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Crítica: “Xiao Wu” (Jia Zhang-Ke, 1997)

xiao_wuJia Zhang-Ke, tras haber fundado dos años antes la sociedad de cine independiente más importante de su país: Youth Experimental Film Group, rueda el film insignia de la sexta generación, su ópera prima: Xiao Wu (1997). Rodada en 16mm, con actores no profesionales y con una realización cercana al documental, sería como la Tierra amarilla[1] de la nueva Generación.

Una cinta autobiográfica en dos sentidos, por un lado en el sentido más literal, llena de recuerdos, lugares, vivencias y experiencias del propio cineasta vertidas en la cinta (recordemos su turbio pasado en su adolescencia) y por otro lado como cineasta, como si fuera un Xiao Wu (metáfora del cine clandestino) frente a ese mundo capitalista que no comprende y no alcanza (metáfora de la cinematografía oficial y opulenta).

Xiao Wu narra las desventuras de un carterista homónimo de Fenyang que no encuentra su lugar en el mundo, inadaptado a unas mutaciones que discurren a una velocidad inalcanzable e incomprensible para él y que se arrastra y vagabundea por las calles ahogado en la tristeza y la extrañeza. Un personaje sin futuro, aferrado a sus orígenes[2] y que no parece progresar o adaptarse a las nuevas situaciones como algunos de sus ex-compañeros de negocio.

Jia Zhang-Ke, como Bresson en Pickpocket (1959), nos presenta primero sus manos (su arma) para luego presentar su cuerpo. También durante el hurto inicial (todo un guiño a la cinta francesa) parece que estemos viendo a Martin Lasalle cometer uno de esos robos tan característicos y sigilosos. Una cinta de mucha fisicidad y con unos planos secuencia larguísimos en donde parece que sigamos desde atrás al carterista, como si la cámara documentara y recogiera una historia plenamente verídica sin ficción alguna.

Hay numerosos puntos en común entre Xiao Wu y Pickpocket. A parte de los comentados, ambos personajes parecen encerrados en su mundo, buscan su lugar intentando sobrevivir y ambos acabaran de igual manera: apresados y con relaciones amorosas imposibles. Pero mientras en la cinta de Bresson, el carterista realiza su “trabajo” por creerse superior y querer sentir ese riesgo en la vida a costa de todo, Xiao Wu, es un personaje menos psicológico y más anti-héroe si cabe, mucho menos perfecto y más a la deriva. Sería como un aprendiz de aquel Michel de la cinta francesa.

Xiao Wu es un artesano del robo y cabeza de un grupo de ladrones a los que explota y no aprecia, pero a la vez es un chico solitario, inseguro, enamoradizo y un hijo rebelde dentro de una familia rural. Dependiendo del contexto y del entorno adoptará una de esas identidades distinta. El personaje también representa a toda una generación con una identidad elusiva y espectadores de un cambio incesante.

Como apunta Kevin Lee en su artículo sobre el cineasta chino para la website Senses of Cinema, “Jia asume su identidad de alter ego (Xiao Wu en pantalla) para “robar” estilos cinematográficos de otros realizadores como Bresson, Godard o De Sica“. En la cinta podemos ver referencias a films como Al final de la escapada (1960), de Jean-Luc Godard (en su final), Ladrón de bicicletas (1948), de Vittorio De Sica, pero sobre todo a The Boys from Fengkuei(1983), de Hou Hsiao-Hsien. El film del realizador taiwanés retrata ese espíritu juvenil, evoca esos sentimientos sencillos y personales y habla sobre su experiencia vital de la misma forma que Zhang-Ke en su film. Podemos decir que la cinta de Hsiao-Hsien inspiró claramente a Zhang-Ke en su ópera prima.

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El toque surrealista de la cinta (veremos que en su filmografía casi siempre hay un lugar para el surrealismo o la existencia de escenas que rompen con todo lo anterior) es la escena tomada del film The killer (1989), de John Woo, que no vemos pero oímos, usándolo como una comparación entre el antihéroe de la trama (Xiao Wu) y el de los heroic bloodshed, además como homenaje a la mítica cinta y crítica de la influencia televisiva en China. La importancia de la música en el cine de Jia Zhang-Ke ya está presente en Xiao Wu, ejemplo de ello es la abundancia de escenas de karaoke (con todas esas canciones pop de tanto éxito en su país). Es uno de los elementos de comunicación entre sus personajes más representativos de su cine.

Como decía anteriormente, Zhang-Ke adopta el papel de alter ego con Xiao Wu, en su manera de rodarle, pero no solo para “robar” estilos cinematográficos como comentaba Kevin Lee, sino también para situarse literalmente como una sombra del personaje, siguiéndole en sus planos secuencia preferentemente desde atrás.

Jia prefiere que sus actores no lean el guión, busca la improvisación, la naturalidad y evita que todo parezca forzado y que los actores parezcan acotados o limitados a un guión preestablecido, de ahí su insistencia en reunir a actores no profesionales (como en su día hizo Bresson).

El famoso final del film es un plano secuencia con ese constante y ligero movimiento de cámara habitual en todo el metraje, describiendo esa tensión entre entorno y personaje y siempre filmado desde el punto de vista del personaje, a su altura (como el resto de la película, exceptuando algunas escenas con su novia, que cambia de punto de vista a ella). No estaba en el guión y debido a la cantidad de curiosos que rodeaban el rodaje, a Jia Zhang-Ke se le ocurrió utilizarlos en la trama, rodando al público, como si de un experimento se tratase.

El espectador convertido en protagonista, el equipo técnico también, formando un conjunto que emanaba un aire de realismo enorme. El observador observado. Xiao Wu una obra en los límites entre ficción y realidad.

Posteriormente, Zhang-Ke, se pasaría a los 35mm para rodar una obra mucho más ambiciosa que abarca un período de 10 años titulada Platform (2000). Continuaría con el documental In public (2001) y con su último film de ficción rodado clandestinamente: Placeres desconocidos (2002), ya filmado en digital, como el resto de su filmografía posterior.

[1] Tierra Amarilla (1984) de Chen Kaige fue uno de los films más simbólicos e importantes al inicio de la Quinta Generación.

[2] Recordemos la frase que le dice Xiao Wu a Xiao Dong, un ex-ladrón convertido en empresario, tras no invitarle a su boda por temor a que le relacionen con él o le recuerden su pasado: “Echa un vistazo a tu tatuaje, bastardo“.


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