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Escenas: “Carros de fuego” (1981)

En Gran Bretaña, en el año 1920, Harold Abrahams y Eric Lidell eran dos corredores excepcionales. Sus motivos para correr eran tan diferentes como sus pasados: cada uno tenía su propio Dios, sus propias creencias y su propio concepto del triunfo. Ambos se entrenan con un mismo objetivo: competir en los Juegos Olímpicos de París 1924.

Os dejo con la escena más iconográfica de la cinta de Hugh Hudson (que personalmente la hubiera rodado de otra manera salvo el prólogo y sus primeros segundos de los pies) que destaca sobre todo por la inolvidable partitura del gran compositor griego Vangelis Papathanassiou. La cinta nunca me ha acabado de apasionar, posee una narración bastante mejorable y un ritmo lleno de altibajos, pero es un clásico del cine deportivo.

Podemos cerrar los ojos y recordar a aquellos hombres con esperanza en sus corazones y alas en sus pies”.

Xavi Darko

Hastiado de los klingons y trolls que proliferaban en mi escuela secundaria, acabé mudándome a Tatooine, un lugar libre de trekkies en donde a pesar de los cansinos Tusken, abundaba el buen tiempo, el mercadeo y las carreras de vainas. La paz y la tranquilidad reinaban hasta que un buen día quedaron quebrantadas por la irrupción de un tipo peculiar cuyo perfil se ajustaba al de los tifosi radicales del AC Milan. Se hacía llamar Darth Maul y entre hostia y hostia me rebeló que era mi padre. Como buen desertor sith, decidí migrar a un planeta verde y fértil llamado Endor del cual fui posteriormente desterrado debido al incendio masivo de cabañas de unos cada día más insoportables ewoks. Sin ganas de más mamoneo intergaláctico, decidí volver al mundo real y escribir sobre cine, tanto del que adoro como del que aborrezco. Cuando me jubile espero vivir en Hill Valley y escribir críticas positivas de las cintas de Uwe Boll.

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