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Crítica: “Pickpocket” (Robert Bresson, 1959)

pick_posterAVISO: Esta crítica puede contener algún SPOILER. Sólo leer si antes se ha visto el film. Visionar un film de Bresson supone sin lugar a dudas un ejercicio exigente para el espectador pero a la postre plenamente satisfactorio y estimulante. El estilo del cineasta no solo se aparta de los convencionalismos del cine tradicional sino que nos hace compartir la experiencia del personaje/modelo, llenando sus imágenes de fisicidad, minimalismo, ausencia de manipulación, sobriedad abrumadora y evitando en todo momento cualquier tipo de teatralidad y de sentimentalismo fácil.

En Pickpocket, se nos describe el mundo interior y psicológico (casi podríamos decir espiritual) de Michel (Martin LaSalle), un personaje absolutamente dostoievskiano y abstracto, el cual busca una ocupación/lugar en el mundo, algo que le apasione de verdad y que le ofrezca un sentimiento de riesgo elevado. Aprenderá progresivamente el oficio de carterista.

Para Michel el robo es una tentación cercano a lo sexual (su mirada denota su éxtasis al cometerlo y el riesgo que conlleva dicha acción), algo que no puede evitar por sus impulsos y que se convierte en una absoluta adicción. Pero dentro de él, existe un lugar para el arrepentimiento, para la vergüenza y para el dolor por dejar una madre medio abandonada. Al robar lo está haciendo contra sus miedos, contra su pereza por realizarse y contribuir a la sociedad de forma positiva, contra su insatisfacción ante la vida y su baja autoestima, contra su madre que le necesita y él no acude casi nunca y contra un amor atípico pero real, para nada platónico. Todo es así por la búsqueda de ese sentimiento de utilidad en la sociedad que le rodea y por sentirse creativo.

La relación amorosa curiosamente parece imposible e incompatible, representado metafóricamente por la verja que separa a ambos personajes en el plano final del film y Bresson nos recalca al inicio del film que ambas almas quizás no se hubieran topado de no ser que Michel no hubiese cogido el camino del delito.

Otra de las características del estilo bressoniano es el uso del sonido en sus films, en Pickpocket la música solo se usa en puntuales ocasiones y el sonido en off, como ya ocurría en films como Un condenado a muerte se ha escapado, es usado de forma magistral. Las escenas de carterismo, ya sea durante la clase magistral o en posteriores robos son de un virtuosismo pocas veces contemplado, incluso las escenas en donde vemos la mano de Michel deslizándose por la gente hacia el bolsillo, como si de una serpiente se tratase, desprenden algo cercano a la sensualidad y un suspense de tintes realmente hitchcockianos.

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El universo psicológico de Michel descrito en el film nos recuerda al de Travis Bickle en la posterior Taxi Driver. Como en el film de Scorsese, nos encontramos ante un ser inteligente pero insatisfecho, con comportamientos extraños, que acude a la delincuencia no por falta de economía sino para buscar el sentido a su vida y sentir el riesgo, y con una relación amorosa bizarra. En ambas se nos describe sus respectivos entrenamientos y su particular forma de “contribuir” a ese mundo que tanto odian y les corroe. Ambos personajes encuentran la paz espiritual y la liberación rebelándose, porque ya no se trata de cometer un delito sino de una adicción al riesgo, una forma de entender la vida y de vivirla.

Taxi Driver no es el único film que a uno le viene a la cabeza tras ver Pickpocket, podemos también ver algunas referencias o similitudes a Psicosis de Alfred Hitchcock, ya que trata de un personaje atormentado y con un gran temor por decepcionar a su exigente madre, en el film de Bresson ocurre lo mismo, Michel no soporta que su madre vea que es un inadaptado y un ser inútil, quiere que le vea ocupado y con dinero en la cartera, aunque para ello deba cometer delitos continuados. También en El silencio de un hombre (Le Samouraï) de Melville vemos conceptos y personajes muy parecidos.

El cine de Bresson también comparte puntos con el neorrealismo italiano, los actores no son profesionales, personajes muchas veces marginales o en situaciones extremas, se filma intentando reflejar la realidad y el uso de la música es prácticamente inexistente, salvo en casos puntuales. Bresson a la vez pide que sus “actores” llamados modelos por él, no actúen, no expresen sentimientos en su rostro, ni tan siquiera con su mirada, quieren que sean simples objetos al servicio de la historia y de la forma. Sus films son muy fisonómicos.

Hay muchos puntos en común entre el film en cuestión y Un condenado a muerte se ha escapado y El proceso de Juana de Arco. Personajes apresados (ya sea en una cárcel nazi, en su pequeña habitación o esperando ser ejecutada), con sus mundos interiores, con cuantiosos dilemas morales, anhelando la libertad (para ser libre y poder vivir, para destacar y no sentirse inútil, la libertad espiritual), cuyas manos son su arma (para escapar de la prisión, para cometer el robo, para rezar) , personajes sufridores con posterior redención, incluso los 3 films se inician rodando una parte de los personajes (ya sean las manos o los pies).

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En la actualidad podemos ver influencias de Bresson en realizadores como los hermanos Dardenne o en el iraní Abbas Kiarostami.

Un cine de sensaciones sobre lo indescriptible, que reivindica el arte puro sin artificios. Y ahí radica la calidad de su obra, en que es un cine que se palpa, paradójicamente emociona y nos sumerge en su mundo, pues todos escapamos de una prisión al ver Un condenado a muerte se ha escapado, robamos y sentimos el riesgo en Pickpocket, sufrimos en El proceso de Juana de Arco o tenemos ese sentimiento de rencor en Mouchette.


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