Criticas Drama Fantástico

Crítica: “El retrato de Dorian Gray” (Oliver Parker, 2009)

El único medio de desembarazarse de una tentación es ceder a ella” (Lord Henry Wotton)


La historia nos traslada a finales del siglo XIX, en plena época victoriana, cuando un joven aristócrata heredero de una gran fortuna llamado Dorian Gray (Ben Barnes) a su llegada a Londres conoce al artista Basil Hallward (Ben Chaplin). Impresionado por la belleza física del joven, Basil pinta un retrato de éste, dando como resultado la mejor obra hasta la fecha del pintor.

Un día charlando con Basil, Dorian conoce a Lord Henry Wotton (Colin Firth), un amigo de Basil, y rápidamente se cautiva por la visión del mundo de Lord Henry llena de amoralidad y placer. Exponiendo un nuevo tipo de hedonismo, Lord Henry indica que “lo único que vale la pena en la vida es la belleza, y la satisfacción de los sentidos“.

Al darse cuenta de que un día su belleza se desvanecerá, Dorian permuta su alma por la juventud eterna, provocando -mediante una invocación- que sea el retrato realizado por Basil el que sufra el proceso natural del envejecimiento y no él.

Su búsqueda del placer lo lleva a una serie de actos de libertinaje y perversión, los cuales quedan reflejados en su retrato, como si fuera un recordatorio de los efectos de cada uno de los actos cometidos sobre su alma, y en donde cada pecado queda expuesto como una desfiguración de su rostro o a través de un signo de envejecimiento. Lo que en principio parecía un don, acabará convirtiéndose en una maldición eterna.

Influencias o adaptaciones de “El retrato de Dorian Gray” -una de las mayores obras maestras de Oscar Wilde- las hemos podido ver en multitud de medios ya sea escritos (obras de teatro, cómics), visuales (películas) o sonoros (algún tema de The Futurheads o la banda granadina llamada justamente “Dorian Gray”). Esta nueva versión, firmada por Oliver Parker, como era de esperar, no aporta absolutamente nada interesante a lo visto, quedándose más cerca de un blockbuster vacío que de un acercamiento serio a la obra de Wilde.

El retrato de Dorian Gray” (2009) es una adaptación libre, no demasiado afortunada, que en ciertos aspectos resulta poco respetuosa con su homónima literaria. Mientras la novela ofrece una historia gótica de temática faustiana entorno al narcisismo de Dorian Gray, siendo a la vez un retrato oscuro y psicológico de éste y de paso una brutal crítica a la Inglaterra victoriana de entonces con su visión indulgente del hedonismo (con Lord Henry Wotton como máximo exponente de ello), la película se queda en algo puramente superficial, cine masticado para nuevas generaciones, desaprovechando una texto tremendamente profundo y de gran valor crítico.

Y es que dista en exceso de la memorable obra del autor irlandés, no solo en su inicio sino también en su cuerpo y desenlace. Más que una adaptación, la obra de Wilde parece la excusa para dar forma a un nuevo animal cinematográfico con más carencias que aciertos. Una versión simplificada del original literario.

Intentando olvidar el hecho de que sea una adaptación, tratándola solo desde el prisma cinematográfico, tampoco consigue salvarse de la quema. Oliver Parker ofrece un producto – obviando vestuario y localizaciones interoriores- poco trabajado, divido en dos claras partes diferenciadas (siendo la segunda mitad, tras esa elipsis temporal, la más nefasta e inconexa) y aparte de los odiosos ralentís, nos obsequia con gratuitas escenas de sexo -con unos horrorosos encadenados en las escenas eróticas- y ketchup que no vienen a cuento. Sobre ese final tan horrendo, mejor no comento nada para no herir sensibilidades. Un cineasta que parece más preocupado en dirigir un largometraje que busca el morbo fácil y una historia masticada, que no en hacer una película digna de mención.

Nada más iniciarse el film, podemos comprobar dos cosas que nos acompañarán durante el resto del metraje: un actor verdaderamente inexpresivo (Ben Barnes) encarnando un papel tan rico en matices como el de Dorian Gray y por otro lado, una ambientación del londres victoriano verdaderamente deplorable (esa horrible panorámica inicial), con unos FX de juzgado de guardia, dejando palpable un ajustado presupuesto en la producción. El film refleja la vida de la alta sociedad londinense por encima, de forma todo muy superficial, cuidando más los interiores que los exteriores, en donde se hace más patente el mediocre trabajo de CGI. Siempre he creído que los mejores trucajes son aquellos que no se notan, jugando inteligentemente con lo que se puede hacer dentro de las posibilidades.

Siendos honestos, Ben Barnes, más conocido por los sectores juveniles como el príncipe Caspian, no da la talla. Un joven que entra dentro del perfil de “actor para adolescentes sin dotes especiales para la interpretación cuyo trabajo se mueve entre la inexpresividad y la sosería”. Vamos, de la misma escuela que Tom Welling, Ashton Kutcher y compañía.
Los diferentes estados que vive el Gray de la película (inocencia, enamoramiento, narcisimo, prepotencia, etc) nunca se ven reflejados en un cambio facial o corporal del actor. Tanto da si está enfadado o feliz, la sosería es la misma. Ni siquiera en la segunda mitad del film, que es donde se requiere más de él.

Como decía anteriormente, uno de los puntos flacos de la película es cómo presentan al personaje de Dorian Gray, con cuatro pinceladas y demasiado distante al original que era mucho más abstracto e interesante. Dista tanto que me lleva a afirmar que este Dorian Gray tiene casi más en común con el Patrick Bateman de “American Psycho” que con el propio personaje de Wilde, por sus delirios sexuales y su violencia. En el film parece más un inocente estúpido con infancia turbia, convertido (a base de obligación) en dandy prepotente siendo más influenciable que influyente.

Mejor parado sale Colin Firth como Lord Henry Wotton, a pesar del lamentable tratamiento de su personaje (jamás creíble y superponiendo su lado maquiavélico de rico ocioso a su ingenio y sus consejos), realiza una interpretación más que decente, demostrando una vez más el enorme talento que posee. Firth se merienda al resto del reparto -cosa no demasiado complicada- en el cual podemos encontrar también a un justito Ben Chaplin como Basil Hallward el pintor que crea el retrato, una fugaz Rebecca Hall y a Rachel Hurd-Wood (vista en la infravalorada “Solomon Kane” (2009)) como la prometida de Gray: Sybil Vane.

Hay dos cosas imperdonables en la adaptación de una obra maestra: no respetar las cualidades de ésta (el tratamiento de los personajes -sobre todo Gray y Lord Henry-, la ambientación, la crítica ácida a la Inglaterra victoriana con su visión indulgente del hedonismo, la eterna juventud, la monstruosidad de la belleza, el peso de la inmortalidad, etc…) y en caso de haber optado por hacer una adaptación libre, independiente de su original, no tener un discurso propio para ello. Por tanto, podríamos definir a “El retrato de Dorian Gray” como una descuidada cinta de target blockbusteriano, que permuta la calidad de la novela por el morbo, la torpeza y la apatía del film. Cine de entretenimiento masticado para nuevas generaciones.

En los tiempos de las clínicas de operaciones estéticas, la sobrevaloración de la belleza, la admiración de la juventud o el culto al cuerpo, todavía es de candente actualidad los temas que ponía encima de la mesa el sr.Oscar Wilde con esta enorme obra. Una obra atemporal e imperecedera. En cuanto al film.. mejor olvidarlo.


2 Comentarios

2 comentarios

  1. Fernando

    10/03/2010 at 00:53

    Muy acertada su crítica, en mi caso primero vi la película, y me gustó, pero después leí el libro, y cambió totalmente mi opinión de la “adaptación”, ni siquiera se acerca a la obra maestra de Wilde…

  2. Xavi Darko

    10/03/2010 at 15:35

    Hola fernando,

    Bueno, es que la novela está muy por encima de la película. Es una lástima porque el material era de primera categoría, pero evidentemente hay que tener talento para saber trasladarlo a pantalla. Y aqui miraban primero que fuera lo suficientemente palomitera para triunfar, antes que hacer una adaptación seria. Y al final, ni una cosa ni otra, porque en taquilla allá donde se ha estrenado, ha pasado sin pena ni gloria. En España ni se ha estrenado que yo sepa… por algo será xD

    Saludos

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