
La película de Guillermo Del Toro rebosa oscuridad y cuenta con una historia vampírica casi en clave shakespeariana, con ecos a su ópera prima “Cronos” (1993), mucho más compleja e interesante que la tópica vista en la primera entrega y sobre todo, a nivel formal se aleja totalmente del aspecto un tanto videoclipero dado por Norrington apostando por tonos mucho más industriales (y oxidados) ofreciendo una obra mucho más sobria sin dejar ese lado desenfadado (con momentos deudores del anime japonés). Es más frenética, hiperbólica, sangrienta y en el fondo, más honesta con el espectador que su antecesora.
Os dejo con el verdadero final de la cinta (el cachondo epílogo con Santiago Segura no cuenta jeje) que contiene una escena poética que rebosa sensibilidad… ¡en una película de acción!. SPOILERS Podemos contemplar como Nyssa (Leonor Varela) tras haber sido mordida, decide “suicidarse” mirando por primera y última vez el sol (abrasándose poco a poco), antes de convertirse en esa nueva especie vampírica. Una inesperada y obligada despedida separándolo para siempre de su amado Blade (Wesley Snipes). FIN SPOILERS
Escena totalmente atípica en este tipo de producciones y que de haber caído en otras manos, o bien se habría quedado en la sala de montaje o bien padecería de una realización torpe. Otro acierto que tiene la escena es su ajustada duración, evitando en todo momento el sentimentalismo barato. Blade es un tipo duro, para lo bueno y para lo malo.