Criticas Drama

Crítica: “Pozos de ambición” (Paul Thomas Anderson, 2008)

pozosMonumental (como no) cinta del amigo Paul Thomas Anderson que contiene algunos de los mejores momentos del cine del año. La cinta claramente bebe del cine de maestros de la talla de John Huston (¿hace falta que diga el film?) o Stanley Kubrick entre otros. El inicio ya predispone y avisa al espectador de que va a ver un ejercicio cinematográfico tan arriesgado como talentoso. Sus primeros minutos mudos y de una consistencia abrumadora hacen mearse encima hasta el cinéfilo más exigente xD.

La cinta prosigue de forma excelente con un guión del propio Anderson, verdaderamente magistral, lleno de detalles que invitan a la reflexión y de momentos de una fuerza constatable. El gran Daniel Day Lewis, para mi gusto, está fantástico como Daniel Plainview, aunque un tanto sobreactuado, al menos en el tramo final del film, en donde parece una versión chunga de su carnicero en Gangs of New York. Aunque todo el mundo eleve a los altares a Day-Lewis, sería injusto olvidarnos de Paul Dano, que nos regala una actuación impagable, llena de matices y mucho más contenida y perfecta que la de Day-Lewis, según mi humilde punto de vista.

El personaje de Day-Lewis, recuerda a otros personajes deshumanizados y desquiciados por la codicia, por el poder, casos por ejemplo de el personaje de Humphrey Bogart en El tesoro de Sierra Madre o (salvando un poco las distancias) Kirk Douglas en El gran carnaval de Billy Wilder, personajes que llevan al límite incluso sus vidas con tal de lograr sus imposibles objetivos.

El film, como he comentado anteriormente, posee momentos verdaderamente ejemplares y de gran virtuosismo cinematográfico como por ejemplo: toda la escena en donde la torre arde y el accidente de H.W. (hijo del personaje de Day-Lewis) con un inteligentísimo uso del sonido, las escenas en la iglesia con un Paul Dano magistral (sobre todo aquella en que intenta extraer los fantasmas de una señora o la del “bautizo” de Day-Lewis para eximir sus pecados) o cuando Day-Lewis se enfrenta a Dano metiéndolo literalmente en un charco de petróleo.

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La obra no la calificaría de perfecta por su excesivo metraje y por un tramo final un tanto irregular que no del todo innecesario pero demasiado excesivo, valga la redundancia. PT Anderson logra una obra muy arriesgada y de agradecer para el espectador que le vayan estas rarezas.

Pozos de ambición es un retrato sobre el poder, sobre la codicia, sobre el egoísmo, sobre la gradual decaída de dos hombres, dominados por sus respectivos miedos producto de su locura, su radicalismo, su autoengaño y sus aires de grandeza. La dirección es sencillamente maravillosa, pero ¿la de “No es país para viejos” es menos excepcional?.



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