Clásicos Criticas Drama

Crítica: “A pleno sol” (René Clement, 1960)

plein_soleil¿Realmente la envidia continuada siempre es, y será, sana?. ¿Y por qué no hacerse por pasar por alguien de forma falsa y dejar la existencia mediocre y de don nadie? Eso es lo que pensaría el personaje principal, del film en cuestión, Tom Ripley, encarnado en pantalla, de forma colosal, por Alain Delon.

René Clément en el 60 adaptó la novela de Patricia Highsmith “the talented Mr Ripley” de una forma asombrosa, en un film que mantiene la tensión en el espectador en todo momento, una realización muy cuidada, interpretaciones muy conseguidas y localizaciones reales.

Lo interesante del film, y por extensión de la novela original, es la idea del crimen perfecto, o más bien la idea de adquirir una vida deseada de la única forma posible para un fracasado, enfermo mental aunque genio: engañando no solo a sí mismo sino al resto.

La metamorfosis cumple con creces ese anhelo de querer ser alguien, de desear la vida del otro (en este caso de Phillipe Greenleaf, interpretado por Maurice Ronet), de abandonar esa vida llena de mediocridad y sin nada que contar, a ser, y sobre todo, sentirse, alguien importante. Ser un alguien falso en vez de un don nadie verdadero, eso es a lo que puede acceder, tristemente, Tom Ripley. Y ahí radica el gran acierto del film, en retratar tan bien eso, y sobre todo en el trabajo con los actores, que es, sinceramente sensacional.

Como decía anteriormente, el film nos habla de la envidia, de la dualidad de personalidades (suplantación), del amor y el desamor y sobre todo de los límites, de forma exagerada, claro está, que puede llegar el querer incrementar la propia autoestima.

Ni mucho menos se nos presenta a Tom Ripley como un vencedor en la trama, sino siempre como un fracasado y, a la postre, enfermo mental, el cual recurre al asesinato y al autoengaño en vez de esforzarse en cambiar su vida o su manera de entenderla, en tomar las riendas de su propia existencia.

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Estamos ante uno de los mayores farsantes, y dementes, en cuanto a personajes, que ha dado la historia del cine, el cual, ha tejido un plan casi perfecto para poder salir de su miseria y poder tener una vida deseada sin apenas esfuerzo. Su elevada inteligencia hará el resto. Aunque, no todo en la vida sale como uno desea, y en su juego hay más jugadores y por tanto más trampas. Su reacción ante el peligro no siempre será la más inteligente, por tanto, sabemos que su personaje es capaz de planear de forma sabia y exhaustiva cuando dispone de tiempo y tras un estudio de los posibles problemas a posteri.

Clément realiza el film de forma pulcra, cuidando mucho los detalles, haciendo un análisis visual del proceso de suplantación de una persona, con un tratamiento de los personajes formidables, los cuales están muy bien trabajados. La cinta se aparta de sentimentalismos, de excesos de planos (ver el poco uso de cortes) y contiene un formalismo increíble (ver la escena en donde Ripley deja a Freddy, rodado todo a la altura de las piernas como ya hiciera Hitchcock en el memorable inicio de Extraños en un tren, curiosamente otra adaptación de Highsmith, o también la escena en donde Ripley delante del espejo imita a Phillipe con ese encuadre tan logrado que nos indica visualmente la “doble” personalidad del personaje y su control ante ella), refleja perfectamente el acoso y el miedo interior de Ripley y traslada al espectador a terrenos del género negro pocas veces visto con tanta sobriedad. Recalcar también el tremendo parecido fisico entre Ronet y Delon, que hace, si cabe, más verosimil su transformación/suplantación.

Decir que en este film, a diferencia del remake, no se explora en la orientación sexual de Ripley, dejando de lado todo eso, y se deja como un sentimiento de admiración a la vida de Phillipe, de querer ser como él, en ningún momento, de amarle.

Los fantásticos títulos de crédito que abren el film son fabulosos, con un uso muy inteligente de filtros y tonalidades, los cuales parecen incluso de la talla de los de un genio como Saul Bass.

Las actuaciones son formidables. Maurice Ronet (quizás algunos le recordarán en la maravillosa El fuego fatuo de Louis Malle, o en La mujer infiel de Claude Chabrol), en su papel de Phillipe Greenleaf, representa claramente un viva la vida, un chico bien con dinero para malgastar sin oficio ni beneficio pero con respaldo económico de sus padres. La chulería y el dinamismo de su personaje están muy bien reflejados. El actor volvería a trabajar con Clément años más tarde en La maison sous les arbres.

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Para Marie Laforêt, que interpreta el rol de Marge, A pleno sol supone su debut en el mundo del cine como actriz, tras no producirse en el proyecto fallido de Malle, Liberté. En el film, su actuación es bastante convincente y en algunos tramos destacable, aunque nunca llegando a plantar cara para un duelo interpretativo con ese grande que es Alain Delon. Posteriormente, ha trabajado con realizadores del calibre de Claude Chabrol entre otros.

Billy Kearns encarnó al extravagante amigo de Phillipe, Freddy Miles, personaje bastante secundario, el cual, lo hace estupendamente bien, el poco tiempo que sale. Aunque prefiero la espléndida interpretación de Philip Seymour Hoffman del personaje, en el remake americano.

Pero si hay un nombre propio en este film, lógicamente tras la increíble labor formal de Clément, no es otro que el fabuloso actor francés Alain Delon, un actor un tanto infravalorado por algunas voces críticas aunque el tiempo va dejando en su sitio como uno de los grandes. Su personaje refleja ese envidia, esa baja autoestima, esa enfermedad llamada codicia. Una actuación memorable, en la falsedad de su personaje radica la riqueza. No se pierdan a Delon en obras tan memorables como sus trabajos con Visconti (Rocco y sus hermanos, El gatopardo), Antonioni (El eclipse), Melville (El silencio de un hombre (Le Samouraï), El círculo rojo, Un flic) o con Malle (su episodio en Historias extraordinarias). Volvió a coincidir con Clément en Quelle joie de vivre! y en la internacional ¿Arde París?. Excepcional actor.

Solo decir que en 1999, Anthony Minguella hizo un remake de este film, llamado El talento de Mr Ripley, la cual, a pesar de ser un remake, no era una típica copia, es más, aporta muchas cosas a la trama, cuenta con unas actuaciones de Damon, Law, Paltrow y Seymour Hoffman, increíbles (aunque un tanto basadas en las del film original), y más que empañar la obra de Clément o la novela de Highsmith, en mi opinión, la complementan, y es, sin lugar a dudas, otra excepcional película, con muchísimos aciertos, aunque el film francés, es más sutil que el americano, bajo mi punto de vista.

Un reflejo claro de una metamorfosis como autoengaño. Una joya del thriller europeo y del polar francés.


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