Criticas Drama

Crítica: “El camino de los ingleses” (A. Banderas, 2006)

cam_ingl_postEs bien sabido que el panorama de la cinematografía española no pasa por un buen momento y, en muchas ocasiones, nos inundan con proyectos que solo aportan vacuidad y desinterés al espectador, salvo casos contados, y El camino de los ingleses, es una clara excepción a ello, aunque a muchos les pese estas palabras xD.

Sin haber leído la novela homónima ni visionado la anterior y, según dicen, recomendable cinta de Antonio Banderas, Crazy in Alabama, para un servidor, este film supone el primer acercamiento a la corta obra como realizador del actor malagueño y, bajo el humilde punto de vista de un aspirante a crítico amateur, la cinta realmente causa una buena impresión, consigue alzar el vuelo del, en términos generales, falto de talento y cansino cine nacional, y transforma el habitual hastío en alegría por poder descubrir un film tremendamente interesante y realizado con un formalismo ejemplar.

A lo que a uno le lleva a expresar que la película constituye un pequeño punto de inflexión dentro de la mediocridad habitual de estrenos nacionales, porque, si bien es cierto, cada año existen films españoles de calidad, pero cuantitativamente no compensa.

Con grandes dosis de cinefilia y referencias que van desde el cine de Almodóvar (algo muy evidente, ya desde el propio cartel de la película), el cine indie americano e incluso a David Lynch, por sus numerosos y conseguidos momentos oníricos, Antonio Banderas compone una obra muy interesante y muy personal, con algunos fallos narrativos que crean cierta confusión, con algunos personajes que podrían estar algo mejor perfilados pero que ello queda medio perdonado por la grandísima puesta en escena, el riesgo de su propuesta, algunas de las actuaciones, el uso del color en el film, el juego focal que sinceramente es fascinante y una música que se mueve entre la clásica cuerda y el jazz.

El film nos habla sobre el juego de la vida, y como la misma está controlada, queramos o no, por el azar. Un azar que es tan variable como el tiempo, para bien o para mal, como nos intenta comunicar el narrador, curiosamente un locutor primerizo de radio, encarnado por un decente (quien lo iba a decir!) Fran Perea, como si de una crónica radiofónica más (a los espectadores) se tratase.

Narrativamente hablando, es mejorable y, como algunos films corales, al tener tantos personajes y tantas situaciones, se tiende a no construirlos perfectamente a todos, lo cual lleva a momentos en donde la narración se vuelva confusa. Ello hace que el ritmo decaiga por alargar determinados pasajes que deben aportar nostalgia a Antonio pero que al espectador hacen retrasar la trama y convierten el ritmo de la cinta en un pelín irregular.

Se pueden substraen ciertas lecturas interesantes de la trama, pues el film no solo nos habla del amor, sino también del autoconocimiento, de la muerte, de la trascendencia de la misma, de aprovechar la vida, de abrir los ojos (es decir, madurar), del deseo, de la traición, de dejar atrás el pasado, de la culpa, de la liberación como ser y, por supuesto , de las dos caras de la fortuna.

Como se ha mencionado anteriormente, lo más destacable del conjunto es su formalismo, el como está contada la historia por encima de lo que cuenta. El inteligente uso del desenfoque es una de las señas del film, véase por ejemplo tras marcharse el personaje de Marta Nieto del coche de Paco (Félix Gómez), ese juego que se hace con las luces desenfocadas transformando dos en una, como si esa separación diese esa libertad corporal y espiritual al personaje masculino, y quizás también al femenino. Estos detalles son los que enriquecen la obra.

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Pero si hay algo que realmente merezca la pena, para un servidor, son los momentos oníricos y, en ocasiones, surrealistas de la película, totalmente (y salvando mucho las distancias) dedudores del gran Lynch, Hitchcock (recuerden Vertigo y sus minutos bizarros) e incluso de Buñuel, los cuales contienen una puesta en escena memorable, unos planos tremendamente elaborados con un encuadre medido, un uso del sonido fabuloso y unos dialogos que hablan por sí solos. Es lo que dota de “ese algo más” al film.

Mención a parte, tendría lo aportado en temas fotográficos por el gran Xavi Giménez, uno de los mejores profesionales de este país en estos ámbitos, el cual juega con el colorido, en ocasiones, con el abuso de contraste (aunque no tanto y tan a menudo como el encasillado, fotográficamente hablando, Janusz Kaminski) y las escenas nocturnas con cierta luminosidad amarillenta. En donde el trabajo de Giménez cobra mayor relevancia y protagonismo es en las escenas surrealistas, en donde, a parte del uso de filtros, contienen unos contraste de luz realmente impresionantes (véasen las escenas de la sala de quirófanos, o las secuencias entre Alberto Amarilla y Victoria Abril). Posiblemente, este año se lleve el Goya por tan magno trabajo, de hecho, por su trayectoria con Filmax y otras producciones ya va siendo hora que sea premiado, aunque ya es bien sabido el poco valor que puedan tener premios de esa categoría.

Las actuaciones son bastante decentes y la del personaje principal, interpretado por Alberto Amarilla, una buena interpretación aunque quizás algo contenida en demasía. Encuentro ciertamente más natural a Raúl Arévalo. Lo poco que sale el gran Juan Diego, está bien. En cuanto a María Ruiz, la cual me recuerda físicamente mucho a alguien más o menos cercano, construye más o menos bien su personaje, pero le falta algo. Aunque hecho en falta una mayor identificación emocional por parte del espectador con los personajes, denoto cierta frialdad en el film.

Sobre el plano final, permítanme decirlo, es magnífico, como perpendicularmente se entrecuzan Miguelito (Alberto Amarilla) y Luli (María Ruiz), visualmente representando a dos personajes destinados a no estar juntos, dos almas quizás malditas y ambas con amor a sus pasiones respectivas (la poesía y el baile).

Quizás producto de ser el primer visionado o no, considero que estamos ante una película interesantísima, atípica en el cine español actual (digan lo que digan) y que impulsa, de una mejor o peor manera, al espectador a reflexionar sobre algunas etapas de la vida.

Quizás pueda parecer un film pretencioso y que oculta su vacuidad en su lograda puesta en escena, pero particularmente opino que es una buena película pese a sus fallos, con momentos de un riesgo cinematográfico elogiable, tal y como está el cine nacional.


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