Clásicos Criticas Drama

Crítica: “Los olvidados” (Luis Buñuel, 1950)

los_olvidadosEl egoísmo del mundo capitalista es evidente, las diferencias entre clases sociales prácticamente inevitables, los gobiernos irresponsables y la iglesia para nada comprometida como debería estarlo ante esta eterna problemática. Ocurría en los años 50 en los barrios pobres de México, sigue inalterable en la actualidad en cualquier parte del mundo.

Buñuel junto a la inestimable ayuda del guionista Alcoriza, construye en el film Los Olvidados, un retrato sobre un fracaso social, sobre la fatalidad de un mundo encubierto por intereses, sobre la “ceguera” ajena, que parece irreversible, al contemplar y no actuar.

El dolor y la frustración abundan en esas calles marginales de México, en donde los conflictos, el vandalismo y la violencia estaban a la orden del día y Buñuel supo plasmarlo a la perfección en esta obra, con un tono absolutamente realista que no neorrealista (únicamente por el surrealismo), semidocumentalista, con escenarios reales y un casting no profesional, todo ello unido a escenas surrealistas y oníricas propias de su estilo.

Como mencionaba anteriormente, el surrealismo y los elementos buñuelianos están muy presentes en la cinta, a pesar de que el director no contara con una libertad absoluta sobre la obra. Las famosas escenas de las gallinas son un claro ejemplo de ello, que cobran mayor entidad surrealista en la aparición tras la paliza al viejo ciego o en el sueño de Pedro. Pero sin lugar a dudas, la escena surrealista por excelencia del film, es la secuencia onírica de Pedro , totalmente metafórica y con un sonido cercano a lo fantasmagórico.

El erotismo está también muy presente en el film, esas miradas llenas de perversión de El Jaibo hacia la madre de Pedro, la leche derramada por las piernas de Meche o el acoso del viejo ciego a la joven son muestras de otro de los sellos típicos del realizador.

jaibo

Sin olvidarnos de la presencia en varias escenas de la pederastia, en concreto, la escena en comentada anteriormente del acoso de Don Carmelo (el ciego) a la joven u otra mucho más sutil, en donde Buñuel recurre magistralmente al mutismo para mostrarnos, a través de un escaparate, de una forma poderosamente visual, como un hombre intenta “comprar” a Pedro.

Una de las escenas mejores y más personales del film la encontramos cuando Pedro lanza el huevo a cámara, que, en realidad, es un huevo lanzado al mundo, un mundo cegado y egoísta, el cual es capaz de observar y no actuar.

Aunque el personaje más interesante de la historia quizás lo encontramos en un secundario, el viejo ciego Don Carmelo, que, en si, es como una metáfora. Representa claramente las ideas gubernamentales, las cuales pretenden tapar esa cruda realidad (cuando dice frases del estilo: “Uno menos, así irán cayendo todos, ¡Ojala los mataran a todos antes de nacer!”), pero no solo eso, también representa, en parte, a la iglesia (fíjense en esa escena que entre quejas se acuesta a dormir, mostrándonos en el plano una cruz colgada en medio del portal) indicando, de forma extremadamente sutil, que la iglesia también mantiene ese pensamiento ante la problemática de la marginalidad y la delincuencia juvenil. Su irreversible ceguera es la misma que la del gobierno, las instituciones o la iglesia metafóricamente hablando.

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La estética del film está tremendamente cuidada, en donde destacan algunos planos subjetivos, los ralentís de la secuencia onírica o esos fundidos en negro tan elaborados que ayudan al ritmo de la cinta. La labor fotográfica en B/N de Gabriel Figueroa es digna de elogio, con un estilo del tipo expresionista muy marcado durante toda la película.

La cinta mexicana es, en el fondo, un film de denuncia social brutal, una critica a los gobiernos y la iglesia y, sobre todo, un documento sobre la injusticia con los, bien nombrados, olvidados y su incapacidad por evitar la hostilidad de esos entornos. Buñuel consiguió una obra rica, no solo en cuanto a contenido sino también en cuanto a forma, todo ello, evitando poner el final optimista y engañoso a favor del realista y crudo.

Una de las obras más fascinantes, valientes y necesarias que ha dado el cine y que sirve para recordarnos algo duro de leer pero real: los vemos pero apartamos la mirada.


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