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Crítica: “Antes que el diablo sepa que has muerto” (Sidney Lumet, 2007)

beforedevilDentro de la lamentable cartelera española, en contadas ocasiones y gracias a Dios nos encontramos con verdaderas obras maestras como ésta, cintas maravillosas que le hacen a uno reconciliarse con el cine, con el buen cine.

Y es que la última cinta de Sidney Lumet es una autentica lección de cine de principio a fin, como hacía tiempo no se veía y supone una de las obras cumbre (o la obra cumbre con permiso de “12 hombres sin piedad“) del experimentado realizador.

La cinta nos cuenta la desesperación por conseguir dinero fácil de dos hermanos de clase burguesa, Andy, (Philip Seymour Hoffman), un ambicioso hombre de negocios casado con una mujer florero (Marisa Tomei) y adicto a la heroína, y Hank (Ethan Hawke), cuyo sueldo se va casi íntegramente en pagar la pensión de su ex mujer y su hijo, los cuales conspiran para llevar a cabo el atraco perfecto: atracar la joyería de sus padres en Wetchester, Nueva York. Nada de pistolas, nada de violencia, y nada de problemas. Pero cuando su cómplice decide no cumplir las reglas del juego, las cosas no salen como ambos se esperaban y se inicia un carrusel de tragedia, asesinato y culpa.

El film lejos de ser un thriller convencional apuesta por exponer el lado psicológico de sus personajes, por mostrar las entrañas y miserias del ser humano, por presentar una familia rota por pecados capitales tales como la codicia, la ira o la venganza y sobre todo por la forma con la que Lumet nos acerca esas miserias y desgracias de esos personajes, verdaderamente brillante a sus 83 años de edad.

Dichos personajes no se mostrarían tan descarnados de no ser por tan magnas actuaciones de Andy (Philip Seymour Hoffman): un hombre negocios que encuentra en la heroína su evasión a su fracasada vida, que planea un golpe de excesivo riesgo para solucionar sus cuantiosos problemas financieros y para conseguir el ansiado amor de su cansada mujer; Hank (Ethan Hawke): un buen hombre que se ve superado por sus deudas familiares y personales y es arrastrado hacia el abismo por ello, mientras es carcomido por su conciencia; Gina (Marisa Tomei): una mujer cuya relación con Andy es tan pobre y superficial que necesita acostarse con su hermano Hank para sentirse querida o deseada debido a que las circunstancias parecen superarla; y Charles (Albert Finney): un padre destrozado conducido por la venganza y la ira. Todos y cada uno de ellos ofrecen unas actuaciones simplemente sensacionales desde unos monumentales Hoffman, Hawke y Finney hasta una notable Tomei. Disfrutar de el rostro de Finney apesadumbrado, el de Tomei confundida, el de Hawke aterrado o el de Hoffman entre nervioso y tremendamente enrabietado, ya vale la entrada de cine. Hacia mucho tiempo que no se veia a tantos actores juntos en tal estado de gracia. Además, el film, confirma (de nuevo) a P. S.Hoffman como uno de los grandes de su generación, por no decir el más grande.

El film posee multitud de pasajes llenos de fuerza, de intensidad dramática y de virtuosismo narrativo. Desde el minuto 1 (con esa relación sexual entre Andy y Gina sin amor alguno) ya se desprende esa sensación de malestar, como de si las cosas parece que van bien pero no es así, se nota un ambiente con cierto toque turbio, como enrarecido, como de tormenta inminente que irá poco a poco irá volviéndose oscuro y trágico.

El brillante guión Kelly Masterson ayuda a que el film tenga una consistencia a nivel de personajes y trama, logrando que éstos estén perfectamente construidos con multitud de matices. La historia que nos cuenta es como una tragedia griega, pero aunque a primera vista pueda parecer algo simple únicamente destacada por la labor de montaje, nada más lejos de la realidad, pues constituye una radiografía de las miserias del ser humano verdaderamente memorable, con una profundidad y un realismo sobrecogedor.

Y es que decir que la cinta es destacable únicamente por el astuto trabajo en la sala de montaje, es lo mismo que decir que Michael Bay hará algún día un buena película. La cinta no solo es narrativamente colosal sino que además te atrapa con una fuerza trepidante para no soltarte, es como un torrente de emociones, una montaña rusa hacia un mundo corrupto lleno de traición en donde habita la codicia, el desamor, el asesinato, los sueños rotos y la tragedia familiar.

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En cuanto al uso de un montaje acronológico, sinceramente, creo que está mejor llevado que por ejemplo en los films de mi inolvidable amigo Iñarritu en donde se salta de pasado a futuro sin previo aviso y sin ningún dato únicamente para liar al espectador o para ir de falso indie. Cierto es que el montaje hace mucho en la última película de Lumet, pero el uso de flashbacks y flashforwards es un recurso narrativo que se usa bien o se usa mal, y Lumet sabe hacer uso de ello aportando dinanismo a mansalva y personalidad a la cinta, en cambio el citado mexicano Iñarritu abusa en exceso de ello y por esa y otras razones no me gustan nada sus pretenciosas películas .Añadir también que el film de Lumet es de una sensatez y una honradez brutal, es lo que es y punto, no engaña a nadie. Es cine puro sin los artificios ni las paridas de la mitad del cine americano actual. Cine con aroma setentero del bueno, en donde abundan los planos largos y cuidados como la prodigiosa escena de la primera vez que se ve a Hoffman llegar a la casa del traficante para drogarse o la escena que Hawke se marcha del centro comercial tras el atraco frustrado mantiendo en primer plano el rostro aterrorizado del actor. La cinta ha sido rodada en digital y posee un cierto toque de amateurismo o documental que la hace mucho más veraz y de alguna forma sucia y cruda.

Inevitablemente la cinta me recuerda a varios films del género, como “Fargo” no solo por alguna que otra similitud argumental sino también por su sobriedad (uno de los mejores films sobre el peso de la culpa), o a films como “Jackie Brown” o “Reservoir Dogs” (lo que incluye a “Atraco Perfecto” de Kubrick), por contar un atraco desde diferentes puntos de vista, “Tarde de perros” del mismo Lumet por mostrar a personajes “desnudos” superados por las circunstancias o a “Un plan sencillo” de Sam Raimi, por mostrar el tormento interno de la conciencia y por su final trágico tan verdaderamente memorable.

Sobre el final de “Antes que el diablo sepa que has muerto“, lo veo como una antítesis de “Million Dollar Baby“, aunque pueda sonar a priori descabellado. SPOILERS En el film de Eastwood, el personaje encarnado por él mismo “ayuda a morir” al personaje de Hillary Swank en una de las escenas románticas más duras y emotivas de la historia del cine (sin exagerar) y lo hace por amor puro, en cambio en la cinta de Lumet se asesina por venganza y odio, olvidándose del amor pasado. En ambos casos de alguna forma existe un dolor paternal, una pérdida desgarradora, un acto irreversible que cambia la vida de ambos personajes, un camino sin retorno. Pero el movil del asesinato es totalmente diferente. Uno libera a su ser querido del sufrimiento, otro de la culpa. Ambos a su manera hacen justícia. FIN SPOILERS El final en ambas cintas es duro y tan realista como la vida misma y eso en parte las hace tan grandes. Cine sin concesiones.

Un film sobrio y ejemplar que constituye ante todo una radiografía sobre la mezquindad del ser humano. Una absoluta lección de cine y lo único potable en la execrable cartelera española actual. Una obra maestra, no la dejéis escapar.


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