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Crítica: “Naturaleza muerta” (Jia Zhang-Ke, 2006)

stilllife Memoria extinguida:

El documental “Dong” (2006) dio pie a el siguiente film del cineasta chino: “Naturaleza muerta” (2006), lo cual explica el hecho de que tanto en Dong como en Naturaleza muerta, una parte del casting coincida aunque el hecho que se repitan planos realmente se debe al constante cambio del entorno y a que Zhang-Ke no pudo volver a rodar algunas escenas más puesto que cuando volvió, esos lugares ya no estaban. Son dos obras paralelas y complementarias.

En “Still Life (Naturaleza muerta)” , el director se traslada a Fengjie en donde aborda el problema que conlleva la construcción de la mayor presa a nivel mundial: La presa de las 3 Gargantas. Una construcción que ha ocasionado la destrucción de pueblos de forma implacable, y obligado a familias enteras a mudarse a Guangdong, a perder sus casas, sus recuerdos y su memoria (con cifras de más de 1 millón de afectados). Para colmo, muchos de los habitantes para poder ganar una miseria y sobrevivir se ven obligados a trabajar en la obra, derrocando casas (incluido las propias).

De un rigor prácticamente documental (con un uso del HDV interesantísimo), Zhang Ke realiza, en clave metafórica, un film sobre la destrucción y reconstrucción de un país, siempre mostrando la cara amarga de la realidad con escenas explícitas de soledad, alienación, la búsqueda de una identidad o del fracaso (encubierto) de la modernización económica.

Básicamente, en el film podríamos decir que trata de dos historias de amor paralelas y en donde encontramos a tres personajes principales. El personaje masculino, interpretado por Han Sanming (que como en anteriores obras de Jia Zhang-Ke un personaje actúa de si mismo y usando su propio nombre en el film), un hombre proveniente de Shanxi en busca de su ex-mujer –llamada Missy Ma- y que acabará recalando en la provincia de Sicuani, en donde se verá obligado a trabajar en la obra por unos míseros 50 yuanes para poder subsistir mientras dura esa búsqueda y esa espera angustiante. El personaje femenino, llamado Shen Hong, encarnado por Zhao Tao, de nuevo proveniente de Shanxi y también en busca de su marido. Y el tercer y gran protagonista del film es el paisaje, el entorno. El film trata de una constante lucha entre el paisaje y el hombre y entre lo humano y lo artificial (presas, puentes, etc…), en como el hombre corrompe esa naturaleza e intenta destruirla.
Son personajes en busca de personas con paradero desconocido, producto de esa evasión provocada. Una lucha contra el olvido y por preservar el pasado que se les quiere despojar.

El film arranca con planos que juegan con el desenfoque, en una secuencia que recorre toda una barcaza de inmigrantes hasta llegar a Han Sanming, para abandonarlo y presentarnos ese gran protagonista, como he dicho anteriormente, que es el paisaje. Un paisaje que será usado como elemento de consumo y poder.

Dicha escena, se podría contrastar de alguna forma con la secuencia inicial “La Dolce Vita” (1960), de Federico Fellini, ya que, mientras en el film italiano dejamos las ruinas para ir a la modernización (dejando atrás su etapa neorrealista), en el film de Zhang-Ke, el barco más que distancia parece recorrer el tiempo, pasando de esa China tradicional a la moderna y ruidosa. Zhang-Ke propone un discurso entre 2 aguas, la ficción y el documental. Pero si el film de Fellini deja atrás las calles y la problemática social de la etapa iniciada por cineastas como Rossellini y retrata el mundo burgués y adinerado, Zhang-Ke tras ese viaje iniciático en barca, vuelve a lo que podríamos denominar un neorrealismo digital, mostrándonos las miserias humanas. Mientras Fellini mostraba las miserias de la burguesía, Zhang-Ke las muestra de la clase obrera.

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Se podría calificar perfectamente al documental “Dong” como ficción y al film “Naturaleza muerta” como un documental, pues en un documental también hay puesta en escena y elementos artificiales (siempre hay teatro en toda realidad) y, a la vez, en un film de ficción encontramos una verdadera vocación puramente del estilo documental en como Zhang-Ke perfila con su cámara esos rostros y en como sigue a los personajes creando retazos de realidad. Como dice el cineasta chino “El rostro humano es lo único que no cambia con el paso del tiempo” y eso queda perfectamente reflejado en su film. Un tratamiento de los rostros parecidos a los que hacía justamente Liu Xiaodong.

Durante el inicio del film también se puede observar cual es el trato dado a los inmigrantes en algunas localidades. Cuando el protagonista consigue llegar al pueblo donde se supone vive su ex-mujer, se encuentra dicha calle y medio pueblo sumergido bajo el agua. El motorista encargado de llevarle, dice una de las frases que podrían resumir el film: “Una ciudad de 2000 años fue demolida en solo 2 años”. Una clara paradoja de una modernidad agresiva.

Un elemento quizás no tan citado al criticar los films del cineasta chino pero no menos importante, es el tratamiento que hace de sus personajes, en donde la comunidad en ocasiones es más importante que el individuo único, claros ejemplos de ello seria sobre todo “Platform” (2001) y en cierta medida “The World” (2004). La fuerza de un todo común. La cultura china siempre ha sido muy colectiva, pero como puede verse en Still Life, actualmente se ha potenciado el individualismo y nos encontramos ya a personajes que deciden por ellos mismos y toman decisiones por su cuenta, sobre todo en terrenos amorosos. Sobre el individualismo creciente en China, el modelo ha seguir parece ser el europeo.

Una de las metáforas del film así lo asevera: la escena del truco de magia en que se transforman los billetes. De un papel en blanco pasaría a yuanes y de estos a euros. Mientras en “Placeres desconocidos” (2002) había una clara adoración al dólar americano, en “Naturaleza muerta“, como comentaré más adelante, es quemado por un personaje.
Con dicha escena, el realizador nos viene a decir que su sociedad solo anda en busca de dinero y ello, sin libertades, no sirve para nada (el capitalismo sin amplitud democrática es inútil). La escena es una ejemplificación de ello: transformación de la nada a yuanes para luego aumentarles el valor (euros).

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El film, como ya ocurría en películas anteriores como “The World” (2004) está dividido por capítulos (cigarrillos, licor, café, te), todo un guiño al cine moderno de Godard y la nouvelle vague o a directores posteriores deudores de la misma como podrían ser Quentin Tarantino o Jim Jarmusch, en donde cada capítulo es un elemento normalmente de consumo, que unen o acercan a las personas ansiadas por los 2 personajes principales. Esos elementos sirven como de canal para llegar a sus destinos y a la vez representan esos pequeños placeres de la vida que, pese a su precaria situación, pueden seguir conservando y degustando.

Como se ha comentado, esos elementos sirven como de canal para llegar a sus destinos: los cigarrillos le ayudan a Han Sanming a conseguir un buen amigo capaz que ofrecerle trabajo y lugar para dormir, dos botellas de licor son regaladas al hermano de su mujer para que le facilite información sobre su paradero, el café es lo único que tiene Shen Hong de su marido y el te es lo que comparten y degustan Han Sanming y su mujer, una vez producido el encuentro.

Si en “Dong” (2006) el score electrónico a cargo de Lim Giong tomaba más cuerpo cuando se mantenía esa íntima relación entre pintor y obra, acercando Zhang-Ke la cámara a esos trazos sobre papel, en “Naturaleza muerta” se hace presente eso durante el inicio de cada capítulo, otorgando mayor protagonismo a la música, y durante el resto del film son más habituales las canciones populares, como las cantadas por los niños o las del concierto, que muchas veces expresan ese sentimiento de extrañeza, desolación e incluso desamor que viven personas en dicha sociedad.

Posiblemente sea el film de Jia Zhang-Ke en donde la música, aún teniendo un papel nada desdeñable, no alcanza esas cotas de importancia en obras anteriores como “Platform” (2000), “Placeres desconocidos” (2002) o “The World” (2004), en donde era un elemento fundamental en la trama.

El espacio juega un papel muy importante en el film, un espacio en constante peligro de desaparición o reformación: Calles señaladas con la cifra en que alcanzará el nivel de agua en la 3era fase del proyecto, casas marcadas con la palabra “Demoler” o personajes encerrados en ese mundo que les atrapa y obligados finalmente a emigrar a otros espacios. En definitiva, personajes cercados y rendidos a un destino aparentemente inevitable. Personas incapaces de encontrar su espacio/lugar en un mundo de constante mutación y reformación.

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Jia Zhang-Ke nos dibuja todo ese caos en una bella panorámica cuando Han Sanming mira desde la azotea contemplando todo ese paisaje derruido, y nos podemos hacer una idea desde una cierta distancia de lo que está realmente pasando allí, de las dimensiones que ha alcanzado la situación. Una secuencia que con su fuerza estética ayuda a potenciar esa imagen de extinción inminente, de lugar con fecha de caducidad, esa naturaleza absolutamente muerta que estamos contemplando. En esas escenas, Zhang-Ke juega muchísimo con la profundidad de campo, sin olvidar la importancia que le da a dicha escena otorgándole el tiempo necesario en pantalla.

Destacable también es como presenta el lugar cuando aparece por primera vez Shen Hong (Zhao Thao) en pantalla, pasando a una serie de planos fijos que sirven para definir perfectamente la decadencia del mismo (óxido goteando, fábricas abandonadas, etc..). Como el director define con cuatro o cinco planos lo que rodea al personaje con una eficacia y una economía de planos encomiable.

Como ya ocurría en el anterior documental, la fotografía de Yu Lik Wai ayuda a crear esa atmósfera casi apocalíptica con un uso de tonos grises y apagados creando una textura sorprendente y rica.

Esas escenas de las casas derruidas y esas calles totalmente destartaladas (una ciudad reconstruida desde la destrucción) parecen producto casi de una guerra o devastación de algún tipo y nos recuerdan claramente al cine de Rossellini de posguerra, sobre todo por la actitud que adopta Zhang-Ke ante el problema y por su estética. Si de alguna manera en “Xiao Wu” (1997) era a Bresson o en “Placeres desconocidos” (2002) era a Antonioni o (en cierta medida) a Tarantino, aquí (a parte del omnipresente Antonioni) hay una clara referencia al cine de Rossellini, por como esos personajes se comportan bajo situaciones desesperadas en lugares destruidos y en el papel de la cámara de Jia, creando casi una simbiosis entre dos estilos cinematográficos. Contiene el pesimismo del cine de Rossellini, aunque siempre hay un lugar para la esperanza, al menos en “Naturaleza muerta“, donde optan por huir en busca de un futuro mejor, a diferencia de otras como “The World” (2004) y su final en donde no parecía haber lugar a una posible salvación.

Se hace aún más evidente esa referencia cinéfila cuando la mujer visita una excavación el Departamento de Antigüedades de Fengjie, una visita que recuerda, salvando las distancias, la que hacía Ingrid Bergman en películas de reflexión antropológica como “Te querré siempre” (1954). Y a continuación de esa escena, Jia nos hace una clara comparativa en cuanto a la conservación del pasado con dos escenas. Primero vemos como tratan la conservación de los artefactos de la Dinastía Han del Oeste por la gente de dicho departamento, para dar paso a un cambio de plano con una escena de una casa actual siendo destrozada a mazazos por los obreros (La destrucción del presente, el futuro pasado). Como se comentaba anteriormente, ha habido un evidente cambio en cuanto al respeto del presente. El director nos advierte de lo terrorífico y demencial que conlleva el hecho de arrasar un lugar con miles de años de antigüedad en cuestión de un par de años.

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Otro de los alicientes del film lo encontramos en los personajes, un claro reflejo de como funciona una sociedad con un capitalismo radical. En el primer capítulo en el que está divida la película (Cigarillos), arranca con la famosa escena en una televisión de “A better tomarrow” (1986), de John Woo, en donde Chow Yun-Fat se enciende el cigarro con un billete de cien dólares ardiendo. El mejor amigo de Han Sanming, es un autentico fanático del cine hongkonés de John Woo, imita a sus héroes o mitos televisivos –aquí de nuevo Zhang-Ke refleja las claras influencias de la televisión y la violencia en la sociedad china actual- ya sea al encenderse el cigarro o a la hora de hablar, usando coletillas del propio Yun-Fat.

No es la primera vez que utiliza un film de John Woo con esa dualidad (crítica social y como homenaje al film). En “Xiao Wu” podía escucharse un fragmento de “The killer” (1989) y la influencia en la juventud china de una star nacional e internacional como Chow Yun-Fat. También en “Placeres Desconocidos” (2004) tienen alguna influencia de personajes tan irónicos y radicales como los creados por Tarantino para su “Pulp Fiction” (1994), incluso en dicho film podemos escuchar una versión del famoso tema Miserlou de Dick Dale, canción principal de la banda sonora del film de Tarantino, haciendo aún más evidente esa comparación entre el protagonista Xiao Ji y Vincent Vega (John Travolta), dos personajes que aspiran a un modelo social imposible e incompatible en ambientes de bajos fondos.

En el fondo, muchos de los personajes carismáticos de los films de Zhang-Ke parecen vivir en la nostalgia, por ejemplo la escena en que se nombra la marca de cigarrillos Mango con 16 años de antigüedad o las escenas de su amigo el cual pretende emular a estrellas de cine de acción de antaño. Y aquí, volviendo a Dong, me parece curiosa la reflexión que hacía el pintor protagonista referente a las artes marciales, la importancia de estar preparado y saberse defender, si esa idea se traslada a la sociedad, salvando las distancias, tenemos al personaje del amigo que, como en el caso de Xiao Ji (Wu Qiong) en Placeres desconocidos, debido a su alimentación televisiva, pretenden ser cools en suburbios creando una contradicción considerable.

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El tema de la comunicación, omnipresente en toda la filmografía del realizador chino, aquí alcanza de nuevo momentos interesantes. No solo la televisión sigue inspirando mucha influencia en la juventud sino que una simple comparación entre melodías de móvil puede unir y contribuir a la comunicación. O el simple hecho de dar unos cigarrillos puede romper cualquier barrera comunicativa o de entendimiento (véase la dificultad primeriza de Han a la hora de que le entiendan en el pueblo, por su marcado acento de Shanxi).

A parte de la incomunicación, también hay un cierto comentario casi de refilón sobre la prostitución, otro de los problemas que siempre se dan cita en su cine, en una escena donde una chica menor de edad pregunta a Shen Hong si en Shanxi necesitan a solteras.

Y no podía faltar en la trama el recurrente tema de reflexión en torno a la siniestralidad laboral existente en China. Toda una crítica a la falta de seguridad y al trabajo clandestino con sueldos precarios, como ya pasaba en su anterior film de ficción. Tras la muerte de su amigo, Han Sanming dejará 3 cigarrillos encendidos de los que se solía fumar, en su lecho. Y cerrará el ciclo de los elementos que dan nombre a los diversos capítulos, repartiendo entre sus compañeros obreros cigarrillos porque ha decidido dejar todo eso y volverse a Shanxi a trabajar de nuevo en las minas de carbón. Curiosamente el cine Zhang-Ke trata o bien sobre personajes desempleados o bien sobre personajes con trabajos precarios, a excepción de Liu Xiaodong, el pintor, aunque no lo que reflejan sus cuadros.

Las relaciones amorosas, a diferencia de otros films que parecían estar destinadas a la fatalidad y a la imposibilidad, en este caso son la cara y la cruz respectivamente para cada uno de los personajes principales. Pero el resultado es similar aunque no igual: la huida de ese mundo en ruinas para no volver.

En su anterior film de ficción, “The World“, se decía que tenía un look futurista y de corte fantástico, y aunque a priori no lo parezca, “Naturaleza muerta” también tiene un lado puramente fantástico y casi de carácter surreal por muy realista que sea la propuesta del director chino. Las escenas de cómo iluminan el puente, en donde Zhang-Ke juega mucho con el desenfoque digital dando esa sensación fantasiosa, casi alucinógena, que potencia esa artificialidad, crean esa contradicción entre paisaje natural y un elemento tan artificial. A parte de ello, por primera vez ha utilizado efectos digitales para crear algunas de sus metáforas para el film, desde ese edificio industrial que despega como si se tratara de un cohete hasta la metafórica y reflexiva escena final.

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Las escenas surrealistas tienen como misión dar esa imagen en ocasiones extraña de la realidad china y de la alienación a la que están sometidos las personas que viven allí. Sobre el edificio industrial que despega como un cohete, ello ocurre porque se trata de una construcción abandonada y medio construida, que se verá afectada por la presa y es como un extraterrestre, ahí en medio. Como bien lo denomina el propio cineasta “como un OVNI”, algo que está fuera de lugar.

Todos esos efectos que quebrantan el aspecto puramente documental de la propuesta son análogos a los momentos de animación en “The World“, que potenciaban esa idea falsa y surreal de esa sociedad. Decir, que son las dos únicas películas en su filmografía en donde se usan efectos digitales, con un uso inteligente y al servicio de la historia, para nada gratuitos.

Le película también trata sobre el paso del tiempo, en como está filmado ese tiempo (con esas pausas, esa contemplación hacia los rostros, esa mirada hacia la problemática, el entorno/paisaje atrapando a lo humano) y la velocidad de un cambio nacional y la inadaptación al mismo. La película obliga de alguna forma al espectador a experimentar, a descifrar lo que hay detrás de la imagen, de esa superficie. China se ha convertido en una sociedad en donde reina la opulencia material y económica y el film retrata eso a la perfección casi constituyendo un documento propio de Flaherty. Si el director de “Nanook el esquimal” (1922) mostraba como nadie la lucha diaria del hombre contra la naturaleza, su supervivencia y el mutuo respeto entre ambos, Zhang-Ke muestra la lucha entre esa naturaleza por subsistir ante la amenaza del hombre, perdiendo todo ese mutuo respeto.

Sin duda, un film que habla sobre la libertad para elegir, el debate sobre tomar cartas en el asunto y actuar, cambiar la actitud pasiva que imperaba por una activa y también trata sobre la ruptura como sinónimo de libertad, de elección.

Mientras en sus films anteriores los personajes aceptaban su cruel destino sin rebelarse ni actuar, en “Naturaleza muerta” hay lugar para la libertad personal y el individualismo, como carácter identificativo del nuevo chino, además de un papel muy decisivo de la mujer.

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Con estilo puramente documental (Planos secuencia y cámara al hombro entre otros recursos), Jia se acerca a una historia rural desde una perspectiva distanciada pero comprometida a la vez. Un film de una poética ciertamente peculiar y alcanzando unos niveles estéticos y narrativos ciertamente remarcables. Dentro de lo contenido de la propuesta hay muchos momentos de pura emoción, con unos personajes de actitudes claramente románticas y en constante evolución.

Podríamos expresar que si la estética en el cine del cineasta ha evolucionado, no lo han hecho menos sus personajes. Personajes, como en toda su filmografía, destinados a la suerte del azar. Como comenta el cineasta: “Mis protagonistas son un grupo de gente representativa del mayor segmento de la población china. Me inspiro en mi propia vida. Nací en un poblado pequeño de Fenyang, en Shanxi, sitio famoso por sus ricos recursos carboníferos. Me siento responsable de reflejar la auténtica vida al público, lo que rara vez se ve en la pantalla.”.

Un film cumbre dentro de la nueva cinematografía china.

Tras los buenos resultados críticos de sus anteriores trabajos, con “Naturaleza muerta“, logra el reconocimiento internacional y bajo todo pronóstico se alza con el León de oro en la 63ª edición de la Mostra de Venecia, certificando el nivel tanto técnico como narrativo alcanzado por Jia Zhang Ke.

Tras “24 city“, otro éxito de crítica, parece que su próxima película se estrenará el año que viene y llevará como título “La edad del tatuaje“. Más crítica social, más experimentación con vídeo digital, más buen cine. Un testigo de excepción en los tiempos de este nuevo capitalismo falso y que, gracias a su cine, intenta, dentro de sus posibilidades, cambiar su sociedad, reclamando más libertad e igualdad y promoviendo unos ideales a favor de una evolución tanto social como cultural de su país. Un cineasta tremendamente necesario para los tiempos que corren.


2 Comentarios

2 comentarios

  1. Pablo H.

    25/08/2009 at 08:00

    Extraordinaria crítica hermano. Veo que te gusta Zhang ke jaja

  2. Xavi Darko

    25/08/2009 at 18:35

    jeje, gracias tio, que tal?

    Bueno, Zhang-Ke es un tipo con narices, su cine va a contracorriente y encima desde “The world” consiguió la aprobación de la comisión de censura del estado y desde entonces sus film son proyectados en salas del país, sin perder un ápice su crítica ácida contra el sistema,

    un saludo Pablo

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