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Crítica: “Apocalypto” (Mel Gibson, 2006)

apocalypto_posterEn sus tiempo e incluso hoy en día, ciertas voces criticas tachaban algunas obras de un cineasta del calibre de John Ford como racistas, por sus temáticas y su forma de retratar el pueblo indio y sus antihéroes. Son opiniones absolutamente respetables, faltaría más, pero ciertamente cuestionables. Ahora, en la actualidad, a ciertos artistas que arriesgan en cada uno de sus proyectos, independientemente de que puedan llegar a ser fallidos o no, como pueden ser M. Night Shyamalan o Mel Gibson, les ocurre algo similar, suelen ser muchas veces vapuleados por un sector crítico con argumentos de dudosa consistencia, bajo el humilde punto de vista de quien escribe estas lineas. En el caso de Gibson, es algo ya exagerado, calificando algunas de sus obras como pornográficas, sádicas e incluso antisemitas, sin dar unos argumente suficientemente convincentes y potentes para afirmar premisas tan peligrosas. Seamos serios, y analicemos sus obras como obras de arte que son, podrán gustar más o menos, pero ciertas personas deberían abandonar su idea del Mel Gibson de la prensa amarilla y fijarse más en su lado cineasta, que ciertamente, es asombroso.

Toda lucha territorial ha sido devastadora, cruel y de violencia desmedida, puesto que no veo demasiado lógico que alguien se alarme al ver el nivel de realismo en pantalla (aún en mi opinión siendo mucho más comedido que en La pasión de Cristo) que ofrece el último film de Mel Gibson que, en esta, su cuarta incursión a niveles de realización, repite y prolonga apartados y temáticas similares y recurrentes en sus dos anteriores y excelentes obras.

Apocalypto, supone para su protagonista, una pasión y posterior resurrección, como ocurría en el anterior film del realizador. El camino tortuoso hacia una muerte prácticamente segura es análogo (salvando las distancias) al de Cristo, con las caídas – en este caso sin los abusivos ralentís- , la sed, el hambre, el terror y el miedo a lo desconocido y al sufrimiento.

Porque estamos ante otro film que a pesar de no enmarcarse en el género, contiene muchos elementos de terror y suspense, acentuados con el inteligentísimo uso del sonido.

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Posee escenas majestuosas como la de miles de cadáveres y restos en donde el protagonista deberá atravesar si quiere no ser atrapado, que personalmente no encuentro una búsqueda de la exageración sin sentido en esa escena, o el suspense creado en la secuencia de la pantera, jugando con 3 elementos claros de forma plenamente magistral. Un film sobre el miedo, recordad esa frase del padre al hijo, en una escena absolutamente deudora de “Braveheart” : “No tengas miedo“.

Hablaba anteriormente de resurrección por todo el tramo final del film, la pérdida del miedo, el autoreencuentro, la liberación espiritual. Decir que Gibson también lo muestra de forma visual muy sutilmente, cuando el protagonista tras haber saltado la cascada (todo un absoluto reto paa su personaje), gracias al agua pierde la pintura azul de esclavo y vuelve a ser el que era , es decir, un gran cazador. La confianza y autoestima vuelven a él, todo ello reforzado con sus gritos de liberación, ahora se encuentra en un entorno que conoce y domina, en donde se siente Dios, como un ángel exterminador y que cree poder juzgar a los villanos (sus particulares romanos) como merecen. Un personaje que ha traspasado una barrera, esa cascada representa un cambio, un paso, un salto, el abandonar el rol de presa para reconvertirse en cazador. Ahí perde el miedo alcanzado durante el inicio del film al comprobar como un pueblo (aún pacificamente) conseguia traspasar sus territorios, la facilidad de acceso le aterrorizaba.

Remarcables, a parte de las claras referencias a La pasión de Cristo, tenemos también a 2001: Una odisea del espacio de S. Kubrick, con esa trampa que al accionarse vemos como salta ese hueso hacia el cielo y su posterior caída, todo un simbolismo de la evolución alcanzada por la tribu. Y paradójico es que sirva como algo clave en una de las escenas finales de la pelicula, pues uno de una cultura o tribu superior que masacra pueblos es alcanzado por un trampa de un pequeño pueblo, lo que nos viene a decir que lo más sencillo y simple puede ser a la vez lo más moderno y efectivo.

El film también refleja lo vulnerable de la cotidinidad, las diferencias culturales entre diferentes pueblos, un pueblo dominado por un poder totalitario, corrupto y sangriento capaz de arrasar pueblos sin ningún tipo de culpa. Pero Gibson en ningún momento pretende narrarnos algo sobre esos pueblos, sus culturas y su historia, pues es un film que se centra en la acción, en la aventura y en momentos puramente existencialistas (nos habla de la muerte, del miedo, de la vida o del destino entre otras cosas) y de un trasfondo psicológico magnífico, pueden tirarme piedras si no están de acuerdo con esto, adelante.

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En el final de una civilización hay un nuevo comienzo, y el final del film, permitanme decirlo, es de lo más sutilmente oscuro visto en mucho tiempo. Lo que les espera es más persecuciones, más terror y una lucha constante por sobrevivir.

La forma de dirigir el film por parte de Gibson es salvaje y lirica a la vez, como la historia, dotando a las imagenes de una fuerza colosal y de una emoción que une comercialidad con arte de manera triunfal.

Anteriormente comentaba que el film prolongo algunos temas recurrentes en la filmografía como realizador de Gibson, como pueden ser personajes que se rebelan ante un poder establecido (ingleses, romanos, y en este caso, los mayas) y que alcanzarán una liberación. En el caso de Apocalypto, quizás muchos piensen que de esa, podríamos llamar, extraña trilogía del sufrimiento y la liberación, es la única que tiene un final feliz pues el protagonista por una vez no muere, pero desde mi punto de vista, es tremendamente oscuro ese final abierto y mucho más terrorífico y desesperanzador que en cualquier de sus dos anteriores obras.

Me parece una vergüenza que se la haya ninguneado en los premios importantes en los oscars y te encuentres nominaciones a cosas como la espantosa Pequeña Miss Sunshine, el flojo remake Infiltrados o la pretenciosa Babel. Ya tantas veces se han olvidado del gran cine! que se lo digan a Sam Mendes y su impresionante Camino a la perdición.

Una obra salvaje e hipnótica, con un uso de la luz maravilloso, unas actuaciones tremendamente convincentes y una realización de aupa.


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