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Crítica: ‘Piraña’ (1978)

piranha_post_1Una serie B de lo más gamberra:

Una noche dos adolescentes que exploran el bosque llegan a una instalación militar aparentemente abandonada. Deciden entrar y encuentran una piscina en su interior. Sin pensárselo demasiado, se quitan la ropa y se lanzan al agua para compartir un baño a la luz de la luna. De pronto, se dan cuenta que no están solos, que hay algo que emerge del fondo de la piscina y acaban devorados por un grupo de pirañas. Días más tarde, la investigadora Maggie McKeown (Heather Menzies) es enviada al Lago Lost River a buscar a los dos excursionistas desaparecidos. Para lograr encontrarlos contrata a Paul Grogan (Bradford Dillman), buen conocedor de la zona, como guía. Atando cabos llegan a la instalación militar abandonada, pero no hallan pruebas aparentes. El único residente del lugar es el Dr. Robert Hoak, ex jefe de un proyecto top secret militar sobre una nueva raza de piraña. El proyecto fue cerrado años atrás, pero Hoak ha continuado investigando y alimentando a las criaturas. Paul y Maggie mientras rondan por el edificio militar, liberan accidentalmente a las pirañas de la piscina al río, lo que las lleva al lago cerca de un campamento de verano para niños y de un centro turístico inaugurado recientemente. Esos simpáticos pececillos pronto comenzarán a devorar a los bañistas en un banquete lleno de hemoglobina, diversión y falta de pretensiones.

Tras haber co-dirigido “Hollywood Boulevard” junto a Allan Arkush y realizado “The Movie Orgy[1], Joe Dante debutó como director en solitario en la estimable “Piraña” (1978), un sarcástico divertimento serie B que se mueve entre el género de terror y el de aventura, sin concesiones de ningún tipo, rodada en apenas 30 días y con un presupuesto de 660.000 dólares. Y lo hizo, como no, de la mano del gran Roger Corman, el rey del cine de bajo presupuesto, especialista en apadrinar el debut de algunos de los futuros grandes cineastas, casos de Dante, Scorsese o Coppola.

La New World Pictures (productora independiente de Corman) siempre fue una escuela de talentos en todos los ámbitos. Cineastas capaces de sacar adelante films muy dignos con presupuestos ajustados. Quizás no a la altura de lo que en su día sacaron genios como Edgar G. Ulmer, Joseph H. Lewis o el mismo Roger Corman para compañías como PRC, King Bros, Republic Pictures o AIP, pero sí productos bastante majos, que ademas de apostar por la evasión contenían una habitual crítica subterránea (su valor añadido respeto a otros) que se agradecía. En este caso, a parte del citado Joe Dante, tenemos a John Sayles que se encargó del guión (reescribió uno ya existente), a Mark Goldblatt (junto al propio Dante) en el montaje, a Pino Donaggio en la banda sonora y a Jamie Anderson en la dirección de fotografía. La mayoría de ellos han tenido una fructífera carrera posteriormente.

Piraña” se inicia nada más y nada menos que haciendo un sentido homenaje a “Ciudadano Kane” (Orson Welles, 1941) mostrando en una panorámica vertical ascendente sobre una verja un cartel en el que reza la advertencia “No trespassing“. Mientras en el film de Welles, servía para introducir la muerte del magnate Charles Foster Kane y su fantasmagórico hogar donde habita, el castillo de Xanadú, dejando constancia de lo inaccesible del personaje; en “Piraña“, Joe Dante en una total declaración de intenciones, nos avisa de antemano de que vamos a ver un film a contracorriente, sin los típicos límites preestablecidos como buen enfant terrible de la industria que es.

Tras el impactante inicio en la instalación militar, vemos otro guiño interesante a la principal fuente de inspiración del film aunque Corman lo niegue (“Tiburón“, un taquillazo absoluto que justamente ese año estrenaría secuela), en forma de recreativa utilizada por la protagonista. Pero hasta ahí las similitudes entre ambas cintas, ya que el citado “homenaje” más bien parece un jocoso acto de rebeldía por parte del Dante. Si el “No trespassing” era una advertencia de que iba a hacer la película que le daba la gana y a saltarse todo lo imaginable, el mostrar la máquina de “Jaws” es como desafiar al espectador diciéndole: “¿Esperas más de lo mismo? ¿Crees que voy a estrenar otra copia de “Tiburón“?. Pues prepárate para una dosis de sexo, violencia, sarcasmo a mansalva y litros de ketchup marca de la casa Corman“. Hay que dejar constancia de que “Piraña” (al igual que la estupenda y muy reivindicable “Orca, la ballena asesina” (Michael Anderson, 1977)) es bastante más que un simple clon del film de Spielberg como si lo pueden ser subproductos que pretendían emular ese descomunal éxito a base de intentar repetir fórmula aunque con resultados mucho más mediocres como podría ser el caso de por ejemplo “Tintorera” (René Cardona Jr., 1977).

Piraña” se aparta de la seriedad que caracterizaba al film del escualo y opta por una ironía punzante y descacharrante, por la diversión e irreverencia, por la locura y el delirio. Generosas dosis de humor negro que contrastan con las escenas más sanguinolentas y crudas. Pero jamás tomándose demasiado en serio, ahí radica gran parte de su encanto.

Mientras en “Tiburón” se abordaba más la lucha entre el hombre y la naturaleza, en el film de Dante los peces asesinos son un experimento militar, es la mano del hombre la que ha propiciado el desastre. Somos responsables de los monstruos que generamos.

Si algo caracteriza la filmografía de Dante es la mala leche que imprime en sus aparentemente apacibles productos (hasta “Gremlins” (1984) tiene su crítica subterránea). Ya es marca de la casa la cantidad de puyitas que lanza en sus películas al gobierno, las instituciones, al poder militar y sus experimentos científicos. De entre su filmografía reciente, quizás el caso más brillante a la vez que mordaz lo encontramos en la imprescindible “Homecoming” (2005) dentro de la serie Masters of horror, en donde bajo una zombie-movie se encontraba una dura crítica a la guerra, la política exterior norteamericana y sus consecuencias, sin perder un ápice del ácido humor negro que caracteriza al cineasta nacido en Philadelphia (impagable ver a los soldados caídos, ahora zombies, yendo a votar).

Otro de los puntos destacables del film que se comenta en estas líneas, son los pintorescos personajes, los cuales de paso sirven de vehículo para la crítica. Tenemos a la peculiar e inocente pareja protagonista responsables en parte del desastre en el rio, ya que ellos fueron los que vaciaron la piscina-vivero (Paul Grogan, un tipo que descubre que su misión en el río era aniquilar pirañas, o la curiosa investigadora Maggie McKeown), al siniestro y alocado científico (el Dr. Robert Hoak, contratado por los militares para experimentar con animales, interpretado por el mítico Kevin McCarthy, visto en “La invasión de los ladrones de cuerpos” (Don Siegel, 1956)) al odioso monitor de campamento con una rigidez puramente militar, al insensible y caricaturesco empresario empeñado en inaugurar con éxito el complejo de atracciones del río (interpretado por uno de los actores fetiche del director: Dick Miller) y los peores de todos: los socios capitalistas del proyecto del empresario que supuestamente llegan para salvaguardar al populacho pero que se dedican a mirar para sus intereses: la cínica y freak Doctora Mengers (encarnada por Barbara Steele) y el áspero coronel Waxman, que acaba finalmente siendo merendado por las pirañas de forma totalmente merecida, ya que es uno de los responsables de derramar veneno en el agua para acabar con los animalitos con dientes.

Escenas destacables serían: SPOILERS la magnífica secuencia de la embarcación de troncos cuando está siendo destrozada por las pirañas, el ataque al viejo pescador (momento gore por excelencia de la cinta), la masacre final en el río, el inesperado y tronchante destete de la protagonista para despistar al militar, el surrealista escape de la cárcel y sobre todo la fantástica escena hacia el final mientras el personaje de Bradford Dillman, medio devorado por las pirañas, intenta abrir el tanque para evitar que las mismas acaben en el mar y suban por todos los sistemas fluviales del país. FIN SPOILERS

Aunque tengan su encanto, es innegable afirmar que los efectos especiales han envejecido mal y a día de hoy resultan únicamente simpáticos. La película se apoya mucho en el montaje y en el sonido cuando se producen los ataques de las pirañas y realmente consigue aturdir a pesar de las limitaciones con las que contaba la producción. El trabajado uso del sonido (como si de una especie de lavadora o turbina interminable se tratase) unido al eficaz montaje y algún que otro bote de pintura roja, lidian un poco la escasez de medios en cuanto a animatronics y a efectos se refiere. Aunque el guión y los personajes no estén mal contruidos, si que hay escenas o momentos en los que se toman bastantes licencias o que directamente resultan inverosímiles (a todos nos gustaría tener los pulmones incansables del protagonista bajo el agua xD), sin embargo no desentonan con el estilo dado al film, ya que jamás se toma totalmente en serio a si mismo.

Piraña” es un producto nacido de la cinefilia fetichista de Joe Dante, un fanático confeso de los cómics, la televisión y el cine de serie B. Apadrinado por el gran Roger Corman, este infravalorado aquatic horror se caracteriza por su frescura y su plena libertad, siendo un divertimento de lo más gamberro con abundantes dosis de ketchup, desnudos, entretenimiento sin pretensiones y humor negro a partes iguales. Un cocktail bien agitado de experimentos científicos, bichos mutantes, personajes peculiares y crítica ecológica. Además supone toda una declaración de principios para lo que sería su filmografía en adelante, sobre todo en lo que a puyitas a estamentos gubernamentales y militares se refiere. Claro está que aquí no tenemos una dirección tan depurada como en sus films posteriores, pero si encontramos indicios de una buena narración junto a una historia dotada de una mala leche subterránea tremenda. Eso si, éste no sería su film más personal. Ese honor corresponde a la imprescindible “Matinee” (1993).

[1] Un rara avis personal donde mezclaba clips de programas de televisión junto a películas de serie B de los años 50 y 60.


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