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Crítica: “Irreversible” (Gaspar Noé, 2002)

irrevers_posterObsérvese sin embargo en Kapò el plano en el que Riva se suicida abalanzándose sobre la alambrada eléctrica. Aquel que decide, en ese momento, hacer un travelling de aproximación para reencuadrar el cadáver en contrapicado, poniendo cuidado de inscribir exactamente la mano alzada en un ángulo de su encuadre final, ese individuo sólo merece el más profundo desprecio.”

Extracto del artículo “De la abyección“, escrito por Jacques Rivette para Cahiers du cinéma, sobre el (abyecto) travelling de “Kapò” (1959) de Gillo Pontecorvo.


Gaspar Noé es uno de esos cineastas que, a pesar de contar con una corta filmografía, ha conseguido levantar ampollas entre público y crítica como nadie y a la vez crear un debate sobre hasta donde pueden llegar los límites éticos en la ficción, o sobre las diferencia entre cine de explotación (manipulador) y cine honesto.

En su día, Jacques Rivette machacó y vapuleó la cinta “Kapò” (1959) de Gillo Pontecorvo, por su travelling de dudosa moralidad, y de alguna forma, estaba manifestando que no es lícito intentar hacer arte con el horror del holocausto. Como decía Godard, “el travelling es una cuestión moral” y dar estética al horror, intentar ser partícipe y crear una entromisión subrayada e innecesaria con la realidad filmada, en este caso, es amoral.

Quizás los comentarios de Rivette en su aclamada crítica sean algo excesivos (lo de la mano alzada por ejemplo) pero no faltos de razón y consiguen que uno se debata lo comentado anteriormente. Otra frase del artículo que me parece ciertamente apropiada para el caso sería: “Al mismo tiempo, cada uno de nosotros se habitúa hipócritamente al horror, éste forma poco a poco parte de la costumbre y muy pronto integrará el paisaje mental del hombre moderno; ¿quién podrá la próxima vez extrañarse o indignarse ante lo que, en efecto, habrá dejado de ser chocante!“. Solo hay que ver las notícias a diario…

En los años 70 (incluso hoy en día), “Salò o los 120 días de Sodoma” (1975) de Pier Paolo Pasolini escandalizó a todos por igual (con esos cuatros capítulos terroríficos y degradantes: Anteinfierno, Círculo de las manías, Círculo de la mierda y Círculo de la sangre) y bajo la provocación fácil y el ensañamiento y disfrute con el dolor, se convertía en un film puramente pornográfico y, para mi, en la peor película de su excelente filmografía. Por otro lado, conseguía también remover conciencias del sector fascista en Italia y ahí radicaba la peligrosidad hacia su persona [1].

Es innegable que tanto “Salò” como “Irreversible” son films que podrán ser del agrado o no (seguramente cuentan con el mismo número de partidarios como de detractores), pero no dejan a nadie indiferente y ambos provocan repulsión por igual. Se podrían definir como films incómodos y tristemente inolvidables.

Adentrándose ya en el cine de Noé, encontramos lugares comunes y manías omnipresentes. El realizador hace un cine sobre lo turbio de la sociedad, recorriendo ambientes y tuburios opresivos, oscuros y mezquinos. Un cine sobre lo insoportable, sobre el dolor y sobre los límites de la naturaleza humana y el irreversible paso del tiempo.

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En su anterior (y primera) película “Solo contra todos” (1998), Noé narraba la historia de un carnicero (Philippe Nahon) el cual vive solo con su hija tras ser abandonado por su mujer. Un día dicha niña tiene su primera regla y corre hasta la carnicería de su padre que, al ver la sangre, cree que la pequeña ha sido violada. El carnicero sale enfurecido de la tienda y acaba agrediendo a un inocente. La niña es internada y él encerrado en prisión.

Su primer film, con ecos a cintas como “Un día de furia” pero en plan hardcore, sería como una continuación del mediometraje que Noé realizó años antes llamado “Carne” (1991) – un film absolutamente repulsivo que constituía una reflexión entorno a la carne independientemente de su procedencia – y a la vez la pseudoprecuela de esta “Irreversible“, cuyo inicio parece tener un nexo de unión con su anterior obra, saliendo un Philippe Nahon un tanto desaliñado, declarando que fue encarcelado por asesinato.

Para entrar en contexto, la película narra la historia de una venganza perpetrada por Marcus (Vincent Cassel) y Pierre (Albert Dupontel) causada por la terrible violación y paliza a la novia del primero, Alex (Monica Bellucci).

Irreversible” posee un marcado tono pesimista en la trama, que la erige como un documento sobre el horror y la crueldad, desde un punto de vista desagradable y poco gratificante. La cinta está construída mediante un montaje acronológico, concretamente inverso. Muchas son las dudas del porqué el cineasta ha optado por montar su film así y si existe una justificación coherente para ello. Considero de que es mucho más terrible mostrar la paz después de haber experimentado el horror, que al revés. Ver las escenas de amor y cariño a sabiendas del futuro desenlace fatal, consiguen, bajo mi humilde opinión, un impacto mayor en el espectador. Unas escenas entre la pareja en las que se vislumbra un fatalismo inminente, la desgracia está en el aire, se llega a sentir, incluso parece como si fuera su última ducha juntos.

Que el montaje no siga un patrón cronológico no significa que se justifique el trabajo tras las cámaras de Noé. El film se inicia por el “final” en términos habituales, los créditos van en orden inverso (de arriba a abajo) y se van ladeando hacia un lado, como un torbellino, una espiral que no tendrá fin. Tras ello y el breve inciso de Philippe Nahon, Noé intenta mostrar visualmente el caos en el que está inmerso Marcus (Vincent Cassel) ofreciendo un espectáculo basura de movimientos de cámara sin orden ni concierto, sin significado, absolutamente mareantes y de un mal gusto galopante. Nos adentramos en el local gay “Rectus” en donde entre luces que vienen y se van, desenfoque y escenas pornográficas hacen que esos 10-15 minutos parezcan una hora y en donde la visita al wc está prácticamente asegurada (sobre todo por la famosa escena del extintor).

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A medida que la trama avanza, la cámara va calmándose intentando expresar mediante la imagen, el estado de ánimo de los personajes. Y aunque el film es claramente excesivo en todos los términos habidos y por haber, acierta claramente en la escena de la violación, una de las más angustiosas e insoportables vistas en los últimos años. Y Noé acierta porque no se entromete en la realidad, se produce todo en un plano fijo, no hay exaltación de la escena, manteniendo un encuadre que a la vez permita ver la tremenda soledad del lugar.

Una escena de casi 10 minutos absolutamente terrorífica y sumamente desagradable, de las pocas que a uno le hacen echarse las manos a los ojos o apartar la mirada. El cineasta, a diferencia de Pontecorvo en el famoso travelling, no interfiere en la desgracia, no subraya, solo muestra y, de paso, denuncia.

Pero por otro lado, existe un lado de voyerismo peligroso en el cine del director franco-argentino. Noé propone mediante su juego de provocación, poner en duda los códigos de la representación cinematográfica y su compromiso con la realidad. ¿Hasta qué punto el cine puede (y debe) ser tan franco?.

La cinta desestabiliza al espectador (con una primera mitad de una violencia brutal) para luego reubicarlo en un estado de calma y paz, incluso la cámara se mantiene casi trasparente, solo muestra los hechos, hasta un final en donde la pantalla de la sala se tiñe de blanco y somos espectadores de un festival de blinking, absolutamente demencial, no apto para epilépticos y que asegura, por enémisa vez, nuestra visita al wc. Noé nos avisa que no nos durmamos, la calma solo precede a la inevitable tormenta, y tristemente es algo irreversible.

Resulta muy interesante como Noé trata los capítulos (el film está estructurado en capítulos) -dejando de lado sus alocados titubeos con la cámara que tan poco me gustan-, ya que cada uno es un plano secuencia (algunos con trucajes, como el segundo), lo cual supone no solo un reto artístico sino también actoral, ya que estamos hablando de algunos planos de 15 minutos aproximadamente sin cortes. Los dos actores (Cassel y Dupontel) y la actriz (Bellucci) están simplemente sensacionales, siendo de lo mejor de la película y superando el reto de forma sobresaliente.

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Algo no menos destacable es el uso del sonido en el film, que recuerda claramente al cine de David Lynch, en concreto películas como “Inland Empire” o “Mulholland drive” entre otras, en donde el tratamiento del sonido le otorgaba un protagonismo prácticamente principal. Unos efectos que ayudan a aturdir más al espectador, a sumergirlo en esa espiral de caos y en esa sensación de desesperanza que habita en todo el metraje.

Algunas voces críticas han calificado a “Irreversible” como una película homófoba, racista y mil cosas más. No creo que sea el caso. Es decir, los protagonistas adoptan ciertas actitudes en algunos momentos de la cinta, absolutamente condicionadas por los hechos, por tanto las intenciones de Noé no son racistas u homófobas, sino que, desde mi punto de vista, creo que pretende reflejar la facilidad de sacar lo peor de nosotros mismos bajo situaciones límite en donde la venganza y la injustícia están por en medio.

A menudo se compara a Noé con cineastas de su generación como el danés Lars Von Trier y el austríaco Michael Haneke, y resulta realmente interesante comparar los estilos del último con el director de la cinta en cuestión. El cine de Michael Haneke es sobre la violencia insinuada, sobre lo inquietante, sobre el poder de la imagen, sobre la sugestión, sobre el sonido ante el horror. “Funny Games“, “El video de Benny” o “Caché” (uno de los films más iniquietantes que ha parido el cine en los últimos años) dan fe de ello: asesinatos fuera de plano (en donde el sonido de lo que está pasando aturde más que realmente visionarlo), videos caseros espeluznantes o filmaciones de alguien anónimo de una casa o escuela durante horas (de lo más simple e inquietante).

Noé apuesta por lo explícito, por la realidad pura y dura, sin conesiones y a tiempo real (planos secuencia). A Haneke en su cine le preocupa la disgregación de la familia, la incomunicación o la manipulación de los medios, mientras que a Noé tira más por lo grotesco y explícito. Noé pretende entrar dentro de esa liga de grandes directores que tratan tan bien la violencia en donde están Park Chan-Wook, Takashi Miike, Michael Haneke o Quentin Tarantino, pero, bajo mi parecer, está todavía muy lejos de esa gente.

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A dierencia de “Solo contra todos” (1998), en donde Gaspar Noé avisaba del tipo de producto que ibamos a ver con el mensaje “Tiene usted 30 segundos para dejar la sala de cine“, aquí ya no advierte. Confía en el estomago duro del espectador. Noé llega a la conclusión de que el cinema verité está lejos de advertencias, lejos de preparar el terreno, es pura sorpresa (grata o ingrata) y, como en la vida real, hay experiencias que no se pueden evitar vivir ni apartar la mirada ante ellas.

Irreversible” es un film sobre el primitivismo humano (el deseo de venganza como impulso natural), sobre el terror que nos acecha, sobre las premoniciones las cuales no modifican el curso de los acontecimientos, sobre la importancia del tiempo y sus consecuencias (la relativa irreversabilidad de nuestros actos). El film, aunque sobrevalorado por algunos medios, se erige como uno de los films más interesantes sobre la destrucción, que sigue la fina linea de la moralidad reafirmándose como denuncia y haciendo partícipe al espectador de tales barbaridades consiguiendo el rechazo y la repulsión de éste (algo claramente buscado por sus creadores), curiosamente como se haría si se experimentara en la realidad. Una película tan excesiva como tristemente inolvidable, capaz de reabrir el debate sobre hasta donde pueden llegar los límites éticos y morales en la ficción, o sobre las diferencia entre cine de explotación (manipulador) y cine honesto.

[1] Recordemos que tras “Salò“, Pasolini fue asesinado por comunista, homosexual y también por lo que significaba el film. Un caso parecido es el de Theo Van Gogh (por ser un homicidio cuyo móvil era una obra del autor) asesinado por un islamista en el tiempo que rodaba el film “0605” sobre el asesinato del político holandés Pim Fortuyn.


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