles que enriquecen el juego propuesto al espectador. Personajes atrapados en un microcosmos donde cada uno está encerrado en un determinado loop (algunos de horas y otros de sólo 2 segundos como la terrorífica escena de suicidio cíclico en la tienda de campaña mientras suena la distorsionada voz de Edith Piaf (tema “Non, je ne regrette rien”)).

Los loops no son más que la angustia ante el sinsentido. Las personas condenadas en estos espacios de tiempo definidos e infinitos, caen rápidamente en la desesperación y desembocan en la única y rápida vía de escape que tienen aparentemente: el suicidio. Una y otra vez. Una salida que, por la propia naturaleza de la paradoja temporal, no funciona ya que lo único que consiguen es que el bucle se reinicie.

Directa al top 10 de esta edición del festival. Fascinante pieza de horror B mind-blowing.

Como anécdota comentaré que Justin Benson y Aaron Moorhead acudieron al pase de las ¡8 am! en El Retiro (venían de fiesta xD) y la presentaron. Todo un detalle para la prensa más madrugadora (a esas horas ni un sólo director/a, actor o actriz, acude a ninguna proyección) y todo un ejemplo del encomiable compromiso que tienen con el festival.




REVENGE (Coralie Fargeat, 2017)

Tres hombres casados ricos se reúnen para su juego de caza anual en el desierto. Pero esta vez, uno de ellos viene acompañado de su amante Jen, una mujer joven y muy atractiva que despierta rápidamente el interés de los otros dos. Las cosas se complican dramáticamente para ella… Dada por muerta en medio del infierno del desierto, la joven vuelve a la vida y el juego de caza se convierte en una venganza implacable.

La película arranca presentando a la protagonista femenina como un objeto, una golosina erótica al servicio de tres hombres (o al menos de dos de ellos). Incluso Coralie Fargeat la rueda de forma voluntariamente machista (siempre presentándola a través de su esbelto cuerpo o de las partes que más destacan del mismo). Tras ser violada y arrojada al vacío desde lo alto de una meseta, empieza el tour de force de Matilda Lutz. Malherida consigue sobrevivir y resucitar cual ave fénix para impartir justicia a base de hostias y escopetazos. La chica playboy ha muerto y ha nacido una guerrera que dará caza a aquellos que juegan a ser depredadores. Uno a uno irá eliminando a sus enemigos hasta llegar al excelente clímax final.

El trasfondo feminista y la reivindicación de la figura de la mujer es algo evidente en “Revenge“, sin embargo no creo que sea un film tan subversivo como algunos apuntan. La obsesión de Fargeat por los cuerpos desnudos podría deberse al hecho de que pretende mostrar el primitivismo de una sociedad caduca y machista que todavía cree que la mujer es ante todo un juguete sexual o alguien inferior en el escalafón social. A destacar varios momentos de film (el plano secuencia hacia el final de unos 5 minutos que supongo que fue cortado por temas logísticos, toda la escena de la cueva con ese “tatuaje” de la cerveza mexicana (con alas de ave fénix) y sus paranoias derivadas del consumo de drogas, las escenas nocturnas en quad y moto que son sumamente retro, la frenética persecución cíclica del final), pero sin duda el plano que realmente define a la película es el último de ella. Un plano calcado a uno visto 5 minutos antes pero con el protagonista masculino (desnudo) subido al borde de la repisa final al lado de la piscina. De alguna manera representa la conquista del trono y el sabor del poder por parte de la mujer. Incluso Jen (Mathilda Lutz) mira a cámara como diciendo sed testigos de los nuevos tiempos.

La película combina estilizadas escenas con cierto sabor retro (ralentís, importancia de los colores, etc…) con otras mucho más abruptas y de una violencia salvaje y radical que bien se agradecen en estos tiempos tan mojigatos que nos ha tocado vivir.

Estamos ante un rape & revenge majo que funciona como survival rudo y frenético aunque con una historia con elementos poco creíbles y un alegato feminista un tanto exagerado por no decir torpe (hacía tiempo que no veía a personajes/villanos masculinos tan desdibujados e inverosímiles). Aún así, posee una notable factura, buen ritmo y resulta disfrutable siempre y cuando aceptes su juego y no te la tomes demasiado en serio.




ANNABELLE: CREATION (David F. Sandberg, 2017)

Varios años después del trágico fallecimiento de su hija, un juguetero que crea muñecas y su mujer, acogen en su casa a una monja enfermera y a un grupo de niñas, tratando de convertir su casa en un acogedor orfanato. Sin embargo, los nuevos inquilinos se convertirán en el objetivo de Annabelle, una muñeca poseída por un ser demoníaco.

El fascinante universo de The Conjuring sigue expandiéndose con esta “secuela” de la estimable “Annabelle” (2014), que en el fondo es una precuela que narra los orígenes de la muñeca y cómo quedó poseída para siempre. Mientras que el primer film arrancaba de forma poderosa (la conexión con los ritos satánicos tan de moda a finales de los 60-70) era todo un acierto), pero a lo largo de la segunda mitad se recurría en exceso al susto fácil y al subidón de volumen con resultados poco satisfactorios para el cinéfilo curtido en terror, en esta segunda entrega el enfoque dado es francamente más interesante, al menos para un servidor. Habían pocas expectativas ante esta precuela, pero sorprendentemente no sólo la historia funciona mucho mejor (hay escenas realmente inquietantes en donde el suspense está dilatado con sabiduría) sino que también encaja a la perfección dentro del universo (sobre todo con “Annabelle” y el guiño a “The conjuring 2“) y además es capaz de recuperar ese tono siniestro tan característico de los films de James Wan. A destacar un par de detalles que me recordaron a “The Ring(Ringu), como SPOILER cuando encuentran el cadáver del juguetero (al revés y con los ojos hacia arriba, idéntica posición a la muerte de Hiroyuki Sanada en el film nipón) y la escena en donde una de las niñas huérfanas arroja a la muñeca al pozo. FIN SPOILER.

En otoño de 2018 se estrenará un nuevo spin-off dentro de la saga: “La monja“, y viendo el jugoso papel de ésta en la inquietante “The conjuring 2“, la cosa pinta francamente bien.




CREEP 2 (Patrick Brice, 2017)

NOTA: No leer si no se ha visto previamente CREEP (Patrick Brice, 2014).

Sara es una videoartista cuyo objetivo principal es crear intimidad con hombres solitarios que encuentra en Craigslist. Después de ver un anuncio en internet que decía “trabajo de vídeo”, va hasta una casa en medio del bosque para conocer a un cineasta que dice ser un asesino en serie. Ella lo ve como una oportunidad para crear algo artístico y accede a pasar un día entero con él, pero en realidad no sabe dónde se está metiendo.

Tras “Creep“, uno de los found footage indie más brillantes de los últimos años, regresa el inquietante personaje de Aaron, interpretado por Mark Duplass, el cual tras 40 años de disfrute hemoglobínico, entra en crisis existencial. Por ello decide grabar un documental sobre su verdadera identidad para no caer en el olvido con la ayuda de una reportera necesitada de éxito en la red. La película funciona como una exploración de la psique, de la manipulación y del deseo. Es igual de divertida, aterradora, surrealista y turbia que la primera entrega aunque sin el factor sorpresa claro está, y recurre sanamente a la autoparodia homenajeándose sí misma a través de la variable femenina. Un personaje clave dentro de esta secuela que es capaz de desnudar al monstruo y llegar a su alma a través de su constancia, su paciencia y su extrema valentía. El comportamiento de Aaron sigue siendo muy inestable y altamente imprevisible. Una actitud a la postre infantil y vulnerable que esconde un traumático pasado. Muestra una estremecedora frialdad a la hora de confesar sus ¡39 crímenes! y lo narra como si de una religión se tratase que con los años ha mutado a un rutinario “trabajo”.

Lo que en un principio iba a parecer un documental tributo sobre la figura que se esconde tras “el lobo”, acaba revelándose como un paso más dentro de su colección macabra. Ya no le basta con disfrutar matando, necesita experimentar ser cazado, compartir ese sufrimiento con su víctima, para volver a empezar (recordemos su experiencia infantil como víctima).

Quizás en una tercera entrega, maestro y aprendiz vuelvan a verse las caras. Porque en el fondo a Sara le fascina la figura de él.




SCIENCE FICTION: THE OSIRIS CHILD (Shane Abbess, 2017)

Situada en una época de colonización interplanetaria, Sy Lombrok, un vagabundo con un oscuro pasado, formará una extraña alianza con Kane Sommerville, un teniente que trabaja para el contratista militar Exor. En una lucha contrarreloj, tendrán que rescatar a la hija de Kane, Indi (Teagan Croft), en medio de una inminente crisis global causada por Exor.

Aceptable scifi de serie B, con una historia francamente absurda, simple y plana (no hay por donde cogerla), con personajes muy estereotipados sin carisma alguno y situaciones mil veces vistas y con los monstruos más cutres y patéticos que un servidor haya visto en años, y que a nivel físico se podrían definir como un híbrido entre los místicos (“Cristal Oscuro“) y la tortuga Vetusta Morla (“La historia interminable“), salvando las distancias. Se agradece el esfuerzo de FX en una producción tan limitada en recursos como ésta, pero siendo realistas podrían pasar por cualquier serie del canal SYFY. En el fondo, “The Osiris Child” es un cocktail de ideas ajenas muy mal agitado y peor servido. Mal enfocado y mal desarrollado. El título amenaza con un díptico o lo que es peor, una trilogía. Esperemos que los australianos lo dejen en esta primera entrega y no atormenten más al espectador.

Una serie B descafeinada y sumamente desaprovechada, a la que le falta encanto y mala leche para ser plenamente disfrutable. De lo más flojo que se vio en Sitges 2017.




WIND RIVER (Taylor Sheridan, 2017)

Una joven agente del FBI se alía con un veterano rastreador local para investigar el asesinato de una joven ocurrido en una reserva de nativos americanos.

Si en Sitges 2016 pudimos disfrutar de un título como “Comanchería” con aquel delicioso y sumamente afilado guión de Taylor Sheridan, un año después nos llega su segunda película como director. De nuevo tenemos un thriller criminal aunque en esta ocasión se aleja de los desérticos parajes vistos en la cinta interpretada por Jeff Bridges y la acción se traslada a las montañas nevadas que rodean una reserva india. Como ocurría en la anterior obra de Sheridan como guionista, tenemos un film de investigación áspero, visceral y que va directo al grano. Pero a la vez resulta un film lleno de poesía, de verdad, de lirismo y de justicia. El paisaje, un protagonista más en la trama, es una metáfora del desencanto que sufre la zona, de la deshumanización y del racismo social y supremacía que perdura en la América profunda.

La sobriedad en la dirección de Sheridan, exenta totalmente de efectismos baratos junto a un elenco de actores y actrices en estado de gracia convierten a “Wind river” en una de las experiencias más disfrutables de Sitges 2017. Jeremy Renner y Elizabeth Olsen construyen a través de una aplastante desnudez dramática a sus respectivos personajes en un trabajo inmenso, convincente y sentido por ambas partes. De entre todos los momentos brillantes que atesora el film me quedo sobre todo me quedo con el maravilloso plano final lleno de compasión. SPOILER Ese dolor compartido. Esa mano tendida hacia la aceptación. La lealtad de una amistad pura. FIN SPOILER

Fuera del circuito de festivales, “Wind river“, una de las mejores películas de 2017, lamentablemente será un direct to TV, reafirmando la pésima situación en la que se encuentra la distribución patria y el nulo riesgo. Con el tiempo veremos si al menos consigue tener edición dvd o blu-ray o se queda como otra exclusiva más de las plataformas de VOD. Una perla que todo el mundo debería disfrutar.




THE RITUAL (David Bruckner, 2017)

Un grupo de amigos de la universidad se reúnen para emprender un viaje de senderismo por los montes nórdicos, con la finalidad de rendir tributo a uno de ellos, muerto de forma violenta en un atraco a un supermercado. Cuando se internan en el bosque, una presencia amenazante empieza a acosarles.

The ritual” es uno de los mejores y más atinados productos Netflix (producción de eOne UK) dentro de su catálogo de películas originales o rescatadas de una pésima distribución internacional. A diferencia de Cannes en donde se da la espalda a la plataforma de VOD, en festivales como Sitges o Toronto no tienen tantos prejuicios ni tantos problemas a la hora de proyectar este tipo de productos, que a la postre resultan ser francamente interesantes y de una calidad totalmente cinematográfica. Ya no sólo a nivel de películas propias de Netflix, sino también de aquellas cintas que tras un circuito en festivales especializados, no encuentran distribución fuera de sus fronteras o bien las productoras creen que no tendrá un estreno rentable y prefieren ceder los derechos a plataformas VOD. Es el caso de este film, que aunque ello seguramente le privará de una exhibición posterior en salas comerciales en algunos países (si es que finalmente se fuera a hacer, que está por ver), también hará que la vea más gente ya que estará disponible en todos los territorios donde está presente la plataforma, a nivel mundial. “Verónica” por ejemplo no hubiera llegado a tanta gente ni a tantos territorios si no fuera por Netflix, eso es así y hay que alabarlo, no condenarlo.

El peso de la culpa y los remordimientos se trasladan a los frondosos bosques de la Suecia más mitológica en una cinta donde una inquietante atmósfera y el miedo a lo desconocido gobiernan gran parte de su metraje. Un amigo al que dedicar un sentido homenaje y una travesía aparentemente plácida, parecen unas vacaciones tan sanas como necesarias (desde un plano físico y psicológico), pero todo se complica al verse obligados a abandonar el camino indicado en la ruta senderista – debido a la lesión de uno de los excursionistas- optando por coger un atajo adentrándose en pleno bosque.

Lo que inicialmente ven como algo distinto y divertido poco a poco irá mutando hacia algo pesadillesco y sumamente turbio. SPOILER Cuerpos colgados, símbolos arcanos y visiones entorno a esa carga que atormenta al personaje de Rafe Spall y de la que es imposible despojarse, unido a la amenaza de una especie de bestia gigante (o asesino) que el espectador jamás ve hasta el tramo final. En vez de recurrir al típico psicópata o familia sórdida que se dedica a dar caza a los pobres turistas que pasean por un ambiente rural, David Bruckner apuesta por llevar la historia al terreno del fantástico más simbólico y pagano presentando a una bestia espiritual de la antigua religión de los habitantes precristianos de la península escandinava, un elemento que aún hoy en día sobrevive en el folklore. El espectacular diseño de la bestia es otro de los aciertos del film.

Sin embargo, no es oro todo lo que reluce. Los personajes principales están construidos con lo mínimo, sin demasiado fondo ni personalidad que hasta parecen meros muñecos al servicio de una criatura que sí resulta destacable. Sólo Rafe Spall da un poco el pego llevando el peso dramático de la cinta, pero el resto se mueven en un nivel bastante pobre.

En definitiva, estamos ante una producción indie maja que apuesta por la sugerencia y el horror ancestral y conocedora perfectamente de su target y sus límites. Atmósfera y fotografía notables.




DOWNRANGE (Ryuhei Kitamura, 2017)

Un grupo de desconocidos viaja compartiendo coche cuando son atacados por un francotirador. Sin posibilidad de escape, deberán buscar formas de protegerse en medio de la nada. Con muy poco pero tensado más allá del límite, Ryuhei Kitamura ofrece una exhibición de poderío gore que deja boquiabierto incluso al espectador más curtido.
Atrapados en mitad de una carretera de las montañas, un grupo de amigos se convierte en el objetivo de un francotirador.

Con un limitado presupuesto y los elementos mínimos (un único escenario, personajes contados y un misterioso villano), Ruyhei Kitamura vuelve a sacar petróleo ofreciendo una cinta 100 % festivalera, bruta como pocas y con un tramo final apoteósico. El cineasta japonés siempre ha estado vinculado al género fantástico ya desde sus inicios en tierras niponas. Cintas tan destacables como “Aragami“, “Alive“, “Azumi“, “Godzilla: Final Wars“, la monumental “Lovedeath” o el fenómeno low-cost “Versus” (secuela de la no menos delirante “Down to Hell“) demostraban el carácter y la marcada personalidad tras las cámaras de este cineasta deudor del Raimi de los inicios fusionado con el Takashi Miike más extremo.

En 2008 Lionsgate le fichó para realizar un peculiar encargo que sería su carta de presentación sanguinolenta en Occidente. Se trataba de la reivindicable “Midnight meat train“, un film tan enfermizo como fascinante, de notorio sello fantástico (aunque por el trailer pueda parecer otra película más de psychokiller), con elevadas dosis de violencia y con un Vinnie Jones en absoluto estado de gracia. En España se tituló como “El vagón de la muerte” y fuera del circuito festivalero fue un direct to dvd (ni siquiera ha tenido una edición Blu-ray como merecía) y lamentablemente pasó sin pena ni gloria.

Tras el bache que supuso la todavía inédita por estos lares “Nadie vive“, volvió a Japón para firmar el live action “Lupin y el corazón púrpura de Cleopatra” y regresó a EEUU con este survival trepidante y desmelenado. A pesar de algunos problemas serios de ritmo en la parte central del film (que podrían haber lastrado el producto al completo) y de un casting francamente mediocre (hay que ver lo mal que actúan algunos de los actores y actrices), la película es un thriller a la vieja usanza: un tirador misterioso del que no conocemos absolutamente nada, ni su nombre ni su pasado ni sus motivaciones (y eso le hace mucho más inquietante), la emprende a tiros con todo coche que pasa por su zona. El asesino disfruta del vouyerismo que le ofrece la zona donde está ubicado (prácticamente ilocalizable y totalmente camuflado en la naturaleza) y de cómo sus víctimas van cayendo una a una.

No esperemos un guión extremadamente bien desarrollado ni un argumento en exceso original, Kitamura va al grano y traslada el concepto visto en “Última llamada” (Joel Schumacher, 2002) o “Pánico en el estadio” (Larry Peerce, 1976) a una carretera perdida en medio de la nada. Ante todo “Downrange” es una película honesta con el espectador, ofrece lo que esperas ver, ni más ni menos. Cine de supervivencia bruto, violento y sin concesiones a la galería, con indefensas presas y un depredador implacable, en donde cada decisión errónea es un billete directo a la muerte. La tensión generada durante gran parte del metraje, el frenético desenlace, su aplastante falta de pretensiones, el eficaz montaje, un uso del sonido contundente junto al potente score de Aldo Shllaku hacen que “Downrange” sea una experiencia hemoglobínica digna de disfrutar en un festival como Sitges. Nunca Blablacar fue tan peligroso.





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