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Crítica: “Agnosia” (Eugenio Mira, 2010)

Decepcionante híbrido:

Agnosia” está ambientada en la Barcelona del siglo XIX y narra la historia de Joana Prats (Bárbara Goenaga), una joven que sufre agnosia, una extraña enfermedad neuropsicológica que afecta a su percepción. Aunque sus ojos y sus oídos están en perfectas condiciones, su mente no interpreta bien los estímulos que recibe a través de ellos.

Única conocedora de un secreto industrial guardado por su padre, será víctima de un siniestro plan urdido para extraerle esa valiosa información aprovechando su confusión sensorial. Durante el complot, dos personajes cercanos a ella jugarán un papel crucial: Carles (Eduardo Noriega), prometido de Joana y mano derecha de su padre, y Vicent (Félix Gómez), un joven e impulsivo criado de la mansión Prats.

Una de las películas más esperadas de este año era sin duda “Agnosia“, por varias razones. Primero porque había verdadero interés en ver el siguiente film de Eugenio Mira tras su interesantísima ópera prima “The birthday“, un rara avis dentro de la cinematografía nacional. Segundo porque la historia podía tener múltiples posibilidades. Tercero, porque tanto las fotografías como el póster y el teaser tenían una estética gótica cojonuda.

Todo apuntaba a que sería una de las cintas más destacables dentro del panorama patrio, pero lamentablemente no ha sido así, y es una lástima porque presupuesto y talento había. El gran problema de la cinta es, a parte de tener una estructura narrativa con constantes saltos en el tiempo que aportan más bien poco, es el hecho de que pase de un género a otro de forma pasmosa, sin posicionarse ni destacar en ninguno, quedándose como un producto híbrido sin demasiada personalidad. Como film de terror no funciona quedándose a medio camino en lo referente al suspense, pero como film romántico que pretende ser, tampoco es creíble ni convence. Por tanto, “Agnosia” se erige como un film totalmente fallido y mal ejecutado (al menos a nivel de historia, ritmo e interés) y eso que tiene prácticamente todos los elementos para ser una gran película de género. Nada que ver con “El bosque” de M. Night Shyamalan, un ejemplo exquisito enorme cine romántico disfrazado de buen cine de terror.

Otra cosa es a nivel formal, en donde Eugenio Mira hace gala de una sobria y brillante puesta en escena que combina elegancia y clasicismo con un acabado sensacional. Destacables resultan también la ambientación de la Barcelona de la época en sus limitados exteriores y los decorados de los interiores (lo que más abunda en el film) y las localizaciones, las cuales han sido muy bien elegidas (ver las del fantástico inicio o los lugares donde se ubica la casa de los Prats) pasando de una primera parte muy industrial a una segunda mucho más oscura y tenebrosa, sin olvidarnos de un decente vestuario por parte de todos los personajes.

La película adolece de un historia de amor sostenible (uno de los triángulos amorosos más inverosímiles que haya visto en bastante tiempo), de un elemento fantástico bien definido y de potenciar el terror que puede provocar una enfermedad tan limitante y dependiente como la “Agnosia” jamás compartiendo la inquietud del personaje femenino con el espectador. No funciona como una mezcla de géneros y el transcurso de la historia que nos cuenta echa a perder todas las ideas interesantes iniciales que se dan cita en ella (el lado fantástico que puede intuirse en trailers o en el inicio del film, se va pronto al garete).

Otro gran hándicap que le veo al segundo film de Mira es la irregularidad en el casting. Nos encontramos a una bien intencionada aunque insustancial y excesivamente inocente Bárbara Goenaga (actriz con encanto especial pero que en esta ocasión no logra transmitir mucha cosa debido a su desdibujado personaje, el cual podría pasar perfectamente por el de una simple ciega), un flojísimo Eduardo Noriega (él solito echa a perder bastantes escenas intimistas, ya que jamás te crees a su personaje en el film. Es el típico reclamo comercial muy al modo Amenábar) y un bastante decente Félix Gómez (sin duda, el personaje más creíble y con más carisma del triángulo amoroso, lo cual tampoco resulta difícil). El resto de actores y actrices tanto españoles como extranjeros están correctos y sus actuaciones no chirrían tanto como la de Noriega. De hecho, los secundarios (en especial Jack Taylor y Martina Gedeck) están a un nivel superior que los protagonistas.

La historia está demasiado sujeta con alfileres y los detalles que unen tramos con otros resultan inverosímiles o requieren de un esfuerzo extra para aceptar sus licencias. Vayamos por partes.

A partir de aquí SPOILERS

Hay cosas que no cuelan en esta película. Vamos a ver. Resulta que el sr Prats confía su secreto industrial a una niña que padece enfermedad pseudo desconocida y en la cual se alteran los sentidos. Primero, aunque no es muy creíble, aceptemos eso como premisa argumental. Segundo, ¿de qué modo la competencia está tan segura de que ella sabe el secreto del invento de su padre como para secuestrarla e incluso llegar a pensar en someterla a la tortura?.

Más cosas, resulta curioso el hecho de que Carles (Eduardo Noriega) crea a pie juntillas todo lo que afirma el médico (un notable Jack Taylor) -el tipo con más cara de sospechoso desde el Tiburón de James Bond casi- de su prometida. Primero recurre a terapias de hipnosis para intentar sanarla (cuando en realidad quiere llegar hasta su subconsciente para obtener el secreto que supuestamente le dio su padre) y luego le dice que su agnosia quizás pueda ser curada si ella se encierra herméticamente en su habitación durante tres días sin estímulo externo alguno (nada de luz, personas ni ruido). Pero bueno, dentro de lo que cabe, podemos aceptarlo, por la impotencia que siente ante una enfermedad incurable y extraña. Pero cogidito con pinzas.

El hecho de que a Joana (Bárbara Goenaga) le cambien de novio y ni se entere es tema de debate. Vale que ambos son similares físicamente, pero esas cosas creo que se notan, a no ser que tengas todas las agnosias disponibles en el mercado. A parte de sus diferencias físicas (faciales, manuales, etc..) está la diferencia del olor, la voz distinta, la altura, la manera de caminar, etcétera. No sé qué tipo de agnosia -a parte de la visual- padecería la protagonista y hasta donde su déficit perceptivo y cognitivo sirve de excusa. Y muchos quizás penséis de que el motivo por el que no le reconoce es la agnosia que padece. Podría ser ya que la agnosia es la interrupción en la capacidad para reconocer estímulos previamente aprendidos o de aprender nuevos estímulos sin haber deficiencia en la alteración de la percepción, lenguaje o intelecto. Pero ella sí que nota que está diferente, nota algo raro pero lo acepta. Mientras estaba viendo el film, lo atribuía a que ella, de alguna forma, sabía en todo momento que ese no era Carles, pero en cambio, sí le hubiera gustado que lo fuese. Era como su Carles ideal. Eso se va al traste minutos más tarde cuando se sorprende de que Noriega no era el que estuvo con ella durante esos tres días, dejando escapar un tipo de triángulo amoroso mucho más complejo y jugoso a la vez que menos quinceañero. Porque eso de que desea una mezcla entre ambos, tampoco es nada nuevo.

En cuanto a la enfermedad, ¿qué aporta a la trama realmente?. Poco, muy poco. Es la coartada para hilar una historia cogida con pinzas. Es casi un MacGuffin, ya que la película casi va más del complot por conseguir el secreto industrial del sr Prats que del terror que pueda dar dicha enfermedad a quien la padece.

FIN SPOILERS

En definitiva, “Agnosia” es un thriller de época con trasfondo científico, plenamente desaprovechado, con buenas intenciones pero a la postre fallido. Su estructura narrativa de constantes saltos en el tiempo aporta más bien poco, unido al hecho de que pase de un género a otro de forma pasmosa sin posicionarse ni destacar en ninguno, lo erigen como un producto híbrido sin demasiada personalidad, ya que no funciona ni como cinta de terror ni como el film romántico que pretende ser. El diseño de producción, la puesta en escena y la fotografía resultan destacables pero no son suficientes para contrarrestar una historia que no se sostiene y cuyo ritmo decae en bastantes ocasiones. Una película carente de alma, sin carisma, con actuaciones irregulares y en definitiva, pretenciosa por su ambición mal ejecutada. Sin embargo, su exquisitez formal y el tenebrismo gótico de algunas secuencias la salvan de la quema más absoluta. Si quieren un documento mucho más centrado en la agnosia que éste, vean la excelente “Más allá del espejo” (Joaquim Jordà, 2006).


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