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Crítica: “El territorio de la bestia” (Greg McLean, 2007)

rogue_posterAustralia siempre ha dado al cine obras interesantes y a tener en cuenta. Realizadores como Peter Weir, George Miller, Phillip Noyce, Baz Luhrman o Scott Hicks dan fe de ello. Tristemente, el cine de dicha isla nos llega en cuenta gotas y poco se puede hacer, a sabiendas de como funciona la distribución de cine no americano.

En los últimos años un realizador ha llamado ciertamente la atención de los fans del género de terror. Se trata de Greg McLean, un cineasta que ya hizo sus pinitos en teatro como asistente de Baz Luhrmann y tiempo después se lanzó a dirigir cine estrenando “Wolf Creek” (2005), un survival horror mucho mejor de lo aparente, que no destacaba por su originalidad pero si por su temple en la dirección y por su habilidad a la hora de desenvolverse en ese tipo de atmósferas opresivas. La cinta se estrenó en España casi dos años más tarde, una practica habitual en cierto tipo de cine independiente o de otros países (ya no digamos asiáticos).

Tras ella, y como hizo Tober Hopper tras “La matanza de Texas” (1974) (curiosamente otro survival horror), McLean se decidió por una monster movie con cocodrilo tamaño XXL. En el caso de Hopper se llamó “Trampa mortal” (1977), en donde el responsable de un hotel situado en mitad de los pantanos de Louisiana poseía un voraz caimán al que alimentaba con la carne de sus huéspedes. Era más una mezcla entre “Psicosis” (1960) y los cómics de la DC, que destacaba por su atmosfera entre malsana y onírica. El segundo film de McLean se titula “Rogue” (por estos lares conocida como “El territorio de la bestia“) y aunque diferente, tiene como principal amenaza el reptil asesino y como mayor virtud una atmosfera conseguida y una labor de dirección más que decente. Resulta curioso ver esta similitud en las carreras de McLean y el Hopper de los inicios.

Rogue” nos narra la historia de Pete (Michael Vartan), un periodista americano que prepara un reportaje sobre la industria turística en auge en el norte de Australia. Allí se unirá con un grupo de excursionistas y su guía llamada Kate (Radha Mitchell), para realizar un crucero por el río.

Todo transcurre con normalidad hasta que, de repente, el barco es sacudido por una criatura gigante y se encalla en un islote. Cuando cae la noche, el grupo de turistas se convierte en una presa fácil para la bestia, debido a la subida de la marea, y comienza una feroz lucha por la supervivencia en uno de los lugares más inhóspitos del mundo.

McLean vuelve al terreno del terror pero esta vez adentrándose en el subgénero de monster movie, consiguiendo una cinta que pese a su engañosa apariencia, es un producto perfectamente disfrutable, lejos del humor negro de “Mandíbulas” (1999) de Steve Miner y de la calidad de propuestas tan destacables como “The host” (2006) de Bong Joon-ho, es honesta consigo misma y cuya falta de originalidad tampoco supone excesivo problema.
Se trata de una modesta película cuya mayor virtud radica en la total ausencia de chistes malos, su conseguida atmosfera, su trabajo con el suspense, su sensacional manejo de las viejas mecánicas del cine de aventuras y su ajustada duración.

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Si en “Wolf Creek“, McLean se acercaba más al cine de casquería rural de Tobe Hopper o de Alexandre Aja, en “Rogue” se muestra más afín al cine de aventuras de antaño y a las cintas de terror de serie B. Personalmente, me recuerda algo a “La mujer y el monstruo” (1954) del gran Jack Arnold, porque ambas reflejan la intromisión del hombre en un espacio natural cerrado, hábitat de un monstruo, un territorio ocupado y cuya visita será considera claramente como inhóspita. También recuerda, salvando las distancias, al cine de antaño de Peter Weir en donde se potenciaba el poder que la naturaleza ejerce sobre los insignificantes humanos (en las sensacionales “Picnic en Hanging Rock” (1975) o en “La última ola” (1977)) y al cine de John Boorman, por esas luchas casi epopéyicas entre el hombre y la naturaleza y como ésta usa sus recursos para acabar con sus intrusos.

Como pasaba con su anterior film, “Rogue” posee dos partes claramente diferenciadas. En la primera parte, el realizador hace lo que mejor sabe hacer: preparar el terreno, crear poco a poco el clímax, presentarnos a los personajes con cuatro pinceladas siendo suficientes sin apenas palabras, jugar con el suspense subterráneo, con el terror a lo desconocido, algo que está a punto de acontecer pero que se hace esperar. Si bien en “Wolf Creek” esta parte dura casi una hora, siendo todo un acierto el prolongar el terror tanto tiempo, en este film no se hace tanto esperar (también es un film de menor duración), pero se toma su tiempo. A recordar una de las primeras escenas del inicio en donde Pete (Michael Vartan) va a un bar de un pueblucho cercano al río para preguntar. Ahí McLean está ya preparando ese ambiente turbio y enrarecido que caracterizará a la cinta.

En esa primera mitad, juega un papel importantísimo el paisaje australiano, esas montañas, esos desfiladeros, esos animales espectadores del crucero por el río, de intrusos en su hogar natural. McLean como ya hizo en “Wolf Creek” otorga un protagonismo principal al ecosistema, si en su primera película, el desierto, el cráter por el meteorito y la ausencia de residentes en la zona formaban parte del verdadero terror palpable, en “Rogue” esa frondosa y hostil jungla con esas aguas opacas. El paisaje siempre es usado como elemento terrorífico al servicio de la historia, nunca como algo gratuito.

Es interesante ver como el director añade poco a poco elementos de suspense a la trama ya sea mediante lo visual (la pintura rupestre en la roca representando a un cocodrilo gigante) o verbal (las discusiones y tensiones entre los pasajeros del crucero, añadiendo por momentos comicidad al asunto cuando se habla del creciente apetito de cocodrilos locales (como si ellos estuvieran libres de todo peligro).

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El realizador durante toda esta primera parte juega con el suspense (y exprime al máximo las posibilidades que da el islote en medio del lago), jamás se nos enseña al cocodrilo gigante (salvo contadas excepciones y de forma muy sutil) existiendo una clara dosificación en su uso, lo cual supone todo un acierto y que recuerda al tratamiento dado por Spielberg en su film sobre el escualo. El personaje del monstruo se presenta como una presencia inquietante, tratada de una forma casi invisible.

La fotografía de Will Gibson, funciona a la perfección sobre todo en los planos generales, cenitales y travellings en las escenas diurnas y en interiores y exteriores en las nocturnas (con un buen manejo de los focos y la distribución, jamás iluminando más de la cuenta). Una mitad en donde se sugiere más que se muestra y en donde se intenta evadir de los tópicos.

Tras una primera parte que parecía augurar lo mejor, un producto a la vieja usanza (ajustada duración y notable calidad), la cinta se adentra en terrenos comerciales (impuestos o no) y se vuelve todo más previsible, los tópicos se hacen más evidentes, resulta menos angustiante y más inverosímil. Las escenas finales en la cueva, quizás pequen de ser un rara avis dentro del conjunto, pero McLean las resuelve con virtuosismo tras las cámaras. Justo ahí es donde el cocodrilo gigante se vislumbra en su totalidad (sin demasiado iluminación y en donde el trabajo de FX se hace más evidente) y su lucha encarnizada con Pete resulta tan vibrante como inverosímil. La última media es una clara concesión a la taquilla, pero ni mucho menos desmerece al conjunto, a pesar de ese final con tintes dramáticos un tanto forzados. De todas formas, el film merecía una mejor resolución.

En este film, McLean pudo contar con rostros más conocidos que en su película anterior: la excelente Radha Mitchell (una actriz muy a tener en cuenta. Así lo demuestran sus intervenciones en films de Woody Allen o Tony Scott), Michael Vartan (uno de los tios más sosos del panorama actual, compitiendo directamente con Orlando Bloom o Robert Pattinson) y Sam Worthington (uno de los tipos más solicitados en Hollywood, y que ha trabajado ya en la última entrega de Terminator o el esperado último film de James Cameron).

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Quien espere la sequedad y el terror rural de “Wolf Creek” en “Rogue” quizás salga decepcionado. Yo la ubico más en el género de aventuras, jugueteando con el terror y el suspense. Aparentemente por su argumento tan a priori trillado, puede espantar a más de uno, pero considero que merece una oportunidad. Pues no muchas películas de este subgénero saben construirse a partir de una atmosfera, no basar el film en efectismos baratos, sugerir más que mostrar o de romper tópicos (SPOILER me encanta esa escena en que Pete llama a Kate, tras esta haber sido mordida por el cocodrilo y sumergida, y ella no contesta, no aparece, él insiste muchas veces pero nada, tan real como la vida misma, y la escena se aparta de sentimentalismos varios. En cualquier otra película de este tipo, saldria la chica del agua, en esta no. FIN SPOILER).

Un producto aparentemente destinado a la evasión y carente de interés, pero gracias al trabajo de McLean en la dirección manejando los mecánismos del cine de antaño, es transformado en una solvente y desenfadada cinta de aventuras salpicada de momentos de terror, usando el suspense subterráneo como vehículo para inquietar, con una remarcable solidez narrativa (una absoluta lección de concreción de guión), tratando la presencia amenzadora de la bestia desde la sugerecia, con un uso del paisaje de corte protagonista y una atmósfera realmente trabajada y angustiante. Su última media hora es algo decepcionante ya que se rompe el discurso mantenido en las tres primeras cuartas partes del film. A pesar de su mejorable resolución, estamos ante uno de los films más honestos, modestos y que cumplen lo que prometen, ni más ni menos.

Rogue” encantará a los fans de la sci-fi / terror de antaño pues, aunque no esté exenta de fallos, posee una dirección cojonuda, y es a todas luces una peli solvente y muy interesante, como toda la, hasta ahora corta, filmografía del señor McLean.


6 Comentarios

6 comentarios

  1. Rafael

    27/09/2009 at 16:27

    Aunque el argumento tire algo para atrás le daré un vistazo, pues por tu comentario, me parece que será como mínimo interesante.

    saludos

  2. Tarquin Winot

    28/09/2009 at 05:54

    A mí me parece un producto muy digno: entretenido, emocionante y bien interpretado. Sí, es previsible, pero es una “monster movie”. Tampoco podemos pedirle una gran originalidad. La parte final en la cueva no hay quien se la crea, pero reconozco que me roía los nudillos de ansiedad.

  3. Xavi Darko

    28/09/2009 at 15:19

    Exacto Tarquin, una muy digna peli. Y además McLean sabe rodar, como ya demostró en su anterior film.

    Por cierto, dentro de poco otra monster movie “The host 2”, aunque esta vez no dirige Bong Joon-ho, solo produce creo.

    Un saludo!!

  4. Xavi Darko

    28/09/2009 at 17:35

    Por cierto, Rafael, dale una oportunidad, si te molan las pelis de aventuras de antaño con monstruo incluído, no te decepcionará, a pesar de esa media hora final con claro target comercial.

    Saludos

  5. Alberto Q.

    29/09/2009 at 10:52

    Siento discrepar pero a mí solo me gustó el principio (por los paisajes supongo). Luego me aburrió soberanamente casi todo el metraje, con alguna escena que engancha (los supervivientes que se quedan en el islote) y poco más.

    Saludos!!

  6. Xavi Darko

    29/09/2009 at 14:20

    Hola Alberto, pues está bien que a no todo el mundo guste, si no no habría debate jeje.

    A mi me gusta relativamente, que le he dado solo 2 estrellas y media! Reconozco que a pesar de sus defectos, es una estimable cinta de aventuras y está bien dirigida por McLean.

    Por cierto, que te pareció “Wolf Creek”?

    Saludos

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