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Crítica: “La huérfana” (Jaume Collet-Serra, 2009)

orphan_posterLa trágica pérdida de su hijo justo antes de nacer, ha dejado destrozados a Kate (Vera Farmiga) y John (Peter Sarsgaard), pesando en su matrimonio y la frágil psique de Kate, atormentada por las pesadillas y perseguida por los fantasmas de su pasado. En un esfuerzo por recuperar cierta normalidad en sus vidas, la pareja decide adoptar una niña. En el orfanato local, tanto John como Kate se sienten extrañamente atraídos por una niña llamada Esther (Isabelle Fuhrman).

Sin embargo, en cuanto Esther llega a su hogar, empiezan a producirse una serie de acontecimientos alarmantes que hacen que Kate llegue a creer que algo malo pasa con Esther, y que esa niña de aspecto totalmente angelical no es lo que aparenta. Preocupada por la seguridad de su familia, Kate trata de que John y los demás sean capaces de ver más allá de la dulce fachada de la niña. Pero nadie le hace caso hasta que puede que sea demasiado tarde… para todos.

Seamos francos, “La huérfana” no engaña a nadie. La historia que nos cuenta promete tópicos, situaciones familiares y algún que otro susto fácil, pero a diferencia de otras cintas de terror al uso que recurren al ketchup en exceso (la enferma saga “Saw“), al matarife de turno vestido de minero (“San valentín sangriento 3D“) o las que se construyen en clave de falso documental intentando ocultar su vacuidad (la decepcionante “Paranormal activity“, la mayor tomadura de pelo del 2009), “La huérfana” es una cinta digna, honesta y con una labor detrás de las cámaras competente.

Pesadillas cinematográficas del mismo género como “Expediente 39” (un despropósito más), hacen que la película de Collet-Serra, sin ser nada original, se convierta en una de las más divertidas, crueles y eficientes cintas que podemos ver actualmente en cartelera. El film bajo su apariencia de película de terror con niño coñón, esconde un thriller paterno-filial de lo más interesante desembocando en un tour de force femenino de rivalidad puramente sexual (como un “À l’intérieur” (2007) light, salvando evidentes distancias) y erigiéndose como una crítica de aupa entorno a la familia acomodada americana.

Si en la irregular y pobre “La casa de cera” (2005) el cineasta catalán tuvo que convivir -a parte del lamentable casting- con un infecto guión, que a la postre pesaba mucho sobre el conjunto, en este caso, aunque no cuente nada puramente original o novedoso, el libreto si posee unos mínimos para poder trabajar bien, logrando un acabado más redondo, y de paso, demostrando que es un director capaz de rodar con brío y eficacia.

Con claros ecos a cintas del subgénero como “La mano que mece la cuna” (1992) de Curtis Hanson y sobre todo “El buen hijo” (1993) de Joseph Ruben (con algunos tramos del guión sospechosamente similares), “La huérfana” es una film que se mueve por terrenos más crueles, densos y psicológicos que la película protagonizada por Macaulay Culkin, por no hablar de su mejor acabado formal.

Tras un arranque ciertamente pobre (salvo algún plano destacado), con ese momento onírico rodado de manera algo torpe y con unos personajes no demasiado creíbles, el film va mejorando poco a poco (tanto argumentalmente como en cuanto a realización) hasta llegar al clímax final (con sorpresa incluida que no rebelaré) resuelto de forma correctísima. Collet-Serra en este film se le ve con más criterio que en sus anteriores películas quizás por no estar tan ceñido a un guión o casting tan mediocres.

A diferencia de otros cineastas del género como pueden ser M.Night Shyamalan o Alexandre Aja, directores con un sello tremendamente característico, cuesta vislumbrar el discurso propio de Collet-Serra, pues parece más un artesano formado en USA que un inmigrante con sus manías propias. Con ello no quiero decir que sea un cineasta que no tome sus decisiones y tenga su personalidad, pero recalcar que, como él mismo reconoce, intenta hacer lo mejor que puede con los proyectos / encargos que le ofrecen. Decir que en esta película se nota su mejoría en la realización, algo más trabajada y sosegada que en anteriores trabajos, optando por un enfoque clásico y jamás haciéndose notar ni interfiriendo en lo contado, algo que se agradece.

La huérfana” es una de esas películas que pese a sus convencionalismos o tópicos dentro del género, parece que casi nadie contempla sus virtudes. La gracia del film radica en su apuesta por lo tenebroso, por jugar muy bien sus cartas (el personaje de la niña sorda tratado y usado de manera notable, no ocultar la violencia en su justa medida o ser también una película dramática sobre la desestructuración de la familia y valores yankis) y por ser un film de suspense tremendamente oscuro, además de obligar a hacer una seudo relectura del conjunto tras su visionado.

La niña interpretada brillantemente por Isabelle Fuhrman, es un personaje rico en matices, oscuro y claramente dual. Capaz de presentar dos caras (como sus pinturas: a la luz del sol son infantiles, sobre luz de neón son psicópatas), sacar lo peor de los demás, intimidar directa o indirectamente, desestructurar una familia feliz y poner en entredicho constantemente a la madre, su rival en la casa. Tras la llegada de Esther. el matrimonio comenzará a tambalease y los vicios del pasado se asomarán en sus vidas (en el caso de la madre la bebida, en el caso del padre la infidelidad), llegando a crear tensiones y situaciones de lo más insostenible.

Aunque haya quien no coincida con mis impresiones, debo decir que me resultan justísimas las actuaciones de Vera Farmiga, ofreciendo una vez más sus limitaciones como actriz, siendo difícil poder creer su papel como madre[1] y de Peter Sarsgaard, que ofrece otra interpretación más de tipo que parece somnoliento (y van…) sin decir que es mal actor, pues ha trabajado muy bien en otros films, pero aquí parece apático en ciertos momentos y claramente inocente e inverosímilmente cegado en otros.

A diferencia de Farmiga y Sarsgaard, Isabelle Fuhrman brilla con luz propia, realizando una actuación tan sobrecogedora como sorprendente, llevando todo el peso del film y cargando con un personaje dual tan complejo como cenizo. Y no solo lo borda como niña sabelotodo o como niña repelente, sino más adelante cuando se ponen las cosas feas y se destapa la sorpresa final, en donde está inmensa cuando no es nada fácil expresar todo ese sentimiento de ira e impotencia en una niña de tan corta edad.

El buen trabajo de Collet-Serra tras las cámaras y la enorme actuación de Isabelle Fuhrman, consiguen transformar un film no exento de tópicos que parecía destinado a un público nada exigente, en un producto verdaderamente interesante, más oscuro y cruel de lo aparente, con buena factura y regalando al espectador un personaje de lo más cabrón. Un thriller sobre la desestructuración familiar y la rivalidad sexual disfrazado de film de terror, mucho más honesto que otras propuestas injustamente más alabadas por el público como la decepcionante “Paranormal activity“.

[1] Algo que ya ocurría (al menos a mi) con “El niño con el pijama de rayas” (2008) de Mark Herman.


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