Criticas Drama

Crítica: “Estación central de Brasil” (Walter Salles, 1998)

A veces un film pequeño y con imaginación alcanza cotas ciertamente superiores a cualquier superproducción millonaria, y este sería un ejemplo de ello. Un film espléndido hecho con cabeza y corazón, narrando una historia que une ternura con realidad de forma sabia. Walter Salles nos regaló una de las mejores peliculas del año 1998 y sin dudarlo, una de las cumbres del creciente cine brasileño y por extensión suramericano.

Estación central de Brasil“, se podria resumir en 4 frases. Un niño en busca de su padre. Una mujer en busca de amor y de sí misma. Dos personajes a la deriva intentando llenar ese vacío personal y amoroso (a su manera) con el que cargan. Un país en busca de sus raíces. El film brasileño atesora una calidad simplemente abrumadora, y Salles nos ofrece una atípica road movie muy del estilo de la posterior “El verano de Kikujiro” (1999), de Takeshi Kitano, con personajes carismáticos (nada estereotipados), un guión que rebosa calidad e inteligencia en cada una de sus frases y en definitiva, una historia tierna contada desde el corazón pero efectuada desde la cabeza. Un film que no cae en un sentimentalismo facilón y en donde no hay lugar para los happy endings. Es tan duro o real como la vida misma.

Dora (Fernanda Montenegro), una mujer madura que vive de las pequeñas estafas que realiza fingiendo escribir cartas de encargo a los analfabetos de la estación cental de Río de Janeiro, se ve obligada a hacerse cargo de un niño, cuya madre ha muerto atropellada en la misma puerta de la estación. Tras una intentona fallida de deshacerse del pequeño Josué (Vinicius Oliveira), Dora será la encargada de acompañarle por todo Brasil al encuentro con su padre. Las experiencias que acumulan a lo largo de días y kilómetros de penurias les unirán en una relación de afecto muy particular, la cual, les servirá también de autoconocimiento y autodescrubrimiento.

La película es sin duda una búsqueda por la felicidad tan ansiada y difícilmente hallada, por todos y cada uno de los personajes. Por un niño que ansia conocer a su padre (a un padre idealizado por él al cual se agarra como única esperanza de sobrevivir), por una mujer derrotada por la vida, la cual lleva una mascara de intolerancia y odio para ocultar su inmensa tristeza y vacío, un hombre que huye del compromiso y abandona a una mujer perdida, etc… Un viaje para la ilusión de volver a empezar, de segundas oportunidades, que da a ambos lo mismo de igual forma y que guardarán en su memoria para siempre.

Josué es un niño temperamental, con un carácter marcado, y Dora es alguien similar, que no muestra cariño y que lo trata inicialmente casi como si de un adulto se tratara. Con el tiempo existirá un relación de amistad y cariño magnífica (como una especie de amor maternal, como la madre que no puedo acabar de disfrutar) y ambos se sabrán valorar en su justa medida.

En un inicio, se nos presenta a una mujer, Dora, la cual se encarga de escribir cartas en la estación a pobres personas que no saben escribir, algunas de esas cartas son tremendamente importantes, pero ella lo único que quiere es el dinero. Luego las tira o se ríe de ellas, jugando de alguna forma con los sentimientos de la gente. Si vienen a preguntarle dice que las ha enviado y que si no reciben respuesta ella no se responsabiliza y así cobra de nuevo por enviar más cartas que con casi total seguridad lanzará a la basura. La presentación de dicho personaje no puede ser más negativa y ya crea un antipatía o rechazo por parte del espectador.

Un día viene una mujer con su hijo y quiere que le escriba y le envie una carta a su marido, dicha mujer posteriormente muere al lado de la estación y el niño vaganbundea por ella los días posteriores. Dora decide hacerse cargo del niño (el citado anteriormente Josué), pero su retorcida mente solo piensa en dinero y es capaz de venderlo a una red de menores, en un acto lamentable lo cual indica claramente la calaña a la que pertenece dicha mujer.

Arrepentida al dia siguiente, vuelve al lugar donde le vendió y se lo lleva corriendo. Asustada y amenazada de muerte decide huir de la ciudad y emprender un viaje con Josué en busca de su padre.

Primeramente su relación es imposible, y Josué no la quiere y le da asco por lo que ha hecho, pero poco a poco irán congeniando y entendiéndose. Josué comprenderá que todo ese odio y mal humor que ve en Dora es producto de una vida llena de decepciones, fracasos, vacío emocional e insatisfacción. Con el paso del tiempo, se llegarán a complementar el uno al otro convirtiendo el viaje en algo sentimentalmente puro e inmaculado.

Durante el trayecto y tras perder el autocar, conocen a un camionero que les lleva durante gran parte del recorrido. Dora hace grandes migas con él hasta que un día en un bar con una sola mirada y cogiéndole de las manos le expresa visualmente sus sentimientos hacia esa persona. Recalcar que él (el camionero) es alguien que renegaba de que en su vida habría conocido a muchas personas y con las cuales había logrado una gran amistad pero con el tiempo se perdía y se quedaba en nada y que todo ello le dolía.

Tras haberle cogido de las manos y ausentarse un momento para ir al servicio, en donde Dora aprovecha para arreglarse y pintarse, tras años sin haberlo hecho, él ha desaparecido, solo ve a Josué al lado del futbolín. La desagarradora escena en donde Dora mira tras la ventana del bar como el camión desaparece en la carretera entre grandes nubes de polvo es una de las destacadas del film. Una mujer condenada a la soledad y al rechazo. Fernanda Montenegro está espléndida en esta escena, expresando con su rostro toda esa frustración, vacío e impotencia.

Tras ello proseguirán el viaje, con algunas alegrías y otras tantas decepciones, un viaje más largo de lo que a priori parecía, y que será recordado por ambos como algo increíble e imborrable en sus vidas. Un viaje que cambiará a ambos.
¿Quién no se ha emocionado con el final de “Estación central de Brasil“? Con esa última carta de Dora a Josué. Una carta escrita tras haber concluido con su misión/obligación/tarea de llevarle con su família y, por un lado también contenta por haber abierto al fin su duro y castigado corazón.

La dirección de Walter Salles es ejemplar, uno de los directores actuales a seguir, recordemos que ha supervisado (medio realizado) maravillas como “Ciudad de Dios” y dirigido esa enorme película que debería ser más recordada y recuperada como es “Diarios de Motocicleta“. Junto a Fernando Meirelles y G. Rocha, el mejor de Brasil. Sus imagenes están impresas de una emotividad, sencillez, lirismo y delicadeza destacables, que consiguen retratar y amplificar la soledad y falta de estima de ambos personajes. Su tendencia de uso de técnicas en ocasiones cercanas al documental en una fina linea que lo separa o confluye con la ficción, ayudando a remarcar ese desenpara al que se ven sumidos los personajes. Un pleno acierto suyo sería el incluir en los créditos finales todas esas cartas que se perdieron y que merecen ser oidas. Magnífico final.

Las actuaciones son maravillosas. Una actriz de teatro como Fernanda Montenegro nos regala algo único, una actuación tan sincera y profunda que llega a emocionar. Fabulosos registros tiene su (gran) personaje en donde es capaz de pasar de alguien dura e inhumana a alguien que las circunstancias hacen que deje pasar esa bondad que lleva dentro y que la vida ha cerrado el paso (plantando cara y combatiendo su dolor). En cualquier escena está increible, en el final, ante la ventana del bar, ante el espejo mientras decide pintarse los labios (como si de un renacimiento se tratase, como si fuera un regreso a la aceptación personal), etc. Su trabajo en este film me resulta simlemente espectacular.

El resto, geniales también, sobretodo Vinicius Oliveira, interpretando el rol del niño, Josué, un papel con multitud de cambios de personalidad y consigue expresar tanto realismo que juraría que ese chico tiene futuro como actor. Fotografía (con unos tonos verdosos conseguidísimos), música, edición, ambientación y demás , conseguidos. Sobretodo la música que es excelente y la fotografía que es fantástica.

SPOILER Si hay algo muy destacable de “Central Do Brasil“, es su final, esa carta que escribe Dora a Josué, la única carta sincera que no va a romper y que escribe con el corazón, aquí os la dejo:
Josué,
Hace mucho tiempo que no le mando una carta a nadie, ahora te mando ésta a tí.
Tienes razón, tu padre aparecerá y seguramente es tal como tu dices que es.
Recuerdo cuando mi padre me llevaba en la locomotora que él conducía, permitía que una cría como yo tocara el silbato del tren durante todo el viaje.
Cuando recorras las carreteras con tu enorme camión, espero que recuerdes que yo fuí la primera persona que te hizo poner las manos en un volante.
Será mejor para ti quedarte con tus hermanos. Te mereces mucho, mucho más de lo que yo podría darte.
Cuando quieras acordarte de mi, mira la pequeña foto que nos hicimos juntos. Te lo digo porque tengo miedo de que algún día tú también me olvides.
Echo de menos a mi padre. Echo de menos todo.
Dora
FIN SPOILER

Dora parte de nuevo de viaje pero ahora con una sonrisa en la cara y con el traje que le regaló Josué, también con lágrimas por tristeza pero también por primera vez en mucho tiempo por alegría y satisfacción por sentirse realizada (el mismo caso que Kikujiro en el film de Kitano, tras concluir su particular viaje).

Sutil, elegante, emotiva, sencilla, pequeña pero grandiosa por su mensaje y ante todo, muy sincera y honesta. Una película sobre la vida, sobre náufragos incompletos. Todo un must see!.


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