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Crítica: “The Conjuring” (Expediente Warren) (James Wan, 2013)

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Ed y Lorraine Warren, investigadores de renombre en el mundo de los fenómenos paranormales, son llamados por una familia aterrorizada por una presencia oscura en una granja aislada. Obligados a enfrentarse a una poderosa entidad demoníaca, los Warren se encontraron atrapados en el caso más terrorífico de sus vidas. Basada en la historia real de la familia Perron y sus encuentros sobrenaturales en su casa de Rhode Island.

Una de las mejores películas de terror de los últimos años que confirma a James Wan como uno de los realizadores más en forma del género, capaz de reformular ideas pasadas desde un discurso propio en donde la sugerencia y lo simbólico cobran gran importancia. Atmósfera cuidadísima que destila malrollismo, actuaciones muy convincentes (atención a Vera Farmiga y a la siempre estupenda Lily Taylor) y un buen puñado de escenas que se quedarán en tu retina durante mucho tiempo.

Dejando de lado a “Saw” (su película más floja con diferencia), desde “Silencio desde el mal” hasta su catapultación como autor en “Insidious” (pasando por esa brillante revenge movie que es “Sentencia de muerte“), Wan ha conseguido recuperar con personalidad un cine añejo que respetaba la inteligencia del espectador y ahondaba en los miedos más primitivos. Un cine que ya no se hacía y que merece ser recuperado.

Xavi Darko

Hastiado de los klingons y trolls que proliferaban en mi escuela secundaria, acabé mudándome a Tatooine, un lugar libre de trekkies en donde a pesar de los cansinos Tusken, abundaba el buen tiempo, el mercadeo y las carreras de vainas. La paz y la tranquilidad reinaban hasta que un buen día quedaron quebrantadas por la irrupción de un tipo peculiar cuyo perfil se ajustaba al de los tifosi radicales del AC Milan. Se hacía llamar Darth Maul y entre hostia y hostia me rebeló que era mi padre. Como buen desertor sith, decidí migrar a un planeta verde y fértil llamado Endor del cual fui posteriormente desterrado debido al incendio masivo de cabañas de unos cada día más insoportables ewoks. Sin ganas de más mamoneo intergaláctico, decidí volver al mundo real y escribir sobre cine, tanto del que adoro como del que aborrezco. Cuando me jubile espero vivir en Hill Valley y escribir críticas positivas de las cintas de Uwe Boll.

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