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Crítica: “Noche y día” (James Mangold, 2010)

Divertimento sin sentido:

Él (Tom Cruise) era un astuto espía en fuga. Ella (Cameron Díaz) era una desventurada transeúnte de camino a una boda. Sus caminos no tendrían que haberse cruzado nunca, pero cuando lo hicieron, los desvió completamente de rumbo. Ahora se encuentran en una persecución sin descanso mientras les intentan atrapar juntos en un mortal y engañoso incidente de espionaje.

Él anda tras ella como su señuelo, agentes secretos de todos los bandos le buscan a él por traidor, y ella busca la verdad sobre lo que hay detrás del breve flirteo con un apuesto desconocido en un aeropuerto y que ha desencadenado una espeluznante caza por todo el mundo con múltiples engaños, huidas por los pelos, identidades falsas y confianza ciega. Toda una aventura que puede resultar en el crimen del siglo o la relación romántica de su vida.

Dentro del cine comercial hay tres tipos de películas: por un lado tenemos productos mainstream con personalidad que resultan ser, a la postre, magníficas películas a la altura de muchos films de autor sobrevalorados, por otro lado están las cintas comerciales de bajísima calidad que encima parecen ir en serio (los bodrios que abundan todos los años, vamos), y finalmente cintas de corte comercial cuya trama, personajes y acontecimientos son todo un disparate, convirtiéndose en un divertimento digno, honesto e incluso autoparódico. “Noche y día“, le pese a quién le pese, entraría dentro del tercer grupo.

Y entraría dentro porque es una cinta que jamás se toma en serio a sí misma -aunque a algunos les cueste reconocerlo o directamente verlo-, es voluntariamente inverosímil e hiperbólica como pocas y en donde, lo más importante, la pareja protagonista desprende una química especial, funcionando a la perfección tanto en los momentos de comedia (hacía tiempo que Cameron Díaz no explotaba tan bien su vis cómica) como en los de acción.

La cinta no deja de ser una especie de híbrido entre las de la saga de Ethan Hunt (“Mission Impossible“) y las cintas de aventuras en pareja de los 80, por ejemplo “Tras el corazón verde” de Robert Zemeckis. Una mezcla entre thriller romántico con espía y rubia y action movie adrenalítica. Pero independientemente de que esté bien planificada o montada, “Noche y día” no alcanza la exquisita estética visual de su hermana mayor: “M:I-2” de John Woo, una cinta que personalmente reivindico y de la que hablaré próximamente.

Aunque no es oro todo lo que reluce. Si en algo adolece “Noche y día” es en su escandalosa desinformación en lo que a nuestro país se refiere, poniendo los San Fermines en plena Sevilla. Todo un WTF que recordó la cagada hecha en “M:I-2” en donde las fallas dejaban Valencia para celebrarse misteriosamente en Sevilla. El hecho de que hayan usado localizaciones de Cádiz y las hayan puesto como Sevilla tampoco es algo que me moleste demasiado, es poco riguroso, pero la cinta tampoco pretende ser una obra fidedigna de nada.

La multitud de localizaciones, un montaje muy bien llevado, una dirección efectiva, un humor no demasiado empalagoso y un frikismo subterráneo de lo más interesante la convierten en una cinta mucho más estimable de lo aparente. Por un lado tenemos a Tom Cruise encarnando a una especie de clon de Ethan Hunt, pero esta vez en plan casi autoparódico, con una exageración y unas fantasmadas cercanas a la que le dio John Woo en la segunda entrega de las aventuras del espía. Luego está una estupenda Cameron Díaz, cuyo personaje irremediablemente me recordó -salvando las evidentes distancias- al de Joan Wilder (Kathleen Turner) en el díptico de “Tras el corazón verde“-“La joya del Nilo“, y que sabe equilibrar a la perfección el limitado drama de la cinta con la comedia fresca y divertida. También tenemos al gran Paul Dano (impresionante su interpretación en “Pozos de ambición“), en un papel de, digámoslo, frikazo total, con perilla postiza incluida. Entre los secundarios encontramos a actores del calibre de Peter Sarsgaard, Jordi Mollà (en un papel tremendamente desaprovechado para el excelente actor catalán) o Maggie Grace (la novia de Sayid en “Lost“).

Anteriormente comentaba que “Noche y día” era una cinta mainstream honesta y desenfadada con sorprendente cierto aire freak en algunos momentos. Ejemplos de ello son: cuando uno de los malos que -tras un forcejeo- está colgado de una de las ventanas del tren sujetándose gracias gracias a una tira interminable de chorizos que hay en la cocina, el frikismo inherente del personaje de Paul Dano, la surrealista presentación de los padres del personaje de Cruise o las inverosímiles huidas de la pareja alrededor del mundo. Eso junto a unas dosis de comedia no excesivamente cargantes y a la buena química existente, la convierten en una cinta estimable, siempre y cuando se la juzgue desde la perspectiva de cine palomitero sin mayor pretensión que la de entretener, que es como debe ser juzgada.

James Mangold siempre me ha parecido un buen artesano, aunque es cierto que su filmografía es un tanto irregular. Combina cintas verdaderamente majas como “Copland“, “El tren de las 3:10“, “En la cuerda floja“, incluso la un tanto tramposa pero entretenidísima “Identidad“, con otras no tan potables como “Inocencia interrumpida“, de la cual no guardo un grato recuerdo. En lo que a “Noche y día” se refiere, cumple de sobras en términos de cine comercial. Supongo que se tratará de un flirteo con este tipo de cine para volver a ofrecer productos más redondos como el western con Russell Crowe y Christian Bale de protagonistas. El tiempo lo dirá.

Por último, me gustaría comentar el desafortunado título elegido en español: “Noche y día“, cuando el original es “Knight and day“, haciendo un juego de palabras con el apellido de la familia del personaje de Cruise (Knight) y la palabra night (noche). Cosas de la patria.

No nos engañemos, no estamos ante ninguna joya absoluta, ni siquiera dentro del reciente cine de acción puro y duro (el cual tampoco es para echar cohetes), pero eso no quita que el último film de Mangold sea un divertimento voluntariamente inverosímil e hiperbólico como pocos, tan honesto como autoparódico, con un ritmo narrativo que jamás decae y en donde sobre todo, la pareja protagonista desprende una química especial, funcionando a la perfección tanto en los momentos de comedia (hacía tiempo que Cameron Díaz no explotaba tan bien su vis cómica) como en los de acción.


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