
Recordemos que la trama de “Solaris” giraba entorno a Kris Kelvin (Donatas Banionis), un cosmonauta y psicólogo que es enviado al espacio para averiguar porqué los intentos de conocer más sobre el planeta Solaris han terminado en desastre. Aparentemente, los seres queridos ya fallecidos de los tripulantes de las naves terrestres que investigan la superficie de ese planeta, se están manifestando en forma física. Todo comenzó cuando los exploradores humanos hicieron unas pruebas en el Océano de Solaris, sometiéndolo a descargas de rayos X. Fue entonces cuando el planeta les “respondió” examinando sus centros cerebrales y reproduciendo algunos de sus recuerdos en su contra. Kris llega a destino escéptico, pero cuando se le aparezca su difunta esposa Hari (Natalya Bondarchuk), se cuestionará muchas cosas.
A pesar de su consabida lentitud en las cintas, solo por las atmósferas que Tarkovsky creaba y sobre todo por esos personajes y esas historias tan psicológicas y trascendentales convirtien el visionados de cualquiera de sus films en una experiencia cinematográfica única. Su cine demanda total atención e involucración.
El caso de “Solaris“, es un claro ejemplo de ello, una historia de amor atípica convertida en ciencia-ficción psicológica que invita a una reflexión en un ámbito dentro de lo puramente fantástico. Una maravilla, os dejo con la escena final que, sin lugar a dudas, es una de las grandes de la historia del cine. Tan poética como críptica, tan fascinante como perturbadora.