Criticas Drama Fantástico

Crítica: “Más allá de la vida” (Clint Eastwood, 2010)

Decepcionante retrato triangular sobre el más allá:

Más allá de la vida” cuenta la historia de tres personas que están obsesionadas por la mortalidad de formas diferentes. Matt Damon interpreta el personaje de George, un obrero que tiene una conexión especial con la vida después de la muerte. En el otro lado del mundo, Marie, una periodista francesa, tiene una experiencia cercana a la muerte que sacude su concepto sobre la realidad.

Y cuando Marcus, un escolar londinense, pierde a la persona que estaba más cercana a él, necesita desesperadamente respuestas. Mientras cada uno de ellos busca la verdad, sus vidas se cruzan, cambiando para siempre por lo que creen que podría —o debería— existir en el más allá.

No creo que descubra nada si afirmo que Clint Eastwood es sin duda uno de los pocos realizadores clásicos que quedan en el Hollywood actual. Un tipo que en los últimos años ha firmado sucesivamente obras entre lo muy bueno y lo maestro, con una prolificidad envidiable teniendo en cuenta su elevada edad. Uno de esos cineastas por los que guardo un gran respeto y una gran debilidad y que, a estas alturas, ya no ha de demostrar nada a nadie. Pero debo decir que su último film hasta la fecha, me ha decepcionado bastante. Incluso me atrevería a decir, contradiciendo a cierta parte de la crítica especializada, que es una obra menor dentro de su filmografía.

Mientras que la gran mayoría de sus films -sobre todo desde los 90 en adelante, salvo en la muy mediocre “Invictus“- llenaban al espectador en contenido y forma, emocionando siempre de forma inteligente; no ocurre lo mismo con “Más allá de la vida“, pues resulta ser una propuesta demasiado fácil y desaprovechada. En el fondo, no deja de ser la típica trama tremendista de las tres historias entrecruzadas en la que se echa en falta la profundidad y la originalidad de otras cintas anteriores del cineasta.

Más allá de la vida” arranca como si de una disaster movie se tratara, mostrando la devastación que originó el famoso tsunami en la costa asiática en el año 2004. Dicha parte, rodada (dicen) por Steven Spielberg (¿quizás una escena con demasiados FX para Eastwood?), que a la vez ejerce de productor de la cinta, resulta ser justamente una sensacional y vibrante pieza de terror, por muchas críticas que haya recibido por parte de sectores ultrapuristas. Sin embargo, los efectos digitales de ILM son irregulares, ya que por momentos son de una calidad superlativa, pero en cambio en otros cantan demasiado (como la entrada del tsunami en la costa).

Pasado este notable inicio, cambiamos de historia hacia posiblemente la más irregular de todo el triángulo maldito. La que contiene las mejores y peores escenas del relato. Increíble pero cierto. La historia de los dos hermanos pobres y su madre drogadicta. Dicha historia resulta terriblemente iñarrituense, repleta de desgracias (muerte, depresión, despedidas, etc..) y un sinfín de tópicos, que aúna escenas fabulosas (el niño observando la cama de su hermano en un estado de soledad absoluto) con otras no tanto (el accidente de tráfico, con plano final hacia arriba incluido (sic)). Por no hablar de las tremendas inconsistencias en la trama. Y es que ¿cómo es posible que tras escaparse un día entero de la casa de sus padres adoptivos, lleguen al lugar de las conferencias donde se encontrará con un médium y la periodista, y éstos le dejen campar a sus anchas sin ningún tipo de control?. Ahí veo un fallo gordo de guión pues ese encuentro a tres bandas se presenta muy forzado y demasiado cogido con pinzas. El colmo es que a la vez el personaje de Damon quede prendado del de Cécile De France. Todo muy bonito y muy irreal.

Más allá de la vida” resulta desaprovechada vistas sus tremendas posibilidades. Trata sobre tres personas diferentes y sus experiencias acerca de la muerte (una periodista que a punto de morir experimenta la muerte, un médium que contacta con los muertos y un niño deprimido por la reciente muerte de su hermano) pero no ofrece una visión novedosa del tema, ni en forma ni en contenido. Con ese material, cambiando bastantes cosas del guión (sobraban esa acumulación de desgracias, tópicos y despropósitos), se podría haber sacado mayor partido. Pero tampoco creo que sea culpa 100% de Eastwood, ya que el film está notablemente rodado.

La estructura narrativa de este tipo de films que juegan a tres bandas para “mágicamente” al final entrecruzar todas ellas, resulta falsamente compleja. Aquí no encontramos algo del estilo Robert Altman o Paul Thomas Anderson, eso es pata negra señores. Aquí lo que tenemos es jamón york del malo, no nos engañemos. La comentada historia del niño aunque es cierto que resulta irregular, se salva por la excelentes actuaciones, sobre todo la de un decente George McLaren en su debut en el cine, cosa que no ocurre con posiblemente la peor de las tres: la del médium encarnado por Matt Damon, pues la actuación de Will Hunting en este caso no convence demasiado y destila cierto pasotismo o más bien una inexpresividad patente. Su parte dentro del film es bastante tediosa y se vuelve recurrente en los temas del peso de la culpa, la insatisfacción personal, el don convertido en maldición o la búsqueda de la felicidad.

La breve aparición de Bryce Dallas Howard como compañera de curso de cocina de Damon tampoco consigue arreglar el tinglado, ofreciendo una interpretación ciertamente muy sobreactuada. Y es que aunque todos sabemos de sobras la calidad que atesoran Matt Damon y Bryce Dallas Howard, aquí no ofrecen su mejor repertorio, las cosas como son. No ocurre lo mismo con Cécile De France (“Alta tensión“), la cual está excelente en su rol de periodista que tras vivir una experiencia metafísica, decide involucrarse en su nuevo libro dejando de lado todo lo anterior. Sin duda, su personaje es el menos desdibujado de toda la trama.

Lo peor de “Más allá de la vida” no es lo que es, sino lo que podría haber llegado a ser y no se ha atrevido. Y es que no deja de ser la típica cinta coral de historias entrecruzadas, carente de profundidad alguna y sin la austeridad de otras propuestas, que recurre en exceso a la emoción prefabricada (y edulcorada made in Spielberg en horas bajas) con el fin de alcanzar la lágrima fácil en el espectador (incluso ILM puso lágrimas digitales en la cara del niño). Es cierto que muchos se darían con un canto en los dientes por tener una película así en su filmografía (ya le gustaría a muchos rodar como el tito Clint), pero siendo honestos, no cabe duda de que estamos ante un Eastwood menor. Su próximo proyecto será un musical con Beyoncé. Miedo me da hacia donde encamina su carrera, sr. Eastwood.


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