Criticas Festivales Sitges 2018

Crónica del Festival de Sitges 2018 – Parte I

El pasado 3 de octubre arrancó el la edición 51ª del Festival de cine fantástico y de terror de Sitges con un film tan capital y esencial dentro de la ciencia-ficción (y del cine en general) como “2001: Una odisea del espacio” como gran leit motiv. Una edición histórica a todos los niveles que ha destacado por la cantidad y calidad de los invitados (Nicolas Cage, John Carpenter, M. Night Shyamalan, Pam Grier, Gareth Evans, Ed Harris, Peter Weir, Alex Proyas, Gaspar Noé, etc…) y la diversidad de eventos (concierto en el Auditori, clases magistrales, charlas, Q&A’s, etc..).

A parte de lo comentado, cabe destacar también una programación bastante equilibrada y variopinta abarcando todo clase de productos (remakes con personalidad, eighties nostalgia, comedias alocadas, experimentos psicodélicos, live actions, kaiju eigas, etc..) nacionalidades y estilos. Y por supuesto también producciones Netflix tan estimables como “Apostle” o “The night come for us“. Por suerte, Sitges no es Cannes.

Empezamos la crónica del festival de Sitges 2018 con 10 interesantes propuestas que abordan toda clase de géneros y estilos:


SUSPIRIA (Luca Guadagnino, 2018)

Susie Bannion (Dakota Johnson) es una joven estadounidense que viaja a Berlín para cursar sus estudios de danza en una de las escuelas más prestigiosas del mundo, dirigida por Madame Blanc (Tilda Swinton). El mismo día en el que ingresa en la escuela, una de las alumnas, recientemente expulsada, es asesinada. No se trata de un hecho aislado, lo que hace sospechar a la brillante estudiante sobre la implicación de la escuela en los homicidios. Su desconfianza aumenta cuando una compañera le cuenta que antes de que Pat muriera, ésta le confesó que conocía un terrorífico secreto. Remake del clásico giallo homónimo, dirigido por Dario Argento en 1977.

Afrontar un remake de un clásico del calibre de “Suspiria” (Dario Argento, 1977) es sólo para valientes, y Guadagnino lo es. No sólo por otorgar personalidad y distinción (lo que justifica esta revisión) a un producto ya de por si estupendo, sino la nueva cinta está enfocada desde otros prisma, con un trasfondo político tejido a través de una trama de suspense-terror y unos personajes bastante más desarrollados, en una Alemania mucho menos colorida que la original y de tonos industriales, húmedos y sórdidos. Es cierto que en esta versión perdemos la sugerencia y el evocador misterio de la obra de Argento (potenciado también por esos maravillosos y casi oníricos escenarios, además de una perturbadora banda sonora), pero también encontramos elementos que seducen al espectador, como la puesta en escena, el exquisito uso del sonido, el enorme trabajo de las actrices protagonistas (inmensas Dakota Johnson y Tilda Swinton) y algún que otro momento verdaderamente memorable como el montaje en paralelo en donde por un lado vemos la clase de ballet y por otro lado y de forma sincronizada vemos a una joven cómo se va contorsionando agónicamente en posturas cada vez más antinaturales, mientras sus huesos crujen, la mandíbula se le desencaja y un último suspiro gutural escapa de su cuerpo retorcido.

Oscuridad, lágrimas, espejos, rivalidad, obsesión, entrega, mutación. Magnífica película inagurual.




SUMMER OF 84 (Anouk Whissell, François Simard & Yoann-Karl Whissell, 2018)

Verano, 1984: La época perfecta para tener 15 años y ser libre. Pero cuando un teórico de las conspiraciones empieza a sospechar que su vecino policía podría ser el asesino en serie que sale en las noticias, él y sus tres mejores amigos empezarán una investigación que rápidamente se volverá peligrosa.

Después del éxito de la simpática “Turbo Kid” (sobre todo en lo que a circuito de festivales se refiere), los guionistas Matt Leslie y Stephen J. Smith pensaron que Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whissell, más conocidos como RKSS, eran los directores idóneos para llevar a cabo su thriller juvenil retro. “Summer of 84” bebe de cintas como “No matarás a tu vecino” (Joe Dante), “Los goonies” (Richard Donner), “La ventana indiscreta” (Alfred Hitchcock), “Noche de miedo” (Tom Holland), incluso de otras más recientes que ya homenajaban a su manera a éstas, como es el caso de la estimable “Disturbia” (D.J. Caruso), y se enmarca dentro de esa ola de ficción nostálgica comandada por la serie “Stranger Things” (Duffer Brothers) y films como “It” (Andy Muschietti) o “The guest” (Adam Wingard) entre otros proyectos (algunos de bajo presupuesto y no menos interesantes como es el caso de “Beyond the gates” o de ese desfase ochentero llamado “Kung Fury”).

Cine muy honesto con el espectador que a parte de ser puro fan-service, es decir, un concesión nostálgica al cinéfilo madurito (nunca nos cansaremos de productos que homenajean desde el cariño y el respeto a esa época dorada) con tributos por doquier y unos cuantos clichés (porqué no decirlo), posee un final con mucha más perturbador de lo que cabría esperar. Un slasher juvenil majo, muy entretenido y con una dirección algo más pulida que su anterior película.

Como anécdota comentar que los dos directores y directa del film, una vez terminadas las proyecciones en el festival, daban un sentido abrazo a todos los asistentes de la sala. Un detalle cercano con los fans del fantástico que se agradece y les honra, sin duda.




MANDY (Panos Cosmatos, 2018)

Red (Nicholas Cage) es un leñador que vive alejado del mundo junto al amor de su vida, Mandy (Andrea Riseborough). Un día, mientras da un paseo abstraída en una de las novelas de fantasía que suele leer a diario, Mandy se cruza sin saberlo con el líder de una secta que desarrolla una obsesión por ella. Decidido a poseerla a cualquier precio, él y su grupo de secuaces invocan a una banda de motoristas venidos del infierno que la raptan y, en el proceso, hacen añicos la vida de Red. Decidido a vengarse y equipado con toda clase de artilugios, pone en marcha una matanza que deja cuerpos, sangre y vísceras allá por donde pasa.

Mandy” era uno de los platos fuertes de la programación y había mucha expectación por verla y disfrutarla en pantalla grande. A parte de la inolvidable visita del gran Nicolas Cage (por cierto, estupendo discurso que dio al recoger el premio honorífico a su carrera), ya convertido en actor de culto, y el cineasta Panos Cosmatos, degustar esta película en el pantallón del Auditori fue toda una experiencia lisérgica difícilmente superable en el Festival. Auténtico y grindhouse experimental con un estilo visual y un trabajo con el sonido fascinante (atención a la BSO del malogrado Jóhann Jóhannsson), una hipnótica belleza y 100% autoconsciente de su target. Psicodélica y delirante revenge movie con un inmenso Nicolas Cage en uno de los mejores y más genuinos papeles de su carrera (la escena del baño es desnudez dramática en estado puro. Un plano sin cortes que rebosa dolor e impotencia).

Un viaje alucinógeno hacia un cine único, valiente y con gran personalidad autoral.




UPGRADE (Leigh Whannell, 2017)

Tras quedar paralítico y viudo en un brutal atraco, Grey Trace recibe la visita de un inventor que le ofrece una cura experimental para “actualizar” su cuerpo. Este implante de inteligencia artificial le otorgará habilidades físicas fuera de lo de natural, y la posibilidad de vengarse de quienes arruinaron su vida. Una visión ultraviolenta del futuro, de los productores de Déjame salir y The Purge.

Blumhouse deja aparcado temporalmente el género de terror, y otros productos mixtos (como puede ser el díptico de “Feliz día de tu muerte“) para adentrarse de lleno en el terreno de la ciencia-ficción con este este estupendo producto que reflexiona acerca de los peligros de una tecnología avanzada que es capaz de abrirse camino abandonando su eterna condición de herramienta al servicio de sus creadores. Una revenge movie en clave scifi, de casi indetectable ajustado prespuesto (Whannell es lo suficientemente inteligente como para apostar por un rodaje y montaje más artesanales, acercándose más a una estética años 80 (aunque sin perder el ligero toque de modernidad, para reflejar bien un tiempo futuro) y evitar ese horrible abuso actual que hay de los background croma, cuya integración muchas veces es altamente deficiente, y los efectos digitales que están hasta en la sopa.

Un thriller en clave cibernética con claros ecos a cintas como “Terminator” (argumento muy similar en algunos puntos), “Robocop” (evidentes las similitudes) y “Gattaca” (también veo puntos en común con el magnífico film de Niccol).




AU POSTE! (Quentin Dupieux, 2018)

Lo que empieza siendo un rutinario interrogatorio se acaba convirtiendo en un auténtico caos cuando una pareja de policías protagonizan una serie de retorcidos eventos repletos de extraños asesinatos y de humor negro.

Lo nuevo del gran Quentin Dupieux, autor de las magníficas “Rubber” y “Wrong” entre otras, es una delirante comedia absurda que juega sabiamente con los mecanismos de la estructura narrativa. Una sutil a la par que desternillante aproximación al realismo absurdo que en 73 minutos (a lo Tourneur) y con un único escenario (puesta en escena muy teatral), es capaz de tejer una trama tremendamente entretenida, con momentos verdaderamente desternillantes, diálogos ágiles, personajes voluntariamente ridículos y que supone una exploración desde el más absoluto talento acerca de las múltiples capas que alberga una hecho.

Eso sí, en el pase matinal de la sala Tramuntana muchos tuvimos que seguirla con los subtítulos en inglés quemados en la imagen ya que los que incluyeron en castellano y catalán eran ilegibles (blancos sin sombra y sobre fondo claro) durante gran parte de la proyección.

Uno de los films más accesibles y abiertamente comerciales (sin renunciar a su autoría tan marcada) del cineasta francés.




APOSTLE (Gareth Evans, 2018)

Es el año 1905. Thomas Richardson viaja a una isla remota para rescatar a su hermana, que ha sido secuestrada por una misteriosa secta religiosa que pide un rescate por ella. A medida que se introduce en la comunidad, Thomas descubrirá peligrosos secretos.

A diferencia del festival de Cannes, en Sitges no se ningunea a ningún por su procedencia o al mercado al que va destinado. Las producciones de plataformas VOD ya sea Netflix o Amazon tienen cabida en el Festival e incluso en un futuro no muy lejano seguramente veremos a alguna película de Netflix u otra plataforma inaugurando o clausurando el certamen.

Tras el apabullante díptico de “The Raid” (dos de las mejores películas de acción de la historia del cine, sin exagerar), Gareth Evans gira el timón 180 grados y se apunta al folk horror al más puro estilo “The wicker man” en una cinta donde la puesta en escena, unos escenarios y un vestuario muy cuidados, las pinceladas gore de rigor y una textura británica, sucia e incómoda convierten a este producto Netflix en una cinta bastante estimable pero a la postre algo irregular cuyo dilatado metraje jamás está justificado. La premisa inicial apuntaba a algo mucho más estimulante de lo que finalmente el espectador encuentra debido en parte a una indefinición patente por culpa de intentar abarcar demasiados temas.

De entre el elenco de actores y actrices destaca con luz propia un inmenso Michael Sheen que a diferencia de Dan Stevens (véase la parte final del film donde demuestra una vez más sus limitaciones como actor) resulta convincente y aborda su personaje entregándose al límite.




EL SHOW DE TRUMAN (Peter Weir, 1998)

Truman Burbank es un hombre corriente y algo ingenuo que ha vivido toda su vida en uno de esos pueblos donde nunca pasa nada. Sin embargo, de repente, unos extraños sucesos le hacen sospechar que algo anormal está ocurriendo. Todos sus amigos son actores, toda su ciudad es un plató, toda su vida está siendo filmada y emitida como el reality más ambicioso de la historia.

En pleno auge de los reality shows (en USA) y años antes de que aterrizaran masivamente en Europa (con “Gran Hermano” y “Supervivientes” a la cabeza), Peter Weir nos regaló una exquisita reflexión acerca de marionetas mediáticas y de creadores dictatoriales que se rigen exclusivamente por el share. De un personaje (Truman Burbank) cuya vida ha sido una auténtica farsa en aras de la publicidad y de la audiencia televisiva. Una historia de cómo un preso mediático se rebela y es capaz de conmover a toda ese público que aceptó un programa inhumano pero morbosamente fascinante (las cosas como son), y ganar la batalla contra ese Dios que jamás le creó pero sí de alguna manera condenó.

Una crítica feroz a los nulos valores que transmiten este tipo de shows en los que la intimidad ha dejado de ser un derecho fundamente. Jim Carrey (en su mejor actuación) alcanza la redención al dejar de cuestionarse todo aquel mundo inconexo y extraño que le rodea y actuar. Nadie puede ser esclavo de la tecnología. Un mensaje claro de Peter Weir al espectador.




JACKIE BROWN (Quentin Tarantino, 1997)

Una azafata de vuelo traspasa dinero de México a Estados Unidos para unos mafiosos, pero es detenida por unos agentes del FBI, quienes le ofrecen un trato: si les ayuda a capturar a su “empleador”, la dejarán libre y sin cargos. Tras el éxito sideral de Pulp Fiction, Tarantino dio continuidad a su filmografía con un hermoso homenaje a los relatos noir, reivindicando a Pam Grier como icono de la blaxploitation.

En la primera sesión de Sitges Classics del festival revisionamos “Jackie Brown” de Quentin Tarantino con la inestimbable presentación de su protagonista Pam Grier, vestida como si viniera del viejo oeste. Tras “Reservoir Dogs” y “Pulp Fiction”, había mucha expectación en ver lo siguiente del enfant terrible por excelencia de Hollywood, y al final resultó ser una cinta mucho más madura, que progresa a fuego lento y que con los años mejora como los buenos vinos. Es curioso lo que ha ocurrido con este film, con el tiempo ha ido poco a poco subiendo su caché (en su día hubieron ciertas voces críticas que casi la calificaron como obra menor del cineasta nacido en Knoxville (sic)) y aunque hoy en día todavía hay quien dice que es la película que le gusta menos de Tarantino, nadie duda de la tremenda calidad que atesora. Ya desde los títulos de crédito donde por cierto se marca un homenaje claro a “El graduado” enamora al espectador.

Personajes míticos (magnífico Samuel L. Jackson, un Robert De Niro desternillante, una seductora Bridget Fonda y una Pam Grier que regresaba por todo lo alto a un producto AAA aunque encapsulado en una deliciosa serie B), una realización de tono setentero extraordinaria, una parte final con un montaje de Sally Menke apoteósico, y una trama con una laberíntica estafa bien construida y mejor ejecutada.

La estupenda copia en 35mm proyectada en el Prado era propiedad de Quentin Tarantino, cedida amablemente al festival.




BURNING (Lee Chang-Dong, 2018)

Cuando hace una entrega, Jongsu (Yoo), un joven mensajero, se encuentra por casualidad con Haemi (Jun), una chica que vivía en su vecindario. La joven le pide que cuide a su gato durante un viaje a África. A su regreso, Haemi le presenta a Ben (Yeun), un joven misterioso y con dinero que conoció allí. Un día, Ben revela a Jongsu un pasatiempo muy extraño… Adaptación de una historia de Murakami.

El cine coreano es una fuente inagotable de thrillers refinados. Si juntamos a Murakami y a Lee Chang-Dong en la misma ecuación, nada puede ser mal. Estamos sin duda ante una de las propuestas más estimulantes, enigmáticas, sobrias, fascinantes e hipnónitas de todo el certamen sitgero. Uno de esos films que invita a la reflexión, te remueve por dentro y dejan tal poso que permanece en tu mente durante semanas.

Quienes esperen una trama cerrada, con todo masticado y resoluciones inmediatas y sin escala de grises, encontrará la frustración y el desengaño más absoluta. Estamos ante una historia turbia cocinada a fuego muy lento, con un guión repleto de matices, de sutiles detalles (ese gato que jamás vemos, , que desarrolla a la perfección a unos personajes aparentemente antogónicos (el protagonista de clase baja, el chico que irrumpe tras el viaje, de clase alta, y la chica que representa um punto intermedio entre ambos polos, una especie de espiritu libre y desprejuiciado) pero cuyas vidas acabaran colisionando de la forma más abrupta y dolorosa posible.

Una lección maestra de cómo ir dando forma a una historia a través de la sugerencia, los personajes, un paisaje que representa el estado de éstos y unos planos que duran el tiempo necesario para plasmar su trascendencia. La chispa de la sospecha puede generar un gran incendio y erradicar aquel que fuiste.




ASSASSINATION NATION (Sam Levinson, 2018)

Salem ya no es el de los juicios por brujería. De hecho, el Salem de los smartphones es mucho peor. El hackeo y la publicación de buena parte de la información íntima de sus ciudadanos hará que la gente de Salem pierda los papeles, desencadenando una ola de violencia que termina arrastrando a cuatro chicas, acusadas de estar detrás de este hurto cibernético y perseguidas como si fuesen brujas de nuestros tiempos.

Estupendo atinado retrato acerca de las vulnerabilidades de seguridad de las redes sociales (y la tecnología en general), el devastador impacto que conlleva un uso excesivamente íntimo y la facilidad por el linchamiento colectivo tras el anonimato digital (casi a lo acoso / delito de masas, como un “Furia” (Fritz Lang) per desde tu móvil).

El film de Levinson funciona francamente bien en su primera mitad (con ecos a otras cintas como “Detention” o “Tragedy girls” aunque con resultados superiores, dotado de un montaje dinámico, acertado look visual y unas actrices que cumplen su cometido. Menos nos convence su segundo tramo, en donde muta a lo The Purge y vira hacia un feminismo algo impostado que chirría bastante (es altamente inverosímil). Dejando de lado eso, es innegable que ese festín gore y esa radicalidad resulta muy disfrutable y entretenida y la mítica frase final de SPOILER “Todo fue por los LOL” se convirtió en uno de los eslogans del festival entre el público.

Una deliciosa a la par que contundente puyita contra los insaciables trolls digitales y una reflexión muy interesante acerca de cómo la tecnología ha afectado a la manera que tenemos de relacionarnos y ver el mundo. De su mal uso generalizado y de sus consecuencias.




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