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Crítica: “Cuentos de la luna pálida” (Kenji Mizoguchi, 1953)

ugetsuLa sensibilidad de lo sobrenatural:

Pocos films destilan ese aroma de calidad y humildad como esta obra de Mizoguchi, un director capaz de mostrar lo sobrenatural o extraordinario de un modo plenamente realista, a diferencia de Ozu que se dedicaba más a mostrar lo ordinario o cotidiano.

Apartado del cine épico espectacular de Akira Kurosawa, Mizoguchi apuesta por un cine atestado de valores tradicionales en donde suele mezclar lo real con lo sobrenatural -ambos mundos separados por una finísima línea- en un cine que nos habla de la aceptación del hogar, la felicidad, el amor (y sus tipos), la familia (sus relaciones, sus dificultades, sus miedos), el honor y de la responsabilidad. El film de Mizoguchi es claramente de corte fantástico enmarcado en un período de época, pero en ningún momento pretende conseguir un relato épico retórico.

Arranca con un bello plano secuencia de corte pictórico que nos sitúa geográficamente (muy característico del director nipón) y presenta a un pueblo en un tiempo enmarcado en plena guerra civil.

Las circunstancias harán que el protagonista, -un alfarero encarnado por Masayaku Mori, el cual vuelve a coindir con Machiko Kyô tras “Rashômon” de Kurosawa-, se vea obligado a abandonar a su propia familia para poder vender la mercancía que ha podido salvar. Dicha mercancía es comprada por una dama de aparente alta clase social que consigue fácilmente seducir al alfarero. Una vez pasada la noche con la dama, descubrirá que no era real. El mundo sobrenatural ha irrumpido en el real. Exactamente, eso es lo que ocurre en el epílogo del film cuando por fin el alfarero abre los ojos y cae en la cuenta que su mujer falleció y que solo ha estado tratando con su espíritu.

Mizoguchi propone un dilema entre los distintos tipos de amor que se dan en el film: Por un lado el amor de pareja, el familiar, el tradicional, el sagrado y por otro el amor lujurioso, irresponsable y profano.

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Algo también innegable es la importancia de la mujer y el tratamiento de ésta en sus films, sobre todo respecto a su posición social y sus relaciones con los hombres. El hombre es quien cae hechizado por el poder espiritual y posesivo de las 2 mujeres protagonistas del film.En el caso del hombre, vemos una reivindicación de lo individual en ciertos aspectos como una alegría por mejorar su situación personal, laboral y familiar, por superar los obstáculos encontrados y ampliar horizontes, algo que es convertido totalmente en egoísmo debido a esa insistencia e impaciencia por alcanzar el sueño de llegar a ser un honorable samurai, despreocupado aún teniendo a su familia abandonada. La avaricia y las ansias llevan a una clara perdición, eso es el mensaje de Mizoguchi en el film.

Nunca desaparece del todo esa aura sobrenatural que envuelve “Cuentos de la luna pálida”. Sin utilizar ningún recurso visual específico e identificativo para las escenas oníricas/sobrenaturales, como si era costumbre en Buñuel u otros, Mizoguchi crea una historia en donde ya no solo combinan sino que cohabitan ambos mundos, la fantasía superpuesta con la realidad, todo ello mostrado visualmente de la misma forma.

Muchos planos contienen una estética plenamente fantasmagórica, por ejemplo la escena de la barca con esa bruma que lo oculta casi todo y ese detalle de esa barca que pasa destrozada por un ataque, una sutil muestra visual de un peligro inminente, un miedo a lo desconocido tras esas brumas. En la actualidad, Steven Spielberg hizo uso de este recurso visual en la infravalorada “La guerra de los mundos” en aquella escena en donde pasaba ese tren ardiendo, toda una premonición del terror y caos que estaba por llegar.

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Cuentos de la luna pálida” ofrece un mensaje universal y de una validez atemporal: Debemos ante todo ser humildes, responsables y buenas personas.

Una película fascinante, humilde, desconcertante, única, con una sensibilidad puramente oriental y, ante todo, tremendamente hermosa.


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