
Francia, siglo XVII. Athos, Porthos y Aramis son tres prodigiosos espadachines que pertenecen al cuerpo de mosqueteros del rey Luis XIII de Francia (1610-1643). A París llega un joven y valeroso gascón que ingresa en la guardia del Rey para hacerse mosquetero. Los cuatro tendrán que hacer frente a una maquiavélica conspiración urdida por el cardenal Richelieu para derrocar al rey. Adaptación actualizada de la novela homónima de Alejandro Dumas.
Paul W.S. Anderson (no confundir con ese genio llamado Paul Thomas Anderson), autor de la muy estimable “Horizonte final” pero también de auténticas pesadillas cinematográficas del calibre de “Mortal Kombat“, “Alien vs Predator” o algunas entregas de la ya cansina saga “Resident Evil“, se atreve en esta ocasión -y de nuevo en 3D- con una adaptación totalmente alocada y fuera de si de la novela de Alejandro Dumas “Los tres mosqueteros”. Y lo hace intentando emular (o directamente copiar) a exitosos blockbusters como “Piratas del Caribe” o la más reciente actualización de “Sherlock Homes” a cargo de Guy Ritchie (misma fórmula de acción pura y dura unido a pinceladas de desafortunado humor).
Con un estilo puramente videojueguil, el film se inicia en Venecia con la presentación de los cinco personajes principales: Athos (el romántico), Milady (deliciosamente manipuladora y una zorra de cuidado), Aramis (emulando a Altair de “Assassin’s Creed“), Porthos (tan bestia como auténtico) y D’Artagnan (un niñato que parece no haber roto un plato en su vida). Corrieron mejores tiempos para unos mosqueteros medio retirados, cansados de no encontrar causas justas con las que involucrarse y que ahora malgastan su tiempo degustando jamón serrano y bebiendo vino en casa. D’Artagnan por su parte se traslada a París para alistarse en el más prestigioso cuerpo militar: los Mosqueteros del Rey. Y es llegar a la capital y empezar a hacer amigotes. Tres empujones sin querer (por las prisas de encontrar al tío que ha insultado a su caballo (sic)) es suficiente para retar a muerte a dichos mosqueteros en un mismo lugar pero a diferente hora. De ese duelo triple que finalmente se convertirá en una lucha (con innecesarias ralentizaciones post Matrix y con un acabado ciertamente cutre) contra los guardias del Cardenal Richelieu que amenazan con arrestarlos porque los duelos están prohibidos por decreto real, se establecerá una amistad duradera y fiel entre el joven gascón y el trío Calatrava. Sobre el torpe romance entre D’Artagnan y Constance me reservo mi opinión incendiaria.
No menos interesante es Rochefort, agente del cardenal, interpretado por el siempre eficiente aunque un tanto hierático en esta ocasión Mads Mikkelsen. Resulta curioso que en cinco años el actor danés haya hecho cuatro films en donde encarne a un tuerto o ciego: “Casino Royale” (Martin Campbell, 2006), “Valhalla rising” (Nicolas Winding Refn, 2009), “Furia de titanes” (Louis Leterrier, 2010) y la cinta que comentamos en estas líneas. Según Paul W. S. Anderson, le costó contratarle porque temía que fuera a encasillarse en este tipo de papeles. Además, el cineasta británico afirma que éste es un personaje influenciado por el Lee Van Cleef de las cintas de Sergio Leone. Incluso los fotogramas congelados en las presentaciones al inicio del film, están basadas en las que abundaban en los eurowesterns, salvo que en este caso están retocadas para que parezcan pinturas.
Independientemente de sus líneas de guión y de sus licencias que toma respecto a la obra de Dumas, “Los tres mosqueteros” es una marcianada palomitera que mezcla a su antojo lo clásico con lo moderno y que posee una ambientación, un vestuario y unos decorados sorprendentemente cuidados para una cinta de este tipo. Sin olvidarnos de la notabilísima (aunque en ocasiones algo machacona) música de Paul Haslinger que suena muy Media Ventures -en esta ocasión para bien- y que parece una especie de variación del score de Hans Zimmer / Klaus Badelt para la saga piratil de Bruckheimer, incluyendo algunos elementos sospechosamente similares.