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Crítica: “Saw VI” (Kevin Greutert, 2009)

El Agente Especial Strahm ha muerto, y el Detective Hoffman resurge como el despiadado seguidor del legado de Jigsaw. Sin embargo, cuando el FBI logra alcanzar los pasos dejados por Hoffman, éste se ve forzado a preparar las trampas de un macabro juego introduciendo en el mismo a todos los implicados, en el que finalmente se logra confabular el intrigante plan conspirador de Jigsaw.

Si la sobrevalorada primera parte de la saga me pareció una auténtica tomadura de pelo horrosamente mal rodada (todo un videoclip chungo con ketchup), no quiero pronunciarme al respecto sobre las secuelas que la siguieron, las cuales poco a poco iban alcanzando el status de cinta de videoclub sección bodrietes. Pero quizás la secuela menos horrible y que más me ha gustado (sin tampoco pasarse) sea justamente la sexta y hasta la fecha última entrega de la saga, la cual ha sido calificada en España como X y yo todavía no entiendo muy bien porqué, pues las anteriores entregas tampoco se diferenciaban demasiado en términos de gore. Con esto no quiero decir que defienda la violencia muchas veces escandalosamente gratuita mostrada en la saga, pero debo decir que he visto cosas en otras pelis tan o más chungas y les dieron la calificación NR-18 sin montarse tal escándalo y tanta polémica al respecto.

Es cierto que vivimos en una sociedad cada vez más enferma, egoísta y sorprendentemente analgésica en lo respectivo a la violencia (nada más hay que ver la pasividad con la que se ven hoy en día los teledarios, que no dejan de ser documentos plagados de desgracias en un 80% de su totalidad) y películas como las de la saga “Saw” pueden calificarse como de género gore y si se quiere hasta potencialmente peligrosas (por aquello de dar ideas a los serial killers del futuro, hoy solo niños coñones xD), pero considero que ni mucho menos es para tanto. Con dicha decisión de estrenarla en su día únicamente en salas X han conseguido que se hable más de su calificación que de la película en si y que se incremente la piratería para poder verla en contra de que la gente acuda al cine. Llevando ya cinco entregas a cual más asquerosa y violenta, no entiendo porqué ahora deciden que no es apta ni tan siquiera para menores de 18 años con barba y principios de alopecia.

Dejando de lado el tema polémico de su calificación, centrándonos ya en la película, de nuevo nos encontramos con un look verdaderamente videoclipero, con una dirección y una fotografía poco trabajadas y con cierto regusto a cinta de serie Z, con interminables flashbacks y con un Jigsaw que todavía da guerra a su manera (aún muerto xD).

Sería realmente fácil calificar al film como un bodrio más dentro de la sanguinaria saga, de hecho no está tan lejos de serlo, pero a la vez paradójicamente resulta ser la mejor o una de las mejores secuelas de la original de James Wan. En la saga “Saw” no solo tenemos las trampas mortales, un asesino despiadado que imparte justícia mediante su particular forma y un sinfín de flashbacks (algunos complementando la trama, otros insultando a la memoria del espectador) sino también un ejercicio de metalenguaje cinematográfico. Personajes encerrados por sus pecados (algunos mayores que otros) que deben decidir si morir o vivir, si salvar o matar. Personajes obligados a pasar por una dolorosa penitencia. Un asesino que se viste de juez para impartir justícia de la forma más cruel y radical, mediante una pantalla de television y oculto tras una máscara. Una saga que siempre propone la misma pregunta: ¿Quién es víctima y quién es verdugo?.

Si algo caracteriza a la saga “Saw” es sin duda por remover el estómago hasta límites insospechados, cometiendo el error de mostrarlo todo, jugando más con el morbo y el ketchup que con el suspense propiamente dicho (en ocasiones conseguido, en otras evidentemente no). Jigsaw remueve conciencias -a su manera- no con solo sus charlas (atención a las frases lapidarias que suelta en esta sexta entrega) sino interesandose por las entrañas -nunca mejor dicho- de sus víctimas/pecadores.

A diferencia de otros serial killers de los 80 tipo Jason Voorhees (de la saga “Viernes 13“) o Michael Myers (de la saga “Halloween“), los cuales mataban por pura venganza y si se encontraban a alguien por el camino aunque fuera meando ya sea en Crystal Lake o en Haddonfield también le caía una buena hondanada de hostias y algún que otro cuchillazo/machetazo; Jigsaw cree que imparte justícia de forma equitativa con sus víctimas, las estudia, las selecciona y a diferencia del John Doe de “Se7en” con sus pecadores (los mataba sin contemplaciones), les da una oportunidad, los somete a un desafio nada complaciente, una elección tan sacrificada que se verán obligados a cambiar su forma de ver la vida y de valorar más las cosas y a las personas de su alrededor.

Lo que ya quedó claro desde anteriores entregas es que el plan de Jigsaw abarca mucho que sus propios intereses (bueno, dejando deberes personales tras su muerte), sabía que una enorme legión de sedientos de sangre y venganza seguirían su legado de justícia sanguinaria. Es como si hubiese puesto una maquinaria a punto y cuyos engranajes jamás dejarán de alguna forma de funcionar. En el fondo, el cuerpo de Jigsaw ha muerto pero su alma y su esencia sigue viva, ya sea via metalenguaje cinematográfico (pantallas de television, etc,..) o mediante la palabra y los actos de otras personas.

En definitiva, “Saw VI” es una cinta de la que me esperaba mucho menos, rodada de manera torpe y siguiendo la estética videoclipera digna de videoclub que caracteriza a toda la saga, sin embargo, todo eso no evita que estemos posiblemente ante la mejor o una de las mejores secuelas de tan sanguinaria saga. Sigo sin entender muy bien el porqué fue calificada como X siendo más o menos similar a las anteriores entregas de la franquícia (supongo que por el inicio tan hardcore que tiene), pero desde luego no para montar tanta polémica. Con un NR-18 habría bastado bajo mi punto de vista.

Y como no, mención especial al inexpresivo pero a la vez fantástico Tobin Bell, interpretando a su personaje frío y calculador, el cual suelta unas cuantas perlas lapidarias de contundencia máxima en esta entrega. Siempre me ha parecido que la saga tiene un trasfondo de conciencia, elección y culpabilidad interesante, lo que ocurre es que los directores elegidos para llevar a cabo los proyectos son no solo nada arriesgados sino a cual más mediocre. Y luego está el target al que los productores destinan el producto: un público que parece más interesado en carnaza que no en buen cine, decantándose hacia una violencia gratuita y morbosa en vez de jugar más con el fuera de plano (como hace Haneke) y con un uso del sonido como elemento narrativo y de suspense.


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